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-¿Y vos qué fumás?
Le pregunté al dueño de una tabaquería. Me encantan los negocios que venden pipas. Todavía no logré cambiar mi personalidad lo suficiente para ser de esos hombres que fuman habanos, pero lo sigo intentando. En parte, porque me gusta entrar al local, ver todo color madera y oler el aire que se respira ahí dentro. No es a tabaco, ni a puros, ni a humo. Es a antigüedad. A abuelo. A magnate.
-Yo ya no fumo. Un día pude dejar y me subí al tren si pensarlo. Por 45 años fumé tres atados por día. Eso a la larga te mata.
El gordo tenía ganas de hablar. La barba dejada de dos días, blanca, los anteojos colgándole debajo del cuello y la dentadura incompleta. Le faltaban dos dientes de abajo, los marcadores centrales.
-¿Y cómo se deja después de 45 años fumando? ¿Lo obligaron?
-No. Fue acá, en el local. De pronto me di cuenta de que había pasado una hora. Eso no es común. Cuando fumás tanto es uno tras otro. No pasan quince minutos sin que enciendas otro. Pero pasó una hora, de alguna manera, y yo sin fumar. Ahí mismo decidí aprovechar el envión. Fue en ese momento en que tomé la decisión sin saberlo.
-¿Ya no fumás más en casa? -me preguntó mi mujer más tarde.
-Llevo 30 horas sin fumar -le dije, y casi se cae al suelo de la sorpresa.
Pagué y me fui porque tenía que irme. Prefería quedarme.
Parecía el comienzo de una charla de varias horas.
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martes, 5 de junio de 2012
martes, 13 de marzo de 2012
LOS RULEROS PUEDEN ESPERAR
.
Yo dije que cuando hay un incendio
es más fácil encontrar un héroe.
Y lo mismo pasa con el amor.
.
Es más difícil enamorarse en la comodidad.
Hace falta el incendio.
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Ella dijo que para el amor está jubilada.
Pero que no se puso los ruleros.
Todavía.
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Yo dije que cuando hay un incendio
es más fácil encontrar un héroe.
Y lo mismo pasa con el amor.
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Es más difícil enamorarse en la comodidad.
Hace falta el incendio.
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Ella dijo que para el amor está jubilada.
Pero que no se puso los ruleros.
Todavía.
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domingo, 11 de diciembre de 2011
FUMANDO EN EL TRABAJO
Hace años que no trabajo en relación de dependencia. El primer día en la productora, cuando fui a pedir las llaves para que me bajaran a abrir, los vi en el patio interno. Fumando en ronda. Eso me cayó bien. Terminé sumándome a la ronda antes de irme. Fumar porro con el "jefe" el primer día de tabajo es buena señal. O mala. Según quién seas.
La segunda vez que fumamos ya no podíamos hacerlo en ese patiecito porque una vieja los cachó y pidió por favor que no, que el humo se filtraba por debajo de su puerta y le daba ideas raras a su nieto. Entonces fuimos hasta 9 de julio y caminamos tres veces una misma cuadra con pastito y algún que otro vendedor ambulante. Eso fue ayer.
Ayer estaba tenso. Hace tiempo que estoy así: tenso. Apenas me despierto, ya estoy llegando tarde. El día es demasiado chico para mis ambiciones. Eso me hace recorrerlo a cierta velocidad. Y no me gusta la velocidad. Pero ese porro me desenredó. Entendí que me ahogaba en un vaso de agua y que ya estaba grande para eso.
Sucedió un ejercicio agradable: podía pensar en cualquier persona que conociera y enseguida me daba cuenta de todo lo que la quería. Al aprecer estaba rodeado de gente fabulosa. Decidí que si a uno lo juzgaran por sus gustos y alguien tuviera que definirme a través de mis gustos personales (es decir, de personas), estaría muy contento con el resultado. Me encantaría que vean mis amigos para saber quién soy. Pero mis amigos son muchos y seguramente prefieran acortar camino y conocerme directamente. Los días están cada vez más cortos y conviene ahorrar tiempo. Además pueden: yo no soy famoso y resulto bastante accesible. Una lástima.
Hoy, ya desenredado, fumamos dentro de la productora, porque no estaban los vecinos. Tercer porro en dos semanas. Hablamos de fútbol, extrañamente, y yo reconocí que estar en la B era menos sufrimiento que estar agonizando en la A. Tanto partidos sin buen fútbol, me convertieron en derrotista. En aquel entonces creía que hacer un gol era un verdadero milagro. Como si fuera hincha de Platense. Y si el milagro sucedía, pero nos empataban, enseguida estaba seguro de que ya no quedaban esperanzas. Un acontecimiento tan excepcional no podía repetirse dos veces en un mismo día. Y sí, ahora estamos en la B. Pero las cargadas no me inmutan. Siento como si después de años de sufrir a una tía en el hospital (ya se va a morir, ya se va a morir, ya se va a morir), por fin la tía murió. Y es triste, pero así es la vida. Mejor aceptarlo y encontrar la manera de volver a ser felices. Aunque sea en la B.
¡Las cosas que logra la marihuana!
Todo eso pasó en el patiecito. Después me fui al subte y Fede se vino conmigo. El primer día le había visto cara conocida. Al segundo día de vernos me dijo de dónde: iba un año menos a la primaria. Es lógico que él se acuerde de mí más de lo que yo de él: uno, en la escuela, mira para arriba. Igual al fumar en la 9 de julio me volvió la imagen nítida, pulcra, de él a los 11 años con el uniforme de gimnasia. Como si fuera ayer. Éramos los dos de yellow. Había cuatro colores en el colegio, como en Supermatch. Cada una tenía su estrato social: Red era la clase alta, Green la media alta, Yellow la media baja, y Blue los pobres tipos. Una vez al año se hacían las olimpiadas y los Red se llevaban la mayor cantidad de medallas. Me pregunto si hoy, veinte años después, seguirán siendo los ricos. Espero que no.
Cuando caminábamos hacia el subte me contó que esa noche iba a la fiesta de despedida del programa de radio de su amigo, después de diez años en fm la tribu.
-¿Lo hacía por laburo o por hobby?
-Por hacer.
-¿Pero es lo que hace para ganarse la vida?
-No. Lo hace y punto.
-Entonces es un hobby.
-Yo no lo diría tan a la ligera. Implica algo cultural, es algo más intenso que un hobby. Se juega algo ahí. Yo toco en una banda y para mí eso no es un hobby.
-¿No depende un poco del dinero? Si te sostiene, es tu trabajo. Si te da algo extra, una changa. Sino un hobby.
-Hobby no me cierra. No tiene fuerza.
Quedamos en inventar otra palabra para el viernes que viene. No estaba cómodo con decir en voz alta que hacer música era su hobby. Era algo que lo atravesaba. Lo definía. Podía ser hasta más relevante que su trabajo. Nos despedimos, en estación San Martín, justo después de escucharle decir que la crema de la publicidad piensa en la filosofía del asunto: qué es lo que realmente desea la gente, y después te venden el deseo. En forma de zapatillas, autos y otras yerbas. Le dije que mire Mad Men.
Seguí el camino a casa en bondi pensando que Seinfeld no era una serie que trataba sobre nada, como ellos decían, sino que trataba de gente que se negaba a enamorarse por encontrar defectos en las potenciales parejas. Eso, y que la tarjeta sube matará al chancho. Lo supe cuando vinieron a pedir boleto y le dije:
-Uso tarjeta - sin necesidad de mostrársela.
Levanté la vista y vi a una señora con anteojos.
Entonces sucedió todo lo dicho en el post de abajo.
La segunda vez que fumamos ya no podíamos hacerlo en ese patiecito porque una vieja los cachó y pidió por favor que no, que el humo se filtraba por debajo de su puerta y le daba ideas raras a su nieto. Entonces fuimos hasta 9 de julio y caminamos tres veces una misma cuadra con pastito y algún que otro vendedor ambulante. Eso fue ayer.
Ayer estaba tenso. Hace tiempo que estoy así: tenso. Apenas me despierto, ya estoy llegando tarde. El día es demasiado chico para mis ambiciones. Eso me hace recorrerlo a cierta velocidad. Y no me gusta la velocidad. Pero ese porro me desenredó. Entendí que me ahogaba en un vaso de agua y que ya estaba grande para eso.
Sucedió un ejercicio agradable: podía pensar en cualquier persona que conociera y enseguida me daba cuenta de todo lo que la quería. Al aprecer estaba rodeado de gente fabulosa. Decidí que si a uno lo juzgaran por sus gustos y alguien tuviera que definirme a través de mis gustos personales (es decir, de personas), estaría muy contento con el resultado. Me encantaría que vean mis amigos para saber quién soy. Pero mis amigos son muchos y seguramente prefieran acortar camino y conocerme directamente. Los días están cada vez más cortos y conviene ahorrar tiempo. Además pueden: yo no soy famoso y resulto bastante accesible. Una lástima.
Hoy, ya desenredado, fumamos dentro de la productora, porque no estaban los vecinos. Tercer porro en dos semanas. Hablamos de fútbol, extrañamente, y yo reconocí que estar en la B era menos sufrimiento que estar agonizando en la A. Tanto partidos sin buen fútbol, me convertieron en derrotista. En aquel entonces creía que hacer un gol era un verdadero milagro. Como si fuera hincha de Platense. Y si el milagro sucedía, pero nos empataban, enseguida estaba seguro de que ya no quedaban esperanzas. Un acontecimiento tan excepcional no podía repetirse dos veces en un mismo día. Y sí, ahora estamos en la B. Pero las cargadas no me inmutan. Siento como si después de años de sufrir a una tía en el hospital (ya se va a morir, ya se va a morir, ya se va a morir), por fin la tía murió. Y es triste, pero así es la vida. Mejor aceptarlo y encontrar la manera de volver a ser felices. Aunque sea en la B.
¡Las cosas que logra la marihuana!
Todo eso pasó en el patiecito. Después me fui al subte y Fede se vino conmigo. El primer día le había visto cara conocida. Al segundo día de vernos me dijo de dónde: iba un año menos a la primaria. Es lógico que él se acuerde de mí más de lo que yo de él: uno, en la escuela, mira para arriba. Igual al fumar en la 9 de julio me volvió la imagen nítida, pulcra, de él a los 11 años con el uniforme de gimnasia. Como si fuera ayer. Éramos los dos de yellow. Había cuatro colores en el colegio, como en Supermatch. Cada una tenía su estrato social: Red era la clase alta, Green la media alta, Yellow la media baja, y Blue los pobres tipos. Una vez al año se hacían las olimpiadas y los Red se llevaban la mayor cantidad de medallas. Me pregunto si hoy, veinte años después, seguirán siendo los ricos. Espero que no.
Cuando caminábamos hacia el subte me contó que esa noche iba a la fiesta de despedida del programa de radio de su amigo, después de diez años en fm la tribu.
-¿Lo hacía por laburo o por hobby?
-Por hacer.
-¿Pero es lo que hace para ganarse la vida?
-No. Lo hace y punto.
-Entonces es un hobby.
-Yo no lo diría tan a la ligera. Implica algo cultural, es algo más intenso que un hobby. Se juega algo ahí. Yo toco en una banda y para mí eso no es un hobby.
-¿No depende un poco del dinero? Si te sostiene, es tu trabajo. Si te da algo extra, una changa. Sino un hobby.
-Hobby no me cierra. No tiene fuerza.
Quedamos en inventar otra palabra para el viernes que viene. No estaba cómodo con decir en voz alta que hacer música era su hobby. Era algo que lo atravesaba. Lo definía. Podía ser hasta más relevante que su trabajo. Nos despedimos, en estación San Martín, justo después de escucharle decir que la crema de la publicidad piensa en la filosofía del asunto: qué es lo que realmente desea la gente, y después te venden el deseo. En forma de zapatillas, autos y otras yerbas. Le dije que mire Mad Men.
Seguí el camino a casa en bondi pensando que Seinfeld no era una serie que trataba sobre nada, como ellos decían, sino que trataba de gente que se negaba a enamorarse por encontrar defectos en las potenciales parejas. Eso, y que la tarjeta sube matará al chancho. Lo supe cuando vinieron a pedir boleto y le dije:
-Uso tarjeta - sin necesidad de mostrársela.
Levanté la vista y vi a una señora con anteojos.
Entonces sucedió todo lo dicho en el post de abajo.
lunes, 5 de diciembre de 2011
NUESTRA PRIMERA VEZ
Levanté la vista y vi a una señora con anteojos. Me paré para darle el asiento. Estaba adelante y cualquier señora con anteojos y más de tres arrugas merece ese lugar más que yo. También por ansioso. Quería estar parado, ya que solo faltaban siete paradas para la mía.
-Es por vieja o tengo cara de cansada? - me pregunto al aceptar el gesto.
-Tengo ganas de esta parado. No tiene nada que ver con vos -le dije.
Se sentó y le preguntó a la señora que estaba a su lado:
-Usted cree que es por vieja o por cansada?
Se pusieron a hablar como dos viejas del vecindario. No llegaba a escuchar, pero me dio alegría vivir en una ciudad donde uno puede sentarse y hablar con el de al lado de cualquier cosa sin mayores introducciones. Podemos dialogar entre desconocidos sin que resulte un acontecimiento histórico.
Entonces lo vimos. Por primera vez. El paso a nivel de Monroe, recién inaugurado, hambriento, listo para deglutirnos. Creo que solté un gritito.
-Qué emoción, es mi primera vez -le dije a una médica parada a mi lado, a punto de tocar timbre.
-La mía también -confesó-, me muero de ganas.
-Hace como cinco años que lo están haciendo.
-Al fin este hijo de puta hace algo -dijo una cuarentona con pelo fuxia sentada cerca nuestro.
-No, es desde hace un año nomás. Empezaron en diciembre pasado -dijo otra señora. Macrista, suponemos.
Empezamos el descenso. Me sentí como un niño ante la bajada de la montaña rusa.
-Debe ser la primera vez de todos nosotros -dije, pensando que era cierto.
Repasé las caras y nos vi a todos contentos. De ahora en más, nuestra vida será más sencilla.
Pasamos por el túnel con los ojos bien abiertos, observando las menecitas y al muchacho que nos miraba desde arriba, como un muñeco del tren fantasma. Lo disfrutamos enormemente. Algunos reíamos.
Al pasar se bajó la médica.
A las tres paradas me bajé yo.
No necesito recordar a nadie de ese viaje, pero me gusta pensar que todavía están allá afuera, que son parte de mi ciudad.
-Es por vieja o tengo cara de cansada? - me pregunto al aceptar el gesto.
-Tengo ganas de esta parado. No tiene nada que ver con vos -le dije.
Se sentó y le preguntó a la señora que estaba a su lado:
-Usted cree que es por vieja o por cansada?
Se pusieron a hablar como dos viejas del vecindario. No llegaba a escuchar, pero me dio alegría vivir en una ciudad donde uno puede sentarse y hablar con el de al lado de cualquier cosa sin mayores introducciones. Podemos dialogar entre desconocidos sin que resulte un acontecimiento histórico.
Entonces lo vimos. Por primera vez. El paso a nivel de Monroe, recién inaugurado, hambriento, listo para deglutirnos. Creo que solté un gritito.
-Qué emoción, es mi primera vez -le dije a una médica parada a mi lado, a punto de tocar timbre.
-La mía también -confesó-, me muero de ganas.
-Hace como cinco años que lo están haciendo.
-Al fin este hijo de puta hace algo -dijo una cuarentona con pelo fuxia sentada cerca nuestro.
-No, es desde hace un año nomás. Empezaron en diciembre pasado -dijo otra señora. Macrista, suponemos.
Empezamos el descenso. Me sentí como un niño ante la bajada de la montaña rusa.
-Debe ser la primera vez de todos nosotros -dije, pensando que era cierto.
Repasé las caras y nos vi a todos contentos. De ahora en más, nuestra vida será más sencilla.
Pasamos por el túnel con los ojos bien abiertos, observando las menecitas y al muchacho que nos miraba desde arriba, como un muñeco del tren fantasma. Lo disfrutamos enormemente. Algunos reíamos.
Al pasar se bajó la médica.
A las tres paradas me bajé yo.
No necesito recordar a nadie de ese viaje, pero me gusta pensar que todavía están allá afuera, que son parte de mi ciudad.
miércoles, 2 de noviembre de 2011
VIEJA DE MENTE
La lavandera me cae bien, porque sabe mi nombre.
Lo supo casi antes de que se lo dijera.
-Hola Fernando, acá tenés tu ropa.
Dijo la primera vez que fui su cliente.
Y yo no recordaba haberle dicho mi nombre.
Ella tiene la cara de una tortuga bien vieja,
con la peluca recortada de Marta Minujín.
Y tiene un gato gris que parece disecado.
Pero se mueve.
Y maúlla cuando lo acariciás.
Yo creo que es un gato androide.
Un gatobot.
Me da miedo, un poco,
pero lo acaricio igual.
El otro día fui con Cecilia,
y mientras ella decía Hola Fernando,
yo le susurré que le preguntara el nombre.
Siempre me costó preguntarle el nombre
a alguien que sabe el mío.
Ella hizo caso y la lavandera le dijo
que el gato se llamaba Rómulo.
Cuando nos fuimos le dije a Cecilia
que no me había entendido bien.
Hoy al mediodía fui a buscar mi ropa.
-Hola Fernando.
-Hola.
Al menos la saludé sonriendo.
Ella me alcanzó la bolsa,
y al buscar el cambio,
soltó un suspiro:
-Ay, Dios.
-¿Cómo Ay Dios?
-Sí, estoy cansada.
-El Ay Dios hay que guardarlo para más adelante.
-¿Por qué? yo estoy cansada ahora.
-Pero recién es el mediodía. No se pueden gastar los Ay Dios así como así. Hay que guardarlos para las ocho de la noche.
-Vos los usarás a esa hora recién, yo soy una vieja.
-Sos vieja de mente, si elegís verte así.
-Soy vieja demente, Fernando.
Eso lo dijo cuando ya me estaba yendo,
con la bolsa a cuestas,
cruzando la calle,
sin saber su nombre.
Lo supo casi antes de que se lo dijera.
-Hola Fernando, acá tenés tu ropa.
Dijo la primera vez que fui su cliente.
Y yo no recordaba haberle dicho mi nombre.
Ella tiene la cara de una tortuga bien vieja,
con la peluca recortada de Marta Minujín.
Y tiene un gato gris que parece disecado.
Pero se mueve.
Y maúlla cuando lo acariciás.
Yo creo que es un gato androide.
Un gatobot.
Me da miedo, un poco,
pero lo acaricio igual.
El otro día fui con Cecilia,
y mientras ella decía Hola Fernando,
yo le susurré que le preguntara el nombre.
Siempre me costó preguntarle el nombre
a alguien que sabe el mío.
Ella hizo caso y la lavandera le dijo
que el gato se llamaba Rómulo.
Cuando nos fuimos le dije a Cecilia
que no me había entendido bien.
Hoy al mediodía fui a buscar mi ropa.
-Hola Fernando.
-Hola.
Al menos la saludé sonriendo.
Ella me alcanzó la bolsa,
y al buscar el cambio,
soltó un suspiro:
-Ay, Dios.
-¿Cómo Ay Dios?
-Sí, estoy cansada.
-El Ay Dios hay que guardarlo para más adelante.
-¿Por qué? yo estoy cansada ahora.
-Pero recién es el mediodía. No se pueden gastar los Ay Dios así como así. Hay que guardarlos para las ocho de la noche.
-Vos los usarás a esa hora recién, yo soy una vieja.
-Sos vieja de mente, si elegís verte así.
-Soy vieja demente, Fernando.
Eso lo dijo cuando ya me estaba yendo,
con la bolsa a cuestas,
cruzando la calle,
sin saber su nombre.
miércoles, 26 de octubre de 2011
COSAS QUE TE CUENTO PARA QUE SUEÑES
Cerrá los ojos. Yo no voy a abrir los míos.
Te voy a contar la antesala de mi sueño,
para que soñemos lo mismo.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
Un aguaviva violeta.
Baila en el océano.
.
.
Son varias.
Todas llevan pollera.
Con voladitos rosas.
Que se inflan y desinflan.
Mientras bailan para arriba.
Como Marilyn Monroe.
.
.
.
Bailan las aguas vivas violetas en pollera.
Son feas, pero a ellas no les importa.
Por qué son feas me preguntás?
Sus cabezas son muy grandes,
y las polleras muy pequeñas.
Están desproporcionadas.
Pero ellas bailan.
.
.
Hay peces que pasan por abajo.
Y les miran las polleras.
Cuando se inflan les ven todo.
Saben que son feas.
Pero las miran.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
Un calamar gigante.
No quiere trabajar.
.
.
.
Flota en las profundidades.
Flota solo y estira los brazos.
Como desperezándose.
Todo alrededor es azul.
Oscuro.
.
.
Es un calamar gigante.
Y vago.
.
.
Ya no quiere atacar a los barcos.
Ni recibir las astillas de los arpones
que les arrojan los marineros.
Desesperados.
.
.
.
Él solo flota en las profundidades.
Y canta adentro de su cabeza.
De calamar.
.
.
.
Sin saber
que los otros calamares
GIGANTES
no lo soportan.
Y se quejan de él.
Y traman contra él.
Que flota desprevenido.
Cantando por adentro.
.
.
Todos debemos trabajar.
Y atacar a los barcos.
Para que los hombres
tengan miedo
de bajar a las profundidades.
Ellos no deben saber el secreto
que guardamos en el fondo.
.
.
Todos debemos trabajar.
Para guardar el secreto.
Es nuestro deber.
Como Calamares Gigantes.
Él también.
.
.
Pero él sigue flotando.
Desinteresado y desprevenido.
Hasta que siente los golpes.
Que generan los tajos.
Y se hunde profundo.
Hacia lo oscuro.
Dejando en el camino
un reguero de tinta,
como sangre negra.
.
.
Con fuerzas aprovecha,
y escribe el secreto
con su tinta sangre
para que otros peces
lo lean y comenten
mientras él se hunde
y se hunde.
.
.
Pero los Calamares Gigantes
atraviesan su trayecto
borroneando su mensaje
que permanecerá oculto
por los tiempos de los tiempos.
.
.
.
.
.
.
.
Ellos lo acompañan
hasta que toque el piso
del océano.
Cumpliendo su trabajo.
.
.
.
.
.
Pluc!
Te voy a contar la antesala de mi sueño,
para que soñemos lo mismo.
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Un aguaviva violeta.
Baila en el océano.
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Son varias.
Todas llevan pollera.
Con voladitos rosas.
Que se inflan y desinflan.
Mientras bailan para arriba.
Como Marilyn Monroe.
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Bailan las aguas vivas violetas en pollera.
Son feas, pero a ellas no les importa.
Por qué son feas me preguntás?
Sus cabezas son muy grandes,
y las polleras muy pequeñas.
Están desproporcionadas.
Pero ellas bailan.
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Hay peces que pasan por abajo.
Y les miran las polleras.
Cuando se inflan les ven todo.
Saben que son feas.
Pero las miran.
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Un calamar gigante.
No quiere trabajar.
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Flota en las profundidades.
Flota solo y estira los brazos.
Como desperezándose.
Todo alrededor es azul.
Oscuro.
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Es un calamar gigante.
Y vago.
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Ya no quiere atacar a los barcos.
Ni recibir las astillas de los arpones
que les arrojan los marineros.
Desesperados.
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Él solo flota en las profundidades.
Y canta adentro de su cabeza.
De calamar.
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Sin saber
que los otros calamares
GIGANTES
no lo soportan.
Y se quejan de él.
Y traman contra él.
Que flota desprevenido.
Cantando por adentro.
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Todos debemos trabajar.
Y atacar a los barcos.
Para que los hombres
tengan miedo
de bajar a las profundidades.
Ellos no deben saber el secreto
que guardamos en el fondo.
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.
Todos debemos trabajar.
Para guardar el secreto.
Es nuestro deber.
Como Calamares Gigantes.
Él también.
.
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Pero él sigue flotando.
Desinteresado y desprevenido.
Hasta que siente los golpes.
Que generan los tajos.
Y se hunde profundo.
Hacia lo oscuro.
Dejando en el camino
un reguero de tinta,
como sangre negra.
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Con fuerzas aprovecha,
y escribe el secreto
con su tinta sangre
para que otros peces
lo lean y comenten
mientras él se hunde
y se hunde.
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Pero los Calamares Gigantes
atraviesan su trayecto
borroneando su mensaje
que permanecerá oculto
por los tiempos de los tiempos.
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Ellos lo acompañan
hasta que toque el piso
del océano.
Cumpliendo su trabajo.
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Pluc!
lunes, 25 de julio de 2011
TODO CAMBIA
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La realidad es que a las mujeres
las buscan más que a los hombres.
Dijo ella.
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La realidad cambia a los 35.
Dijo él.
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La realidad es que a las mujeres
las buscan más que a los hombres.
Dijo ella.
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La realidad cambia a los 35.
Dijo él.
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sábado, 4 de junio de 2011
Y MIS OJOS SE HUMEDECIERON
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Me dijo: Sabés más de lo que pensás.
Y al decirlo, eso dejó de ser cierto.
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Proximamente, cuando tenga tiempo,
posts más largos y menos egocéntricos.
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Me dijo: Sabés más de lo que pensás.
Y al decirlo, eso dejó de ser cierto.
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Proximamente, cuando tenga tiempo,
posts más largos y menos egocéntricos.
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jueves, 7 de abril de 2011
lunes, 14 de febrero de 2011
LA PATATA FLOTANTE
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Ayer volvía hacia mi casa en bici después de medianoche
y a las dos cuadras la vi. Como nunca. Y me detuve.
Era una patata iluminada desde adentro. Tan cerca.
En el medio de la Avenida Cabildo, flotando,
a la altura de los edificios petisos.
.
Me reí solo.
Traté de buscar un cómplice,
una señora que pasara por la calle,
el conductor del automovil vecino,
un perro callejero con sensibilidad exacerbada,
pero no.
Nadie.
.
Todavía no podía creer que esa era la luna.
Nunca había visto a la luna de esa manera.
Amarilla, a medio hacer, redondeada, inclinada,
con todo su contorno a la vista, y sus pozos,
viniendo hacia nosotros, tan cerca, tan patata.
Pasaron tres semáforos y seguía sin saber qué hacer.
Volví.
.
Llegué al Matienzo e insistí para que salieran.
Fui con la Joan Gasper hasta cruzar la avenida y la vimos.
-Esa no es la luna, es un cartel publicitario -dijo.
-¿Flotando en medio de la calle? ¿Con forma de papa?
Es como si los edificios de veredas opuestas la tuvieran entre ceja y ceja. Nunca la vi a esa altura. Nunca la vi tan cerca.
-Pues que esa no es la luna y ya. Es otra cosa.
.
La dejé ahí mismo esperando con su vaso de cerveza y mi bicicleta.
Fui a buscar más testigos. Facu y su amigo se vinieron conmigo.
Cuando llegamos se veía menos. Se había corrido hacia la derecha.
Ahora la tapaba un edificio.
.
Tomé mi bici y salí a buscarla.
Llegué a las dos cuadras y seguía escondiéndose.
Cada vez más.
Cuanto más pedaleaba, más se veía tan solo el resplandor,
su estela cotra un edificio, su sombra hecha luz.
No la vi más.
.
Pedealée las treinta cuadras mirando hacia arriba.
Buscándola. Sea lo que sea que haya sido.
Había visto una película con extraterrestres. Ok.
Pero yo la vi. ¿Alguien más la vio así?
¿Me la tengo que llevar conmigo para siempre?
A veces, compartir es fundamental.
.
Llegué a mi nueva casa y subí a la terraza.
Recorrí las cuatro esquinas del edificio.
Subí una segunda escalera, de fierro, pegada a la pared,
que lleva hasta los tanques de agua.
Desde ahí, me quedé contemplando a la ciudad toda.
Iluminada, estrellada, edificada, completa.
Sin luna.
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No se qué fue lo que pasó,
pero al menos encontré el lugar
desde donde veré mi ciudad
desde ahora en adelante
en noches así.
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Para sentirla mía,
aferrado a una escalera.
Para sentime parte,
con el viento en la remera.
Pensando en una luna,
que fue solo mía.
Y que solo ella sabe,
de quién más será.
Ayer volvía hacia mi casa en bici después de medianoche
y a las dos cuadras la vi. Como nunca. Y me detuve.
Era una patata iluminada desde adentro. Tan cerca.
En el medio de la Avenida Cabildo, flotando,
a la altura de los edificios petisos.
.
Me reí solo.
Traté de buscar un cómplice,
una señora que pasara por la calle,
el conductor del automovil vecino,
un perro callejero con sensibilidad exacerbada,
pero no.
Nadie.
.
Todavía no podía creer que esa era la luna.
Nunca había visto a la luna de esa manera.
Amarilla, a medio hacer, redondeada, inclinada,
con todo su contorno a la vista, y sus pozos,
viniendo hacia nosotros, tan cerca, tan patata.
Pasaron tres semáforos y seguía sin saber qué hacer.
Volví.
.
Llegué al Matienzo e insistí para que salieran.
Fui con la Joan Gasper hasta cruzar la avenida y la vimos.
-Esa no es la luna, es un cartel publicitario -dijo.
-¿Flotando en medio de la calle? ¿Con forma de papa?
Es como si los edificios de veredas opuestas la tuvieran entre ceja y ceja. Nunca la vi a esa altura. Nunca la vi tan cerca.
-Pues que esa no es la luna y ya. Es otra cosa.
.
La dejé ahí mismo esperando con su vaso de cerveza y mi bicicleta.
Fui a buscar más testigos. Facu y su amigo se vinieron conmigo.
Cuando llegamos se veía menos. Se había corrido hacia la derecha.
Ahora la tapaba un edificio.
.
Tomé mi bici y salí a buscarla.
Llegué a las dos cuadras y seguía escondiéndose.
Cada vez más.
Cuanto más pedaleaba, más se veía tan solo el resplandor,
su estela cotra un edificio, su sombra hecha luz.
No la vi más.
.
Pedealée las treinta cuadras mirando hacia arriba.
Buscándola. Sea lo que sea que haya sido.
Había visto una película con extraterrestres. Ok.
Pero yo la vi. ¿Alguien más la vio así?
¿Me la tengo que llevar conmigo para siempre?
A veces, compartir es fundamental.
.
Llegué a mi nueva casa y subí a la terraza.
Recorrí las cuatro esquinas del edificio.
Subí una segunda escalera, de fierro, pegada a la pared,
que lleva hasta los tanques de agua.
Desde ahí, me quedé contemplando a la ciudad toda.
Iluminada, estrellada, edificada, completa.
Sin luna.
.
No se qué fue lo que pasó,
pero al menos encontré el lugar
desde donde veré mi ciudad
desde ahora en adelante
en noches así.
.
Para sentirla mía,
aferrado a una escalera.
Para sentime parte,
con el viento en la remera.
Pensando en una luna,
que fue solo mía.
Y que solo ella sabe,
de quién más será.
viernes, 14 de enero de 2011
MUERTE A FIBERTEL
Hola quiero solicitar la baja del servicio.
Nombre: Fernando XXXXXXXX
Nº de cliente: XXXXXXXX
Motivo de la baja:
Hace una semana estoy sin internet.
No se si les avisaron, pero su servicio de atención al cliente es pésimo. Quizás sea porque atan de lengua a sus empleados negándoles las respuestas correctas.
En principio intenté contenerme, ya que siento lástima por la gente que cobra dinero por recibir insultos. Tengo empatía, es una de mis debilidades. A pesar de ser cómplices, los compadezco y les agradezco por no hacer algo más satisfactorio para ganar dinero, como robarle a ancianos.
Al cuarto día ya no pude contenerme y me descargué con una telefonista que tomó con algo de desgano mi malhumor. A sabiendas de que no podía insultarme ni cortar el teléfono le expliqué las razones por las que preferiría ofrecer agrandar un combo antes que hacer su trabajo.
Una de ellas era la teoría de que exponerse a tanta energía negativa por el tiempo suficiente probablemente le genere algún tipo de cáncer en futuro próximo.
También fantaseé las terribles condiciones de su vida personal que la habrían llevado a tomar semejante trabajo y sostenerlo.
Al quinto día sentí culpa.
Pero el odio persistía.
Seis días sin internet.
En este momento los detesto.
Desearía que desaparezcan y explote la compañía sin que mueran inocentes.
Solo los directivos.
Creo que nunca antes fui adicto a algo tanto como lo soy hoy a internet.
Ustedes me hicieron ver mi problema como si fueran una confrontación.
Y no son mis familiares.
Ahora tengo que convivir con la culpa de no tener ganas de solucionar mi adicción.
Ya no puedo sentirme mejor que los borrachos y adictos al juego.
Soy víctima de mi generación.
Y los detesto.
Septimo día sin internet.
Hoy soy mas Kirchnerista por culpa de ustedes.
Muerte a su primo Clarín, por ser familiares.
Hasta nunca.
Cariños
Fer
Nombre: Fernando XXXXXXXX
Nº de cliente: XXXXXXXX
Motivo de la baja:
Hace una semana estoy sin internet.
No se si les avisaron, pero su servicio de atención al cliente es pésimo. Quizás sea porque atan de lengua a sus empleados negándoles las respuestas correctas.
En principio intenté contenerme, ya que siento lástima por la gente que cobra dinero por recibir insultos. Tengo empatía, es una de mis debilidades. A pesar de ser cómplices, los compadezco y les agradezco por no hacer algo más satisfactorio para ganar dinero, como robarle a ancianos.
Al cuarto día ya no pude contenerme y me descargué con una telefonista que tomó con algo de desgano mi malhumor. A sabiendas de que no podía insultarme ni cortar el teléfono le expliqué las razones por las que preferiría ofrecer agrandar un combo antes que hacer su trabajo.
Una de ellas era la teoría de que exponerse a tanta energía negativa por el tiempo suficiente probablemente le genere algún tipo de cáncer en futuro próximo.
También fantaseé las terribles condiciones de su vida personal que la habrían llevado a tomar semejante trabajo y sostenerlo.
Al quinto día sentí culpa.
Pero el odio persistía.
Seis días sin internet.
En este momento los detesto.
Desearía que desaparezcan y explote la compañía sin que mueran inocentes.
Solo los directivos.
Creo que nunca antes fui adicto a algo tanto como lo soy hoy a internet.
Ustedes me hicieron ver mi problema como si fueran una confrontación.
Y no son mis familiares.
Ahora tengo que convivir con la culpa de no tener ganas de solucionar mi adicción.
Ya no puedo sentirme mejor que los borrachos y adictos al juego.
Soy víctima de mi generación.
Y los detesto.
Septimo día sin internet.
Hoy soy mas Kirchnerista por culpa de ustedes.
Muerte a su primo Clarín, por ser familiares.
Hasta nunca.
Cariños
Fer
miércoles, 29 de septiembre de 2010
RINGO PHONE HOME
.
Jugabamos al Quién es quién subjetivo con personajes cinematográficos.
Habíamos perdido los dos:
Él no adivinó porque pensó que Indiana Jones desearía tener un hijo en algún momento de su vida y yo, al ponerme entre la espada y la pared, opiné que no.
Yo no adiviné porque disentimos en algo dudoso en cuanto a Julia Roberts en Mujer Bonita. No recuerdo si fue cuando respondió que jugaría bien al fútbol, que no sabría coimear o que, de aprender karate, sólo lo usaría en defensa personal y nunca para atacar a seres indefensos.
Empezamos la revancha. Mi primera prengunta fue:
-Si fuera uno de los Beatles, ¿cuál sería?
-Y... -se río, sin dudarlo -... Ringo.
Apenas lo vi me empecé a reír. Él se río conmigo un rato largo.
Tenía todos los personajes, pero arriesgué igual:
-¡E.T!
-Era obvio.
Todavía me estoy riendo.
Jugabamos al Quién es quién subjetivo con personajes cinematográficos.
Habíamos perdido los dos:
Él no adivinó porque pensó que Indiana Jones desearía tener un hijo en algún momento de su vida y yo, al ponerme entre la espada y la pared, opiné que no.
Yo no adiviné porque disentimos en algo dudoso en cuanto a Julia Roberts en Mujer Bonita. No recuerdo si fue cuando respondió que jugaría bien al fútbol, que no sabría coimear o que, de aprender karate, sólo lo usaría en defensa personal y nunca para atacar a seres indefensos.
Empezamos la revancha. Mi primera prengunta fue:
-Si fuera uno de los Beatles, ¿cuál sería?
-Y... -se río, sin dudarlo -... Ringo.
Apenas lo vi me empecé a reír. Él se río conmigo un rato largo.
Tenía todos los personajes, pero arriesgué igual:
-¡E.T!
-Era obvio.
Todavía me estoy riendo.
domingo, 26 de septiembre de 2010
CANALIZANDO POR OTRO LADO
.
En breve, debido a la ley de medios, se realizará
un reordenamiento de la grilla de programación
haciendose efectivos los siguientes cambios:
1-El 4 será para C5N.
7-El 7 para Canal 26.
5-El 8 para CN23.
2-El 11 para Canal 7.
9-El 12 para El Trece.
4-El 13 para Canal 9.
Están tratando de confundirnos,
pero para qué veamos qué canal?
Por suerte yo ya no veo tele.
Solía pensar que la gente que decía eso era snob.
Ahora me parece sensato.
.
En breve, debido a la ley de medios, se realizará
un reordenamiento de la grilla de programación
haciendose efectivos los siguientes cambios:
1-El 4 será para C5N.
7-El 7 para Canal 26.
5-El 8 para CN23.
2-El 11 para Canal 7.
9-El 12 para El Trece.
4-El 13 para Canal 9.
Están tratando de confundirnos,
pero para qué veamos qué canal?
Por suerte yo ya no veo tele.
Solía pensar que la gente que decía eso era snob.
Ahora me parece sensato.
.
sábado, 18 de septiembre de 2010
LA LOCA DEL EDIFICIO
Todos tenemos una loca en el edificio. Así como en cada cuadra de barrio hay un ciego, un borracho, la vieja gagá de la casa que parece abandonada. Y así. Pero los que viven en departamento saben que siempre hay una loca en el edificio. Y una conchuda, que posiblemente es la firmante en la reunión de consorcio, pero esa es otra historia.
En mi edificio se hablaba de la loca en el ascensor:
-¿Viste a la loca? El otro día la vi hablando sola en la cochera.
-¿Cuál es? Porque para mi hay tres que son locas potenciales.
-La rubia.
-¿La rubia alta? Esa no es loca, es conchuda. Nunca me saluda cuando me ve. Y yo la saludo siempre a ver si reacciona. Ni siquiera la vi sonreír.
-Esa es la lesbiana.
-No es lesbiana, la vi con un tipo una vez en la terraza. Pobre tipo.
-Yo digo la rubia platinada.
-Ah, pero esa es loca linda, no peligrosa. A mí siempre me sonríe en la calle.
Recién ahí estuvimos todos de acuerdo. Y cuando alguien dice la loca del edificio ya se nos viene la misma imagen a la cabeza: la piel arrugada y blanca, los dientes verdes torcidos, el pantalón a la altura del ombligo y ese pelo plateado y ondulado peinado atrás bien pegado al cráneo con la colita que lo sostiene.
En la calle siempre que me encuentra me habla como si fuéramos amigos de toda la vida. Es piola la loca. Tiene sentido del humor y vive justo arriba mío. Una vez me comentó de mi peluche gigante de tigre que guardo en el balcón. Está hecho mierda. Se lo había regalado una ex novia a mi hermano y yo lo guardo para darle de jugar al perro cuando me viene a visitar. Pero a ella le gustaba. Lo vi en sus ojos. Esa semana se lo regalé. Es que soy re buen tipo yo. ¿No sabías?
El otro día entré a su casa. Me había olvidado la llave adentro por vigesimotercera vez y esperaba en el hall la llegada salvadora de mi primo con la llave de repuesto para volver a entrar. En jogging, remerita y pantuflas lo esperaba. Cagado de frío. La loca entró al edificio y me trató de loco a mí. Le expliqué y accedió a prestarme un pulovercito. Subimos en el ascensor.
Su monoambiente es idéntico al mío, pero parece más grande. Tiene dos o tres cosas nomás. La heladera blanca, una mesita-escritorio de vidrio con una silla blanca, un silloncito individual de cuero blanco, el guardaropa-perchero a la vista tipo negocio chic. Y la cama. Una diván individual forrado en cuero blanco sin sábana ni frazada a la vista. Hacía juego con las paredes. Blancas. Me dio una sensación como de vampiro. Recibí el pulovercito y vi sus dientes verdes rellenandole la sonrisa. No me di cuenta, pero ese día abrí una puerta entre nosotros.
Ayer cenaba con mi hermana y a las diez de la noche sonó el timbre. Era ella.
-¿Vos tenés llave de abajo? Pero no de abajo de afuera, de abajo de la escalera. Yo al portero, decí que soy buena, pero a veces -me mostró el puño cerrado- porque él dice que se cierra pero yo se que no es así, yo con el encargado ya hace tiempo que pero también en este edificio son todos una cosa, yo te lo digo a vos porque se que hay buena onda, el otro día te presté el sweater y cuántas llaves tenés, la de abajo la tenés, yo tengo esta que es la de casa y esta otra, ya ni se, pero el encargado no tiene razón se cree que soy boluda, es una mierda de tipo ya lo voy a agarrar.
Tuve que echar la cabeza hacia atrás. El olor a whisky era intoxicante. Miré a mi hermana y ella se reía sin entender, no supe qué decirle.
-Yo tengo esta llave y esta. ¿Qué necesitás exactamente?
-No me tratés de boluda. Yo soy vieja pero no soy boluda, y te lo digo de buena onda porque el otro día el sweater y tengo el hijo enfermo pobrecito se parece a vos. Pero el portero no tiene razón, o no? Si la puerta no estaba así antes, qué llave dijiste que tenías? Esa es parecida a ésta, esta otra es de casa, y la otra?
Mi hermana quería verle la cara a la loca.
Fingió buscar algo en la heladera y se dio vuelta para verla.
-Hola querida, amor, mi cielo -le dijo la loca agitando las manos.
Le propuse ir abajo a ver el tema de la puerta. Fuimos, antes volvió a saludar.
-Amu, mami, mimi, saludos que bajo -le dijo asomando la cabeza.
Bajamos un piso por escalera. Miré para atrás con miedo a que haga rataplám y tenga que llamar la ambulancia. Pero llegamos. Abrí la puerta y se quedó zombi.
-¿Cómo hiciste? Vos me estás cargando.
La cerré y la volví a abrir. Ella no lo podía creer. Se sintió como una loca. Abrió la puerta ella misma, tomó carrera y la cerró con tanta fuerza que por el ruidó tuve que mirarme los dedos a ver si los tenía enteros. Fue el susto.
-¿Ves? Se creen que soy boluda. ¿Ves que no abre? -dijo ahora haciendo fuerza para abrir. A la tercera lo logró y quedó perpleja. La cerró con fuerza otra vez, el ruido me golpeó el pecho pero ya estaba preparado. La abrió. La cerró. ¡Caplum! La abrió. La cerró. ¡Plum! La abrió.
Subí la escalera, tengo que hacer, usted entiende. Ella subió detrás mío.
-¿Y ahora dónde estamos? -preguntó al llegar al primer piso.
-Yo voy a cenar con mi hermana, vos estás un piso más arriba.
Me miraba con una expresión indescifrable en silencio.
-¿Vas por la escalera? -le pregunté a ver si reaccionaba.
Agitó el brazo hacia abajo varias veces como quien niega algo con desdén.
-¿Te pensás que soy pelotuda? Pfff.
Se dio vuelta y se fue. Entré a casa y tuvimos que contenernos un rato para que no escuchara las risas.
La loca del edificio ya me conoce. Y yo la conozco a ella. Su hijo enfermo, su casa de muñecas, el alcohol en los dientes verdes. Hay tanta gente triste en la ciudad. Sería mejor no conocerlos. Aunque sepamos que existen, es más fácil no imaginarlos solos, en una silla blanca, tomando de una botella, conversando con la pared.
-Cagaste. Fue por el pulover. Ahora abriste una puerta -dice mi hermana.
En cualquier momento me vuelve a sonar el timbre.
En mi edificio se hablaba de la loca en el ascensor:
-¿Viste a la loca? El otro día la vi hablando sola en la cochera.
-¿Cuál es? Porque para mi hay tres que son locas potenciales.
-La rubia.
-¿La rubia alta? Esa no es loca, es conchuda. Nunca me saluda cuando me ve. Y yo la saludo siempre a ver si reacciona. Ni siquiera la vi sonreír.
-Esa es la lesbiana.
-No es lesbiana, la vi con un tipo una vez en la terraza. Pobre tipo.
-Yo digo la rubia platinada.
-Ah, pero esa es loca linda, no peligrosa. A mí siempre me sonríe en la calle.
Recién ahí estuvimos todos de acuerdo. Y cuando alguien dice la loca del edificio ya se nos viene la misma imagen a la cabeza: la piel arrugada y blanca, los dientes verdes torcidos, el pantalón a la altura del ombligo y ese pelo plateado y ondulado peinado atrás bien pegado al cráneo con la colita que lo sostiene.
En la calle siempre que me encuentra me habla como si fuéramos amigos de toda la vida. Es piola la loca. Tiene sentido del humor y vive justo arriba mío. Una vez me comentó de mi peluche gigante de tigre que guardo en el balcón. Está hecho mierda. Se lo había regalado una ex novia a mi hermano y yo lo guardo para darle de jugar al perro cuando me viene a visitar. Pero a ella le gustaba. Lo vi en sus ojos. Esa semana se lo regalé. Es que soy re buen tipo yo. ¿No sabías?
El otro día entré a su casa. Me había olvidado la llave adentro por vigesimotercera vez y esperaba en el hall la llegada salvadora de mi primo con la llave de repuesto para volver a entrar. En jogging, remerita y pantuflas lo esperaba. Cagado de frío. La loca entró al edificio y me trató de loco a mí. Le expliqué y accedió a prestarme un pulovercito. Subimos en el ascensor.
Su monoambiente es idéntico al mío, pero parece más grande. Tiene dos o tres cosas nomás. La heladera blanca, una mesita-escritorio de vidrio con una silla blanca, un silloncito individual de cuero blanco, el guardaropa-perchero a la vista tipo negocio chic. Y la cama. Una diván individual forrado en cuero blanco sin sábana ni frazada a la vista. Hacía juego con las paredes. Blancas. Me dio una sensación como de vampiro. Recibí el pulovercito y vi sus dientes verdes rellenandole la sonrisa. No me di cuenta, pero ese día abrí una puerta entre nosotros.
Ayer cenaba con mi hermana y a las diez de la noche sonó el timbre. Era ella.
-¿Vos tenés llave de abajo? Pero no de abajo de afuera, de abajo de la escalera. Yo al portero, decí que soy buena, pero a veces -me mostró el puño cerrado- porque él dice que se cierra pero yo se que no es así, yo con el encargado ya hace tiempo que pero también en este edificio son todos una cosa, yo te lo digo a vos porque se que hay buena onda, el otro día te presté el sweater y cuántas llaves tenés, la de abajo la tenés, yo tengo esta que es la de casa y esta otra, ya ni se, pero el encargado no tiene razón se cree que soy boluda, es una mierda de tipo ya lo voy a agarrar.
Tuve que echar la cabeza hacia atrás. El olor a whisky era intoxicante. Miré a mi hermana y ella se reía sin entender, no supe qué decirle.
-Yo tengo esta llave y esta. ¿Qué necesitás exactamente?
-No me tratés de boluda. Yo soy vieja pero no soy boluda, y te lo digo de buena onda porque el otro día el sweater y tengo el hijo enfermo pobrecito se parece a vos. Pero el portero no tiene razón, o no? Si la puerta no estaba así antes, qué llave dijiste que tenías? Esa es parecida a ésta, esta otra es de casa, y la otra?
Mi hermana quería verle la cara a la loca.
Fingió buscar algo en la heladera y se dio vuelta para verla.
-Hola querida, amor, mi cielo -le dijo la loca agitando las manos.
Le propuse ir abajo a ver el tema de la puerta. Fuimos, antes volvió a saludar.
-Amu, mami, mimi, saludos que bajo -le dijo asomando la cabeza.
Bajamos un piso por escalera. Miré para atrás con miedo a que haga rataplám y tenga que llamar la ambulancia. Pero llegamos. Abrí la puerta y se quedó zombi.
-¿Cómo hiciste? Vos me estás cargando.
La cerré y la volví a abrir. Ella no lo podía creer. Se sintió como una loca. Abrió la puerta ella misma, tomó carrera y la cerró con tanta fuerza que por el ruidó tuve que mirarme los dedos a ver si los tenía enteros. Fue el susto.
-¿Ves? Se creen que soy boluda. ¿Ves que no abre? -dijo ahora haciendo fuerza para abrir. A la tercera lo logró y quedó perpleja. La cerró con fuerza otra vez, el ruido me golpeó el pecho pero ya estaba preparado. La abrió. La cerró. ¡Caplum! La abrió. La cerró. ¡Plum! La abrió.
Subí la escalera, tengo que hacer, usted entiende. Ella subió detrás mío.
-¿Y ahora dónde estamos? -preguntó al llegar al primer piso.
-Yo voy a cenar con mi hermana, vos estás un piso más arriba.
Me miraba con una expresión indescifrable en silencio.
-¿Vas por la escalera? -le pregunté a ver si reaccionaba.
Agitó el brazo hacia abajo varias veces como quien niega algo con desdén.
-¿Te pensás que soy pelotuda? Pfff.
Se dio vuelta y se fue. Entré a casa y tuvimos que contenernos un rato para que no escuchara las risas.
La loca del edificio ya me conoce. Y yo la conozco a ella. Su hijo enfermo, su casa de muñecas, el alcohol en los dientes verdes. Hay tanta gente triste en la ciudad. Sería mejor no conocerlos. Aunque sepamos que existen, es más fácil no imaginarlos solos, en una silla blanca, tomando de una botella, conversando con la pared.
-Cagaste. Fue por el pulover. Ahora abriste una puerta -dice mi hermana.
En cualquier momento me vuelve a sonar el timbre.
martes, 14 de septiembre de 2010
LEVI´S TRAUSS
Recorté una nota del Diario La Razón que decía:
El antropologo francés Claude Levi-Strauss, uno de los intelectuales mas destacados del siglo XX, creador de la corriente estructuralista de las ciencias sociales fallecio el sábado a los cien años.
"Reconozco que la idea de pasar a la nada no me agrada, pero tampoco me intranquiliza", opinó alguna vez sobre la muerte: "Estoy convencido de que la vida no tiene sentido, que nada tiene sentido".
Agarré las tijeras pensando en que estaba de acuerdo.
Después me di cuenta: ¿De qué me sirve estar de acuerdo?
Además, tampoco tiene tanto mérito haber inventado los jeans.
El antropologo francés Claude Levi-Strauss, uno de los intelectuales mas destacados del siglo XX, creador de la corriente estructuralista de las ciencias sociales fallecio el sábado a los cien años.
"Reconozco que la idea de pasar a la nada no me agrada, pero tampoco me intranquiliza", opinó alguna vez sobre la muerte: "Estoy convencido de que la vida no tiene sentido, que nada tiene sentido".
Agarré las tijeras pensando en que estaba de acuerdo.
Después me di cuenta: ¿De qué me sirve estar de acuerdo?
Además, tampoco tiene tanto mérito haber inventado los jeans.
martes, 3 de agosto de 2010
UN KOALA ALTO, FLACO Y RUBIO
Tenía cara de Koala. Un Koala alto, flaco y rubio. Lo admito: alto, flaco y rubio no son adjetivos típicos de Koala pero yo asociaba Sudáfrica con los Koalas y el tipo era sudafricano. Además sus orejas era tan grandes que justificaban el apodo. Eran como dos alas a los costados de su cara angosta de nariz grande y ojos pequeñitos. Yo le hablaba en voz baja por si acaso (suponía que tendría una mayor capacidad auditiva) y por estado de ánimo, ya que estaba por tomarme de un trago las asquerosas raíces del San Pedro y pensaba anticiparme al efecto siendo un poco más zen.
Se llamaba Gordon. Dijo que había trabajado en construcción, en un kibutz y en una granja orgánica. Además, tenía inversiones. Era un Koala de mundo: vivió en Brasil, Bolivia, Mozambique, Israel, Inglaterra, Escocia y ahora Perú. Después de su país natal, eligió como segundo hogar a Bolivia. ¿Disculpe Mr.Gordon? Usted es alto, flaco, rubio y habla un pésimo castellano. Bolivia, insistió. Tomó todas las drogas posibles hasta los 34, pero ahora estaba limpio. Tenía 35.
Me contó su viaje de Ayahuaca:
-La planta fue muy gentil conmigo. Vi patterns. Especies de tapices de colores durante cuatro horas. Luego tomé un poco más y pude verme en forma tridimensional. Como si fuera un holograma, conciente de todo mi poder y fuerza. Alrededor mío crecían ríos plateados: eso representaba mi universo personal. Aprendí que soy capaz de crear lo que quiera en mi universo personal. Dentro de mis limitaciones, soy capaz de todo.
A mediados de la noche me senté junto a él en un asiento hecho de tronco de árbol. Yo estaba envuelto en una frazada, a unos metros de la ronda. Ya tenía el San Pedro en el torrente sanguíneo. Gordon había observado todo el proceso desde afuera junto a Dani, mi amigo abstemio, y los diez hijitos de Ricardina, la chola dueña de la cabaña. Tenía un libro grande en la mano –similar al Cosmos de Carl Sagan- y las orejas grandísimas.
-Existen quince dimensiones –explicó-. La primera densidad incluye a la 1 (atómica), la 2 (moléculas y emociones) y la 3 (organismos).
-Ok.
-Esas partículas vibran en una dirección y las de otra dimensión vibran al revés. Se rechazan entre sí como polos magnéticos.
-Ok.
-Uno con su conciencia puede lograr saltar de dimensión. El cuerpo puede quedar en una y la mente en otra. Con la conciencia se puede cambiar hasta el propio ADN.
Mientras explicaba agitaba el libro como si fuera una Biblia. Dani había dejado de prestarle atención apenas escuchó la palabra dimensión; pero yo sentía que este tipo de conversaciones debían tenerse bajo el efecto de los hongos. Aunque no me convencieran en lo más mínimo.
Gordon se agarró los dedos de la mano derecha uno por uno y dijo:
-El dedo chico es la familia y pretender; el del medio es la pasión y la furia; el anular es la unión; el gordo es la mente y el índice el ego.
-¿Y cómo es el tema del racismo en Sudáfrica?
-En Sudáfrica los blancos odian a los negros, que odian a los morenos, que odian a los blancos, que odian a los morenos, que odian a los negros, que odian a los blancos.
-Ok.
Al otro día, con la mente despejada, le saqué una foto. Ahora puedo verlo cuando quiera sin necesidad de escucharlo.
Tiene las orejas enormes.
Y está más loco que una cabra.
O no.
Se llamaba Gordon. Dijo que había trabajado en construcción, en un kibutz y en una granja orgánica. Además, tenía inversiones. Era un Koala de mundo: vivió en Brasil, Bolivia, Mozambique, Israel, Inglaterra, Escocia y ahora Perú. Después de su país natal, eligió como segundo hogar a Bolivia. ¿Disculpe Mr.Gordon? Usted es alto, flaco, rubio y habla un pésimo castellano. Bolivia, insistió. Tomó todas las drogas posibles hasta los 34, pero ahora estaba limpio. Tenía 35.
Me contó su viaje de Ayahuaca:
-La planta fue muy gentil conmigo. Vi patterns. Especies de tapices de colores durante cuatro horas. Luego tomé un poco más y pude verme en forma tridimensional. Como si fuera un holograma, conciente de todo mi poder y fuerza. Alrededor mío crecían ríos plateados: eso representaba mi universo personal. Aprendí que soy capaz de crear lo que quiera en mi universo personal. Dentro de mis limitaciones, soy capaz de todo.
A mediados de la noche me senté junto a él en un asiento hecho de tronco de árbol. Yo estaba envuelto en una frazada, a unos metros de la ronda. Ya tenía el San Pedro en el torrente sanguíneo. Gordon había observado todo el proceso desde afuera junto a Dani, mi amigo abstemio, y los diez hijitos de Ricardina, la chola dueña de la cabaña. Tenía un libro grande en la mano –similar al Cosmos de Carl Sagan- y las orejas grandísimas.
-Existen quince dimensiones –explicó-. La primera densidad incluye a la 1 (atómica), la 2 (moléculas y emociones) y la 3 (organismos).
-Ok.
-Esas partículas vibran en una dirección y las de otra dimensión vibran al revés. Se rechazan entre sí como polos magnéticos.
-Ok.
-Uno con su conciencia puede lograr saltar de dimensión. El cuerpo puede quedar en una y la mente en otra. Con la conciencia se puede cambiar hasta el propio ADN.
Mientras explicaba agitaba el libro como si fuera una Biblia. Dani había dejado de prestarle atención apenas escuchó la palabra dimensión; pero yo sentía que este tipo de conversaciones debían tenerse bajo el efecto de los hongos. Aunque no me convencieran en lo más mínimo.
Gordon se agarró los dedos de la mano derecha uno por uno y dijo:
-El dedo chico es la familia y pretender; el del medio es la pasión y la furia; el anular es la unión; el gordo es la mente y el índice el ego.
-¿Y cómo es el tema del racismo en Sudáfrica?
-En Sudáfrica los blancos odian a los negros, que odian a los morenos, que odian a los blancos, que odian a los morenos, que odian a los negros, que odian a los blancos.
-Ok.
Al otro día, con la mente despejada, le saqué una foto. Ahora puedo verlo cuando quiera sin necesidad de escucharlo.
Tiene las orejas enormes.
Y está más loco que una cabra.
O no.
viernes, 30 de julio de 2010
DIVINO TESORO
.
Miércoles, una y media de la mañana.
Regreso a casa en coletivo repleto.
Al fondo, adolescentes de ambos sexos
parados apretados contentos cantando
una melodía que no recuerdo
con un estribillo pegadizo que decía:
"Si nos organizamos cojemos todos".
Las jovencitas cantaban más fuerte que los muchachos.
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Miércoles, una y media de la mañana.
Regreso a casa en coletivo repleto.
Al fondo, adolescentes de ambos sexos
parados apretados contentos cantando
una melodía que no recuerdo
con un estribillo pegadizo que decía:
"Si nos organizamos cojemos todos".
Las jovencitas cantaban más fuerte que los muchachos.
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jueves, 27 de mayo de 2010
PALOMAS
.
Me asomé al balcón y las vi paraditas sobre el cable.
Dos palomas, una al lado de la otra. Parecían amigas.
Me di vuelta y le pregunté a ella si las palomas se hacen amigas
o no tienen la suficiente inteligencia para elegir amistades.
Ella río. Yo insistí.
Uno siempre ve a palomas en banda.
Pero es tan difícil distinguirlas, o tan absurdo,
que no termina de saberse si son las mismas.
Si a ellas les da lo mismo, o si se prefieren.
Y por eso vuelan juntas a todos lados.
Hasta posarse en el cable de afuera de mi balcón.
Ella río. Yo me quedé mirándola.
Dio un par de vueltas enrollándose como cigarrillo en la sábana.
Me gustaba así, aunque fuéramos distintos.
Ella nunca se haría esas preguntas.
Por eso no duraríamos.
.
Me asomé al balcón y las vi paraditas sobre el cable.
Dos palomas, una al lado de la otra. Parecían amigas.
Me di vuelta y le pregunté a ella si las palomas se hacen amigas
o no tienen la suficiente inteligencia para elegir amistades.
Ella río. Yo insistí.
Uno siempre ve a palomas en banda.
Pero es tan difícil distinguirlas, o tan absurdo,
que no termina de saberse si son las mismas.
Si a ellas les da lo mismo, o si se prefieren.
Y por eso vuelan juntas a todos lados.
Hasta posarse en el cable de afuera de mi balcón.
Ella río. Yo me quedé mirándola.
Dio un par de vueltas enrollándose como cigarrillo en la sábana.
Me gustaba así, aunque fuéramos distintos.
Ella nunca se haría esas preguntas.
Por eso no duraríamos.
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martes, 4 de mayo de 2010
REUNIÓN DE CUASITREINTAÑEROS
Que Mauro empezó de abajo, ya es gerente del gimnasio y coje con bestias pero para noviar elije la chica buena medio pelo.
.
Que Ana no le saca el ojo a la nena ni por un segundo y le dice al padre cómo debe hablar, tocar y mirar a su propia hija. El padre parece tener paciencia. Por ahora.
.
Que Leti es titular en su equipo de hockey y juega contra las leonas, pero sus amigas ya bajaron a segunda y entrenar tres veces por semana de noche bajo la lluvia escuchando a las pendejas hablar de sus noviecitos no es lo mismo.
.
Que Pablo y Sabri casi ni van a la playa aunque la tienen a media cuadra, en Puerto Rico yo podría jugar en primera y allá a los argentinos nos quieren no sé por qué será.
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Que Nati todavía no vendió un cuadro y tiene que ir pensando qué va a hacer.
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Que en Platense un domingo al mediodía el club está copado por los barras que siguen despiertos de la noche anterior, se tiran cascotes, ponen cumbia y toman merluza al borde de la pileta con agua hasta las rodillas.
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Que Ramiro una noche se pasó de rosca y despertó con la novia muerta de sobredosis.
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Y mientras tanto la vida sigue.
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Que Ana no le saca el ojo a la nena ni por un segundo y le dice al padre cómo debe hablar, tocar y mirar a su propia hija. El padre parece tener paciencia. Por ahora.
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Que Leti es titular en su equipo de hockey y juega contra las leonas, pero sus amigas ya bajaron a segunda y entrenar tres veces por semana de noche bajo la lluvia escuchando a las pendejas hablar de sus noviecitos no es lo mismo.
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Que Pablo y Sabri casi ni van a la playa aunque la tienen a media cuadra, en Puerto Rico yo podría jugar en primera y allá a los argentinos nos quieren no sé por qué será.
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Que Nati todavía no vendió un cuadro y tiene que ir pensando qué va a hacer.
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Que en Platense un domingo al mediodía el club está copado por los barras que siguen despiertos de la noche anterior, se tiran cascotes, ponen cumbia y toman merluza al borde de la pileta con agua hasta las rodillas.
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Que Ramiro una noche se pasó de rosca y despertó con la novia muerta de sobredosis.
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Y mientras tanto la vida sigue.
martes, 20 de abril de 2010
FUNERALES
Llego a Tablada y por fin entiendo la definición de cementerio. Mi cementerio de cabecera suele ser el Jardín de Paz. Ahí todo es verde, cuidado y privado. Hay árboles y pajaritos y las lápidas son sutiles. Están hundidas en el pasto, sin sobresalir. Si uno no se acerca a ver, casi que ni se da cuenta de que está en un cementerio. Dan ganas de hacerse un picnic sobre los muertos y todo. Además las calles tienen nombres preciosos. Mamá está enterrada en la esquina de calle destino y esperanza. Tablada es más realista. Ahora doblamos la calle 152 y vamos hacia la 243. Un número más, un número menos. Eso vendríamos a ser. Las lápidas erectas se apoderan del paisaje. Por todos lados cemento. Ahí caí: cementerio. Hoy toca despedir al abuelo de Mati. Este es mi funeral número ocho.
Cuando llegamos tuvimos que esperar unos veinte minutos. Tiempo muerto. Pero cuando arranquemos con la ceremonia también será tiempo muerto. Así que da lo mismo.
-¿Por qué esperamos tanto?
-Están lavando el cuerpo.
Linda imagen nos dejan en la mente. ¿Cómo se vestirán para hacer el trabajo? ¿Usarán mameluco? ¿Al cadaver lo desvisten y vuelven a vestir o todo el trayecto estuvo desnudo en el ataúd para ganar tiempo? Por lo menos no tuvimos que ver el cajón abierto. Los judíos preferimos que la última imagen sea otra. Salteando la imagen mental que nos acaban de generar. Esa no cuenta.
Para borrarnos la imagen del último baño organizamos una charla de café. Aunque no tenemos café. Estamos en un banquito típico de plaza, así que llamémosle charla de banquito. Observando a la abuela esperando sola en el carrito de golfista que la llevará hasta la tumba de su marido resolvemos que por lo general las mujeres sobreviven a sus hombres. ¿Por qué será esto?
1-Los señores suelen tener más edad que sus señoras.
2-Los hombres trabajaron toda su vida, algunas damas no.
3-Las mujeres se mantienen ocupadas hasta el final: ser madre y romper las pelotas son ocupaciones de toda la vida.
Hay que ver si cambia la tendencia cambia cuando nuestra generación termine de degenerarse.
Alguien comenta que nuestro viejo amigo Conejo trabaja en la AMIA y le hizo un descuento importante a la familia de Mati. Cincuenta por ciento de descuento, nada menos. Recuerdo que en el funeral de mi abuela el descuento había sido del 15 por ciento. Refunfuño. Todo mal con Conejo. Tiene preferencias.
-¿Sabés cuánto sale un funeral en Tablada?
-¿Cuánto?
-Banda. Algo así como 36.000 pesos.
Se me ocurre que es otra estrategia más para perpetuar al pueblo judío. Ya amenazan con descartarte si te casás con alguien de otra religión y te obligan a comer la comida preparada especialmente por judíos para asegurar el bienestar económico del clan. Ahora te tocan el bolsillo para arruinarte el último suspiro.
-Estoy tan deprimido que me moriría -se dicen los judíos-, pero no me alcanza la plata. Y se mantienen con vida.
Ahora sí caminamos por calle 152 hacia la 243. Alguien dice que no leámos los nombres de las lápidas, pero es inevitable. Samuel, Jacob, Aída, Shlomo. Los veinte nombres judíos conocidos repetidos por doquier. Y Chicha. ¿Qué hace Chicha acá? No sabía que valía poner apodos en lápida. Nunca vi la tumba de Tito a secas. Se prestaría a la confusión. Aunque la foto ayuda. Muchas lápidas tienen fotos. ¿De qué edad corresponde que sea la foto? Algunos los ponen ya abuelos, pero yo no comparto. Tiene que ser en la plenitud de la vida. ¿Cuándo es eso? Cuando ya estás asentado en lo profesional, conformaste una familia con hijos y supiste mantenerla. Ya lograste lo más difícil en la vida, ahora sólo te queda vivirla. Si alguna vez llego a cumplir ese objetivo, ¡sáquenme una foto! Esa es la sonrisa de mi lápida. Aunque cuando yo muera, las lápidas probablemente ya no tengan fotos, sino hologramas. Ir al cementerio va a ser mucho más alegre. Estoy convencidísimo.
La tumba espera abierta. Hay tierra al costado. Los hombres que bajan el cajón con cuerdas tienen botas de hule y el overol tajeado en la rodilla. No me parece. En mi funeral quiero que todos, incluso ellos, estén de frac.
-Ahora viene la peor parte -dice alguien.
-A menos que seas morboso.
El rabino invita a los familiares a ayudar a enterrar al ser querido. Pasan primero los hijos, toman la pala clavada en la pila de tierra, sacan un buen pilón y lo arrojan al agujero. La tierra golpea contra la madera. El sonido retumba, se siente en el pecho. Pasan otros familiares. El metal de la pala cruje contra el asfalto al juntar tierra. Escalofríos. La tierra cae de golpe. Retumba en el pecho. La secuencia se repite. Algunos prefieren acercarse y tomar un puñado de tierra pequeño para soltarlo con la mano. A eso estoy acostumbrado. El efecto es menos fuerte. Al final el rabino toma la pala y tira cuatro golpes de tierra. Alguien me explica que hay que cubrir el ataúd por completo. El resto lo harán más tarde los hombres de patas de hule. Mejor. Esto ya fue demasiado.
Regresemos al comienzo. Tantas lápidas. Por todos lados. Cada una dice la fecha de inicio y de final. María Goldstein, fall 8 jun 1984. Daniel Finkelstein, fall 14 oct 2001. Siempre fall. Me pregunto si todos murieron en otoño. ¿Será porque es el otoño de la vida? No. Probablemente yo sea demasiado infantil. Es difícil evitarlo. Hay que evadirse de lo que nos rodea. Buscar las tumbas más originales surge como la nueva evasión de lo impuesto. Zapping de lápidas.
Fanny L. de Palma
Gordita querida!!
Tu esposo, hijos y nietos.
(hay que ver si ella los hubiera dejado
escribir eso si seguía con vida)
Josefina Zaidel
Mujer virtuosa que apoyó a su esposo
para obras de solidaridad y ayuda al projimo.
(Esto lo escribió el marido para anotarse
un poroto frente a Dios y la comunidad).
José Lischinsky
Zeide! Papá! Hijo!
(No sabemos si este hombre vivía
de fiesta o era medio sordo).
Más y más lápidas. Pocos epitafios. Casi ninguno. Yo quiero tener un epitafio. Que mi tumba hable por mí. Que diga quién fui en vida. Algo más que cuando nací, cuando me fui y cuántos descendientes tuve. Pero resumirse en una frase no es fácil. Se me ocurre que quienes mejor nos definen son nuestros enemigos. No sé si lo leí en algún lado o si lo acabo de inventar. Igual imagino al Guasón graffiteando la tumba de Batman y me arrepiento. Es demasiado riesgoso.
Muertos. Por todos lados. Con Dani nos imaginamos cómo sería un cementerio chino. Barbaridad de gente enterrada.
-Para ahorrar espacio quizás les convenga enterrar únicamente las cabezas.
-Y que las pongan en una caja con resorte. ¡Sorpresa!
-No tiene por qué ser la cabeza -agrega Rochi-. Puede ser una parte del cuerpo. La más representativa. A un delantero la pierna derecha, a una estrella porno que le entierren la poronga, y así.
-No sé. A mi que me entierren entero, total soy compacto.
-Es verdad, no tiene sentido. Los chinos en general también son compactos.
Volvemos al punto de inicio. Damos los abrazos correspondientes. Nos vamos. Todavía me falta mucho por hacer, pero ya tengo un epitafio posible. Pase lo que pase, creo que me identifica. Y es una de las cosas importantes a lograr en vida. Va a ser genial. Vas a ver. No puedo esperar para verla. Pero mejor sí. Esperemos. Qué apuro hay. Aunque ya estoy poniendo en práctica el epitafio. No soy hipócrita. Siempre fui así. Y lo seguiré siendo. Vas a ver. Simple y directo. Fijate:
Fernando Milsztajn
Se hizo querer.
Cuando llegamos tuvimos que esperar unos veinte minutos. Tiempo muerto. Pero cuando arranquemos con la ceremonia también será tiempo muerto. Así que da lo mismo.
-¿Por qué esperamos tanto?
-Están lavando el cuerpo.
Linda imagen nos dejan en la mente. ¿Cómo se vestirán para hacer el trabajo? ¿Usarán mameluco? ¿Al cadaver lo desvisten y vuelven a vestir o todo el trayecto estuvo desnudo en el ataúd para ganar tiempo? Por lo menos no tuvimos que ver el cajón abierto. Los judíos preferimos que la última imagen sea otra. Salteando la imagen mental que nos acaban de generar. Esa no cuenta.
Para borrarnos la imagen del último baño organizamos una charla de café. Aunque no tenemos café. Estamos en un banquito típico de plaza, así que llamémosle charla de banquito. Observando a la abuela esperando sola en el carrito de golfista que la llevará hasta la tumba de su marido resolvemos que por lo general las mujeres sobreviven a sus hombres. ¿Por qué será esto?
1-Los señores suelen tener más edad que sus señoras.
2-Los hombres trabajaron toda su vida, algunas damas no.
3-Las mujeres se mantienen ocupadas hasta el final: ser madre y romper las pelotas son ocupaciones de toda la vida.
Hay que ver si cambia la tendencia cambia cuando nuestra generación termine de degenerarse.
Alguien comenta que nuestro viejo amigo Conejo trabaja en la AMIA y le hizo un descuento importante a la familia de Mati. Cincuenta por ciento de descuento, nada menos. Recuerdo que en el funeral de mi abuela el descuento había sido del 15 por ciento. Refunfuño. Todo mal con Conejo. Tiene preferencias.
-¿Sabés cuánto sale un funeral en Tablada?
-¿Cuánto?
-Banda. Algo así como 36.000 pesos.
Se me ocurre que es otra estrategia más para perpetuar al pueblo judío. Ya amenazan con descartarte si te casás con alguien de otra religión y te obligan a comer la comida preparada especialmente por judíos para asegurar el bienestar económico del clan. Ahora te tocan el bolsillo para arruinarte el último suspiro.
-Estoy tan deprimido que me moriría -se dicen los judíos-, pero no me alcanza la plata. Y se mantienen con vida.
Ahora sí caminamos por calle 152 hacia la 243. Alguien dice que no leámos los nombres de las lápidas, pero es inevitable. Samuel, Jacob, Aída, Shlomo. Los veinte nombres judíos conocidos repetidos por doquier. Y Chicha. ¿Qué hace Chicha acá? No sabía que valía poner apodos en lápida. Nunca vi la tumba de Tito a secas. Se prestaría a la confusión. Aunque la foto ayuda. Muchas lápidas tienen fotos. ¿De qué edad corresponde que sea la foto? Algunos los ponen ya abuelos, pero yo no comparto. Tiene que ser en la plenitud de la vida. ¿Cuándo es eso? Cuando ya estás asentado en lo profesional, conformaste una familia con hijos y supiste mantenerla. Ya lograste lo más difícil en la vida, ahora sólo te queda vivirla. Si alguna vez llego a cumplir ese objetivo, ¡sáquenme una foto! Esa es la sonrisa de mi lápida. Aunque cuando yo muera, las lápidas probablemente ya no tengan fotos, sino hologramas. Ir al cementerio va a ser mucho más alegre. Estoy convencidísimo.
La tumba espera abierta. Hay tierra al costado. Los hombres que bajan el cajón con cuerdas tienen botas de hule y el overol tajeado en la rodilla. No me parece. En mi funeral quiero que todos, incluso ellos, estén de frac.
-Ahora viene la peor parte -dice alguien.
-A menos que seas morboso.
El rabino invita a los familiares a ayudar a enterrar al ser querido. Pasan primero los hijos, toman la pala clavada en la pila de tierra, sacan un buen pilón y lo arrojan al agujero. La tierra golpea contra la madera. El sonido retumba, se siente en el pecho. Pasan otros familiares. El metal de la pala cruje contra el asfalto al juntar tierra. Escalofríos. La tierra cae de golpe. Retumba en el pecho. La secuencia se repite. Algunos prefieren acercarse y tomar un puñado de tierra pequeño para soltarlo con la mano. A eso estoy acostumbrado. El efecto es menos fuerte. Al final el rabino toma la pala y tira cuatro golpes de tierra. Alguien me explica que hay que cubrir el ataúd por completo. El resto lo harán más tarde los hombres de patas de hule. Mejor. Esto ya fue demasiado.
Regresemos al comienzo. Tantas lápidas. Por todos lados. Cada una dice la fecha de inicio y de final. María Goldstein, fall 8 jun 1984. Daniel Finkelstein, fall 14 oct 2001. Siempre fall. Me pregunto si todos murieron en otoño. ¿Será porque es el otoño de la vida? No. Probablemente yo sea demasiado infantil. Es difícil evitarlo. Hay que evadirse de lo que nos rodea. Buscar las tumbas más originales surge como la nueva evasión de lo impuesto. Zapping de lápidas.
Fanny L. de Palma
Gordita querida!!
Tu esposo, hijos y nietos.
(hay que ver si ella los hubiera dejado
escribir eso si seguía con vida)
Josefina Zaidel
Mujer virtuosa que apoyó a su esposo
para obras de solidaridad y ayuda al projimo.
(Esto lo escribió el marido para anotarse
un poroto frente a Dios y la comunidad).
José Lischinsky
Zeide! Papá! Hijo!
(No sabemos si este hombre vivía
de fiesta o era medio sordo).
Más y más lápidas. Pocos epitafios. Casi ninguno. Yo quiero tener un epitafio. Que mi tumba hable por mí. Que diga quién fui en vida. Algo más que cuando nací, cuando me fui y cuántos descendientes tuve. Pero resumirse en una frase no es fácil. Se me ocurre que quienes mejor nos definen son nuestros enemigos. No sé si lo leí en algún lado o si lo acabo de inventar. Igual imagino al Guasón graffiteando la tumba de Batman y me arrepiento. Es demasiado riesgoso.
Muertos. Por todos lados. Con Dani nos imaginamos cómo sería un cementerio chino. Barbaridad de gente enterrada.
-Para ahorrar espacio quizás les convenga enterrar únicamente las cabezas.
-Y que las pongan en una caja con resorte. ¡Sorpresa!
-No tiene por qué ser la cabeza -agrega Rochi-. Puede ser una parte del cuerpo. La más representativa. A un delantero la pierna derecha, a una estrella porno que le entierren la poronga, y así.
-No sé. A mi que me entierren entero, total soy compacto.
-Es verdad, no tiene sentido. Los chinos en general también son compactos.
Volvemos al punto de inicio. Damos los abrazos correspondientes. Nos vamos. Todavía me falta mucho por hacer, pero ya tengo un epitafio posible. Pase lo que pase, creo que me identifica. Y es una de las cosas importantes a lograr en vida. Va a ser genial. Vas a ver. No puedo esperar para verla. Pero mejor sí. Esperemos. Qué apuro hay. Aunque ya estoy poniendo en práctica el epitafio. No soy hipócrita. Siempre fui así. Y lo seguiré siendo. Vas a ver. Simple y directo. Fijate:
Fernando Milsztajn
Se hizo querer.
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