Estoy en una fiesta llena de gente. La gente está muy suelta de ropa. Shorts, musculosas, negros en cuero y así. Creo que estamos en Asia. Arriesgaría Tailandia. Es un patio grande y al lado mío están sentados Dani y Mati. Estado de ánimo: aburridos.
Como suele ocurrir en mis sueños antes de despertarme (los únicos que recuerdo), tengo ganas de ir al baño y no puedo. Mi inconciente no me lo permite. Suele diseñar obstáculos recurrentes como ausencia de inodoros, toalettes inexistentes o mirones entrometidos que le generan miedo escénico a mi chorrito. En esta ocasión estuvo más original y ubicó a tres negros sentados contra la pared del baño inyectándose con jeringas líquido azul en los brazos. El miedo a levantar la perdiz y recibir un pinchazo en el muslo me obliga a alejarme de los sanitarios y regresar a mis amigos, que ahora están sentados en un rincón de sillones con mesa bajita.
Apenas me siento aparece Mancuso y se suma a la mesa. Lleva puesto el mismo traje gris que usa en el banco de suplentes. Impecable. Su pelo largo parece mojado y tiene la cabeza más grande de lo que imaginaba. O quizás estoy demasiado cerca de su cara cuando empieza a hablarnos.
-Maradona te necesita, estás listo para trabajar con él?
Me quedo perplejo y recién ahí recuerdo que el papá de mi amigo Juan me había pasado la tarjeta del Diego hace un tiempo -cuando estaba desempleado- para que lo llamara a ver si con sus influencias me conseguía algún trabajo. En su momento me pareció que la propuesta no encajaba conmigo y no lo llamé. No se me ocurrió que podía haberlo ofendido. Mancuso está que arde.
-Por qué no lo llamaste al Diego? Estuvo esperando tu llamado.¡Es Maradona! A ver si te queda claro: a Maradona se lo busca. Maradona no busca a nadie, se entiende?
No se qué decir. Su cabeza es inmensa.
-Está bien -se tranquiliza-. Lo pasado pisado. ¿Estás interesado? ¿Y ustedes están interesados?
Dani y Mati niegan con la cabeza, pero yo se que Mancuso está esperando MI respuesta. Está muy nervioso. Las proporciones de su cara son de no creer. Caben muchas más expresiones de las que entran en una cabeza normal.
-Te vi en el banco de suplentes el otro día, el traje gris te queda impecable -le digo para que afloje-. Hasta parecían técnicos y todo.
Error. Ese comentario le molestó. Su cabezota incorpora una nueva expresión: furia contenida.
-O sea, quiero decir... yo sé que vos hiciste tremenda carrera en Brasil, pero en Argentina no sabíamos tanto de tus conocimientos técnicos. Por eso sorprendió que supieras hacer cambios, dar consejos y todo eso. Yo sólo sabía que allá vendías remeras con caricaturas de jugadores...
Eso no lo arregla. Creo que le tengo miedo. Sí: le tengo miedo.
-Te interesa o no te interesa?
-Para serte honesto no me pareció seria la oferta en su momento, por eso no llamé. ¿Qué precisa el Diego de mi? No se si estoy calificado. Pero a la vez me da no se qué perder la oportunidad. Me gustaría probar y ver qué onda, se puede?
-Vos tenés acceso al Club Cultural Matienzo?
Corte brusco. Vuelvo al lugar de origen. Sentado en el patio con negros de ropa suelta alrededor y Mati y Dani al lado. Pero el patio original era en realidad una calle de Tailandia llena de gente. Como carnaval. No me había dando cuenta antes. En la calle de enfrente veo a Maradona avanzando con Mancuso y el Negro Enrique detrás. Todos decididos y de traje gris. Parecen mafiosos. Maradona es Maradona, pero lleva puesta otra cara. Al menos la barba la mantiene. Llegan a una fiambrería y patotean al dueño como si les debiera dinero. Tiran mercadería al piso y se llevan unos cuantos salamines a cuenta. Luego entran a la carnicería de al lado y se escucha un ruido de palanganas metálicas golpeando el piso. El negro Enrique se quedó parado en la puerta, espalda contra la pared, para vigilar. Por si acaso desvío la mirada. Entonces sale el Diego, ahora con su cara original, pero vestido con delantal de carnicero manchado con sangre y el gorrito blanco correspondiente. Viene hacia mí. Directo. Cuando está por llegar noto que hace una seña con los ojos a alguien que parece estar detrás mío. Me doy vuelta rápido como reflejo y veo a Mancuso, traje gris impecable, a punto de ponerme una bolsa de nylon en la cabeza para asfixiarme. Al darme vuelta y descubrirlo lo descoloco. Eso no estaba en sus planes. No está seguro de cómo reaccionar. Se hace el distraído. Guarda rápidamente la bolsa detrás de su espalda y se pone a silbar.
Despierto sobresaltado. Lo recuerdo todo.
¿Qué significará todo esto? ¿Qué clave oculta esconderá esta historia? ¿Hay que dar aviso para alertar al seleccionado? ¿Y por qué no estaba Messi en el sueño? ¿Dónde está Messi? ¿Estará bien? Llego a la misma conclusión de todas mis mañanas desde hace una semana: tenemos que ganar el mundial. Este año se nos tiene que dar.
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viernes, 18 de junio de 2010
viernes, 14 de mayo de 2010
LOCOMOTORA ABRE SUS PANTALONES
Estoy en el jardín de mi antigua casa de Vicente López. Alguien que por su aspecto podría o no ser Locomotora Castro me dice con serenidad que le chupe la verga. Es un domingo soleado con amigos, y Locomotora está sentado a mi lado, ambos en sillas de plástico blancas. Hago como que no lo escucho. Parece una broma, pero Locomotora saca una pistola plateada y de a poco, disimuladamente, la gente se empieza a ir.
Pienso en decirle algo, no se qué exactamente. Algo. Locomotora hurga un poco más en su bolso deportivo y también saca una metralleta. La apoya en el pasto mientras se agacha para atarse los cordones y acomodarse bien antes del proceso. Tengo la posibilidad de hacer un movimiento súbito para arrebatársela jugándome la vida ahí mismo pero decido que es mejor mantener la calma, mostrarme tranquilo y con buena voluntad. Quizás de esa manera pueda aguarle el placer de mi pánico en caso de que eso sea lo que lo que lo excite y al final prefiera que no se la chupe muerta por una cuestion de virilidad. Ademas resulta que soy cobarde hasta en mis sueños, y si llegara a arrebatarle la pistola plateada lo más probable es que el seguro este puesto y al apretar el gatillo nada funcione.
Algo se supone que debería pasar para evitarme este mal rato. Miro a los rulos de Locomotora mientras se va desabotonando la bragueta lentamente.
-¿Estaría bueno editar esta parte del sueño no? -le digo en broma.
No le causa la menor gracia. Justo aparecen dos chicas que habían ido al baño y nos interrumpen sin estar al tanto de la situación. Locomotora se ve que las conoce y ya con el pantalón desabrochado se saca el miembro con los huevitos como si fuera retractil y se los acerca a la cara haciendoles una broma de mal gusto.
-¿Ustedes quieren también?
-No. Seguro está sucia y sin lavar.
Locmotora sonríe, baja su poronga retractil y la guarda en una botinera. Era como un mini cañón de barco pirata hecho de piel.
De nuevo hay gente alrededor, parece que pasó el momentum. Siento que el riesgo todavía está latente y al verlo a Agus le pregunto si la puerta de salida está abierta. Me da las llaves. Salgo corriendo.
Al llegar estaba abierta, pretendo cerrar con llave detrás de mí pero ninguna llave cierra. Lo que siempre supuse se cumple: mis manos temblorosas por la adrenalina impiden que le emboque al agujero. Tiro las llaves y salgo corriendo.
Cada pierna me pesa una barbaridad. Corro tan lento que hasta un jubilado en muletas sería capaz de ganarme una carrera. Se que necesito estar a tres cuadras de distancia para sentirme a salvo pero las piernas me pesan, me pesan, me pesan.
Me despierto sobresaltado.
Quizás sea tiempo de volver al psicólogo.
Pienso en decirle algo, no se qué exactamente. Algo. Locomotora hurga un poco más en su bolso deportivo y también saca una metralleta. La apoya en el pasto mientras se agacha para atarse los cordones y acomodarse bien antes del proceso. Tengo la posibilidad de hacer un movimiento súbito para arrebatársela jugándome la vida ahí mismo pero decido que es mejor mantener la calma, mostrarme tranquilo y con buena voluntad. Quizás de esa manera pueda aguarle el placer de mi pánico en caso de que eso sea lo que lo que lo excite y al final prefiera que no se la chupe muerta por una cuestion de virilidad. Ademas resulta que soy cobarde hasta en mis sueños, y si llegara a arrebatarle la pistola plateada lo más probable es que el seguro este puesto y al apretar el gatillo nada funcione.
Algo se supone que debería pasar para evitarme este mal rato. Miro a los rulos de Locomotora mientras se va desabotonando la bragueta lentamente.
-¿Estaría bueno editar esta parte del sueño no? -le digo en broma.
No le causa la menor gracia. Justo aparecen dos chicas que habían ido al baño y nos interrumpen sin estar al tanto de la situación. Locomotora se ve que las conoce y ya con el pantalón desabrochado se saca el miembro con los huevitos como si fuera retractil y se los acerca a la cara haciendoles una broma de mal gusto.
-¿Ustedes quieren también?
-No. Seguro está sucia y sin lavar.
Locmotora sonríe, baja su poronga retractil y la guarda en una botinera. Era como un mini cañón de barco pirata hecho de piel.
De nuevo hay gente alrededor, parece que pasó el momentum. Siento que el riesgo todavía está latente y al verlo a Agus le pregunto si la puerta de salida está abierta. Me da las llaves. Salgo corriendo.
Al llegar estaba abierta, pretendo cerrar con llave detrás de mí pero ninguna llave cierra. Lo que siempre supuse se cumple: mis manos temblorosas por la adrenalina impiden que le emboque al agujero. Tiro las llaves y salgo corriendo.
Cada pierna me pesa una barbaridad. Corro tan lento que hasta un jubilado en muletas sería capaz de ganarme una carrera. Se que necesito estar a tres cuadras de distancia para sentirme a salvo pero las piernas me pesan, me pesan, me pesan.
Me despierto sobresaltado.
Quizás sea tiempo de volver al psicólogo.
viernes, 18 de diciembre de 2009
ADELANTE
.
Venía andando en bici yendo hacia Villa Urquiza.
Leí una pared que tenía escrito en aerosol:
El pasado es la alegría de las almas tristes.
Imaginé que atrás mío pedaleaba mi versión de ayer en bibicleta.
Quise ver si estaba sonriendo, y me di vuelta.
Así fue como choqué contra el cordón y caí de boca.
Un tipo que pasaba caminando se rió por lo que acababa de pasar.
Me dio pena por él, alma triste.
.
Venía andando en bici yendo hacia Villa Urquiza.
Leí una pared que tenía escrito en aerosol:
El pasado es la alegría de las almas tristes.
Imaginé que atrás mío pedaleaba mi versión de ayer en bibicleta.
Quise ver si estaba sonriendo, y me di vuelta.
Así fue como choqué contra el cordón y caí de boca.
Un tipo que pasaba caminando se rió por lo que acababa de pasar.
Me dio pena por él, alma triste.
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jueves, 3 de septiembre de 2009
DUENDES CAPITALISTAS
Todos sabemos que los duendes son pequeñitos, traviesos, huidizos. Y que su trabajo consiste en cambiarnos las cosas de lugar. Escondernos las llaves, el control remoto, esa plata que extrañamente aparece otro día en el bolsillo de un pantalón que hace tiempo no usamos. Para ponernos contentos.
Claro que todo eso lo hacen para disimular. Porque parte de su trabajo consiste en escondernos las cosas, y otra parte en ocultar la verdadera cara de su empleador. Para que no descubramos el truco.
Basta con pensarlo un poco: ¿Cuáles son los artículos que más veces perdiste? ¿Por qué siempre que precisás esos artículos no los encontrás? ¿Y por qué cuando no los precisás descubrís que tenés mucho más de la cuenta? Ya sabes por qué: por los duendes. Y también para qué: para que compres lo innecesario. Para que consumas de más. Biromes y encendedores. Así funciona la estrategia de la empresa Bic.
Por supuesto que ellos lo negarán, así como muchos otros niegan la existencia de los duendes (gracias a la campaña de desacreditación financiada por Bic desde 1953). Pero esto es algo que sucede en el mundo real. ¿Por qué las biromes y los encendedores no se quedan quietos? Si no tienen patitas. Pero los duendes sí. Y no caminan gratis. Muchos de ellos también trabajan free lance para otras empresas; por eso es que también se extravían los mismos productos de otras marcas.
Todo esto me lo contó Liniers, el dibujante oficial de duendes argentinos. Yo quise asociarme a él para intentar venderles a Bic la idea publicitaria de que los duendes escondían biromes para enseñarnos algo. Que las Bic no son de nadie, porque son de todos. Los duendes de Liniers aparecerían agujereando bolsillos, abriendo cierres de mochilas y cortando con tijeras los hilos que atan a las biromes en los bancos, escuelas y demás oficinas públicas. El slogan: “La bic se comparte”.
Liniers se rió mucho con mi idea. Repetía en voz alta: la bic se comparte. Y se reía. Después parecía tranquilizarse, pero repetía de vuelta: la bic se comparte, y se reía. Así tres veces. Se rió tanto que se compadeció. Y me confesó que la empresa Bic hace años financia sus dibujos para vendernos una realidad donde los duendes son coloridos, divertidos, poéticos y, más que nada, ficcionales. Dijo que él no tenía la culpa. Que de alguna manera lo ayudaron a crecer. Y que él no sólo dibuja duendes, sino que intenta resarcirse destapando otras verdades, ya sea revelando cómo se traducen los títulos de las películas, recomendando a quién recurrir cuando se necesite filmar un cliché cinematográfico (hay una vaca que sabe mucho de eso) o concientizando a la gente de que las aceitunas también tienen sentimientos.
Me despidió con un abrazo que se hizo demasiado largo. Como si fuéramos amigos. Me deseó mucha mucha suerte. Parecía saber algo que yo no. Pero yo no soy tonto. Se que al descubrir el secreto corro peligro. Y que al destaparlo en mi blog, todavía más.
Pero lo hago igual. Porque tengo huevos, papá.
Claro que todo eso lo hacen para disimular. Porque parte de su trabajo consiste en escondernos las cosas, y otra parte en ocultar la verdadera cara de su empleador. Para que no descubramos el truco.
Basta con pensarlo un poco: ¿Cuáles son los artículos que más veces perdiste? ¿Por qué siempre que precisás esos artículos no los encontrás? ¿Y por qué cuando no los precisás descubrís que tenés mucho más de la cuenta? Ya sabes por qué: por los duendes. Y también para qué: para que compres lo innecesario. Para que consumas de más. Biromes y encendedores. Así funciona la estrategia de la empresa Bic.
Por supuesto que ellos lo negarán, así como muchos otros niegan la existencia de los duendes (gracias a la campaña de desacreditación financiada por Bic desde 1953). Pero esto es algo que sucede en el mundo real. ¿Por qué las biromes y los encendedores no se quedan quietos? Si no tienen patitas. Pero los duendes sí. Y no caminan gratis. Muchos de ellos también trabajan free lance para otras empresas; por eso es que también se extravían los mismos productos de otras marcas.
Todo esto me lo contó Liniers, el dibujante oficial de duendes argentinos. Yo quise asociarme a él para intentar venderles a Bic la idea publicitaria de que los duendes escondían biromes para enseñarnos algo. Que las Bic no son de nadie, porque son de todos. Los duendes de Liniers aparecerían agujereando bolsillos, abriendo cierres de mochilas y cortando con tijeras los hilos que atan a las biromes en los bancos, escuelas y demás oficinas públicas. El slogan: “La bic se comparte”.
Liniers se rió mucho con mi idea. Repetía en voz alta: la bic se comparte. Y se reía. Después parecía tranquilizarse, pero repetía de vuelta: la bic se comparte, y se reía. Así tres veces. Se rió tanto que se compadeció. Y me confesó que la empresa Bic hace años financia sus dibujos para vendernos una realidad donde los duendes son coloridos, divertidos, poéticos y, más que nada, ficcionales. Dijo que él no tenía la culpa. Que de alguna manera lo ayudaron a crecer. Y que él no sólo dibuja duendes, sino que intenta resarcirse destapando otras verdades, ya sea revelando cómo se traducen los títulos de las películas, recomendando a quién recurrir cuando se necesite filmar un cliché cinematográfico (hay una vaca que sabe mucho de eso) o concientizando a la gente de que las aceitunas también tienen sentimientos.
Me despidió con un abrazo que se hizo demasiado largo. Como si fuéramos amigos. Me deseó mucha mucha suerte. Parecía saber algo que yo no. Pero yo no soy tonto. Se que al descubrir el secreto corro peligro. Y que al destaparlo en mi blog, todavía más.
Pero lo hago igual. Porque tengo huevos, papá.
viernes, 7 de agosto de 2009
DOS HOMBRES DE TRAJE
.
El primer hombre preguntó:
-¿Si al mundo lo movieran las ideas, en vez del dinero, qué sería de nosotros?
-No tengo idea.
-No se quede ahí sentado entonces, caramba! Vaya ya mismo a comprar una!
.
El segundo hombre salió apurado de la oficina.
Los gritos lanzados del escritorio golpeaban en su espalda:
-Hay que averiguarlo lo antes posible! Anticiparse anticiparse anticiparse! Nunca se puede ser demasiado precavidos. No existe tal cosa.
.
Los dos hombres vestían de traje.
Pero el primero figuraba más arriba en el organigrama.
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El primer hombre preguntó:
-¿Si al mundo lo movieran las ideas, en vez del dinero, qué sería de nosotros?
-No tengo idea.
-No se quede ahí sentado entonces, caramba! Vaya ya mismo a comprar una!
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El segundo hombre salió apurado de la oficina.
Los gritos lanzados del escritorio golpeaban en su espalda:
-Hay que averiguarlo lo antes posible! Anticiparse anticiparse anticiparse! Nunca se puede ser demasiado precavidos. No existe tal cosa.
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Los dos hombres vestían de traje.
Pero el primero figuraba más arriba en el organigrama.
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martes, 4 de noviembre de 2008
NORDELTA
Tres muchachos en un auto yendo a un cumpleaños en Nordelta. Yo era uno de ellos. Viajaba al lado del conductor mientras hablábamos de los colores que uno puede llegar a ver con los ojos cerrados durante la meditación.
-El nirvana es uno de los estados de conciencia posibles a alcanzar. A mí personalmente me encanta el sueño lúcido alfa: ves lo mismo que si estuvieras despierto, pero los colores son más vívidos y podés controlar todo lo que pasa. Y para alcanzarlo no necesitás de peyote o ayahuasca, sólo hay que aprender a meditar respirando de cierta manera -explicaba Pedro.
-Yo conozco gente que jugaba a respirar muy fuerte hasta desmayarse. Nunca los vi hacerlo, pero se que lo hacían borrachos y me los imaginaba a todos aplaudiendo y alentando al que respira sin parar a máxima velocidad apoyando la espalda contra la pared hasta que plok, cae muerto y todos brindan por él.
En eso me suena un mensaje en el teléfono que estaba guardado en el asiento de atrás, en un bolsillo del bolso.
-Che, está sonando el teléfono -me dice Maxi.
-Está bien, después atiendo.
-Uuuhhh... ¡Qué control! Yo apenas suena tengo que atenderlo sí o sí.
Pedro también me dio la mano para felicitarme. Yo defendí la filosofía del celular relajado ("él trabaja para nosotros, no nosotros para él") y me prometí a mí mismo dejar de llevarlo al baño cuando me ducho, para no ser hipócrita.
Llegamos al primer control. Era mi primera vez en Nordelta, y no me gustaba la idea de un grupo de gente que decide vivir apartada para estar segura. Me parecía un símbolo perfecto de a dónde nos estaba llevando la división de clases. El hombrecito de la cabina pidió documentos y que abriéramos el baúl. Por suerte había guardado mi cadáver en el bolso del asiento de atrás.
Nos dejaron pasar, y recién ahí me vine a enterar que el barrio privado era hermano de muchos otros barrios privados que compartían el mismo complejo. Habíamos entrado en una gran ciudad de barrios privados con un lugar común que incluía escuela, hospital, cines, supermercado, shopping y lago artificial. Eso no era lo único que parecía artificial. Después de pasar el segundo control descubrimos las casas cúbicas prefabricadas, una al lado de la otra, con sus respectivas familias felices.
-Acá hay multas para todo. Si vas a más de cuarenta kilómetros por hora, multa. Si la casa que empezaste a construir demora en terminarse más de lo pautado, multa. Si estacionás el auto donde no corresponde, multa. La multa es ley.
La casa era un lujo, la verdad. Techos altos, muebles de diseño, jardín con pileta y vista al hermoso lago artificial con los patitos traídos especialmente desde vaya uno a saber dónde para nadar frente a nuestra paz mental. Se movían en grupo y cada tanto hundían la cabeza en el agua. No parecían artificiales, pero yo tenía mis dudas.
Alrededor del lago nos rodeaban los patios traseros de las demás casas, generando un clima de calma similar al de Truman Show. Justo enfrente nuestro, del otro lado del agua, un cachorro de perro labrador corría por el pasto hacia una nena y volvía a su arenero personal, donde lo esperaba su juguete: un conejo inflable color rosa que nos sonreía a la distancia. Por alguna razón recordé a David Lynch. Era una escena sacada de esas películas dónde la sociedad es tan perfecta que inquieta: todos los niños rubios saludando con una extraña mueca de satisfacción. Algo no estaba bien.
-Yo lo quería a Bianchi, pero ya está. Ahora, si yo fuera Maradona lo que hago es llamarlo por teléfono al gordo Fabbiani y le digo: "si te ponés bien, te llamo". Eso haría -me decía más tarde Nico, el hermano de Lucho.
El asado fue de sándwiches. A la tarde el sol pegaba tan fuerte que parecía derretirte la cara, pero el agua de la pileta estaba helada y antes de meterte la duda era eterna. Te acercabas al borde y mirabas el agua un rato largo. La gente arengaba, dale cagón y amagaban a salpicarte, pero ellos tenían el mismo problema. Finalmente juntabas valor y chapuzón. Te decías que no era para tanto, salías refrescado y una hora más tarde de vuelta en el borde mirando el agua un rato largo.
Empezó a sonar el timbre bastante seguido. Me acerqué por curiosidad y los vi. Era la nueva ola de niños disfrazados de Halloween, extendiendo sus calabazas de plástico para recibir golosinas. Hermosas rubias en miniatura vestidas de bruja y hada madrina, nenes de cachetes colorados con traje de esqueleto. Tocaban el timbre y mostraban su calabaza hambrienta de bon o bons. Les faltaba decir algo: si vamos a importar esta festividad alguien tiene que ocuparse de traducir el trick or treat, o lo que sea que digan los yanquis. Salí a ver cómo tocaban timbres y vi la calle sin tránsito, las casas cúbicas de diversos colores a ambos lados, los padres como chaperones de sus criaturas disfrazadas y pensé que Halloween no fue lo único que importaron. La bolsa se caía a pedazos, tenías la crisis mundial y toda la alarma que puedas imprimir en tu diario, pero todo iba a permanecer exactamente igual. Miré al cielo y me pareció ver el reflejo del sol rebotando contra la burbuja. De pronto sentí lástima de esta nueva generación que iba a crecer sin ver el mundo real.
-El nirvana es uno de los estados de conciencia posibles a alcanzar. A mí personalmente me encanta el sueño lúcido alfa: ves lo mismo que si estuvieras despierto, pero los colores son más vívidos y podés controlar todo lo que pasa. Y para alcanzarlo no necesitás de peyote o ayahuasca, sólo hay que aprender a meditar respirando de cierta manera -explicaba Pedro.
-Yo conozco gente que jugaba a respirar muy fuerte hasta desmayarse. Nunca los vi hacerlo, pero se que lo hacían borrachos y me los imaginaba a todos aplaudiendo y alentando al que respira sin parar a máxima velocidad apoyando la espalda contra la pared hasta que plok, cae muerto y todos brindan por él.
En eso me suena un mensaje en el teléfono que estaba guardado en el asiento de atrás, en un bolsillo del bolso.
-Che, está sonando el teléfono -me dice Maxi.
-Está bien, después atiendo.
-Uuuhhh... ¡Qué control! Yo apenas suena tengo que atenderlo sí o sí.
Pedro también me dio la mano para felicitarme. Yo defendí la filosofía del celular relajado ("él trabaja para nosotros, no nosotros para él") y me prometí a mí mismo dejar de llevarlo al baño cuando me ducho, para no ser hipócrita.
Llegamos al primer control. Era mi primera vez en Nordelta, y no me gustaba la idea de un grupo de gente que decide vivir apartada para estar segura. Me parecía un símbolo perfecto de a dónde nos estaba llevando la división de clases. El hombrecito de la cabina pidió documentos y que abriéramos el baúl. Por suerte había guardado mi cadáver en el bolso del asiento de atrás.
Nos dejaron pasar, y recién ahí me vine a enterar que el barrio privado era hermano de muchos otros barrios privados que compartían el mismo complejo. Habíamos entrado en una gran ciudad de barrios privados con un lugar común que incluía escuela, hospital, cines, supermercado, shopping y lago artificial. Eso no era lo único que parecía artificial. Después de pasar el segundo control descubrimos las casas cúbicas prefabricadas, una al lado de la otra, con sus respectivas familias felices.
-Acá hay multas para todo. Si vas a más de cuarenta kilómetros por hora, multa. Si la casa que empezaste a construir demora en terminarse más de lo pautado, multa. Si estacionás el auto donde no corresponde, multa. La multa es ley.
La casa era un lujo, la verdad. Techos altos, muebles de diseño, jardín con pileta y vista al hermoso lago artificial con los patitos traídos especialmente desde vaya uno a saber dónde para nadar frente a nuestra paz mental. Se movían en grupo y cada tanto hundían la cabeza en el agua. No parecían artificiales, pero yo tenía mis dudas.
Alrededor del lago nos rodeaban los patios traseros de las demás casas, generando un clima de calma similar al de Truman Show. Justo enfrente nuestro, del otro lado del agua, un cachorro de perro labrador corría por el pasto hacia una nena y volvía a su arenero personal, donde lo esperaba su juguete: un conejo inflable color rosa que nos sonreía a la distancia. Por alguna razón recordé a David Lynch. Era una escena sacada de esas películas dónde la sociedad es tan perfecta que inquieta: todos los niños rubios saludando con una extraña mueca de satisfacción. Algo no estaba bien.
-Yo lo quería a Bianchi, pero ya está. Ahora, si yo fuera Maradona lo que hago es llamarlo por teléfono al gordo Fabbiani y le digo: "si te ponés bien, te llamo". Eso haría -me decía más tarde Nico, el hermano de Lucho.
El asado fue de sándwiches. A la tarde el sol pegaba tan fuerte que parecía derretirte la cara, pero el agua de la pileta estaba helada y antes de meterte la duda era eterna. Te acercabas al borde y mirabas el agua un rato largo. La gente arengaba, dale cagón y amagaban a salpicarte, pero ellos tenían el mismo problema. Finalmente juntabas valor y chapuzón. Te decías que no era para tanto, salías refrescado y una hora más tarde de vuelta en el borde mirando el agua un rato largo.
Empezó a sonar el timbre bastante seguido. Me acerqué por curiosidad y los vi. Era la nueva ola de niños disfrazados de Halloween, extendiendo sus calabazas de plástico para recibir golosinas. Hermosas rubias en miniatura vestidas de bruja y hada madrina, nenes de cachetes colorados con traje de esqueleto. Tocaban el timbre y mostraban su calabaza hambrienta de bon o bons. Les faltaba decir algo: si vamos a importar esta festividad alguien tiene que ocuparse de traducir el trick or treat, o lo que sea que digan los yanquis. Salí a ver cómo tocaban timbres y vi la calle sin tránsito, las casas cúbicas de diversos colores a ambos lados, los padres como chaperones de sus criaturas disfrazadas y pensé que Halloween no fue lo único que importaron. La bolsa se caía a pedazos, tenías la crisis mundial y toda la alarma que puedas imprimir en tu diario, pero todo iba a permanecer exactamente igual. Miré al cielo y me pareció ver el reflejo del sol rebotando contra la burbuja. De pronto sentí lástima de esta nueva generación que iba a crecer sin ver el mundo real.
lunes, 18 de agosto de 2008
DISCUSION
Discutimos fuerte.
El tema es privado, pero había que tomar una decisión.
Me dijo que lo discutiera con la almohada, me hizo prometerle.
Esa misma noche lo duscutí nomás, soy un hombre de palabra, y ganó la almohada. Me quedé con una rabia...
A la mañana me levanté y antes de desayunar fui a comprarme otra.
Una que sea menos dura, más acolchada y suavecita.
Y que piense igual que yo.
El tema es privado, pero había que tomar una decisión.
Me dijo que lo discutiera con la almohada, me hizo prometerle.
Esa misma noche lo duscutí nomás, soy un hombre de palabra, y ganó la almohada. Me quedé con una rabia...
A la mañana me levanté y antes de desayunar fui a comprarme otra.
Una que sea menos dura, más acolchada y suavecita.
Y que piense igual que yo.
martes, 12 de agosto de 2008
UNA LINDA IMAGEN
-Che, ¿cuándo me vas a poner en el blog? Sólo lo leo para ver si aparezco y no pasa nada.
-Por eso mismo, Si te pongo lo vas a dejar de leer. Es fundamental mantener la expectativa, todos se aburren después del objetivo cumplido. Además cuando llegue el momento puede que no aclare quién sos o que te cambie el nombre.
-No importa, yo voy a saber que soy yo. Con eso me alcanza.
-Te prometo que el día que tengamos una conversación interesante no me va a temblar el pulso para incluirte. Quizás últimamente venimos con charlas mediocres, estamos por debajo de nuestro nivel. ¿Tenés algo importante para decir? Te juro que te pongo esta misma noche.
-Dejame pensar…
-…
-Esta parte editala después, escribilo como que la respuesta te la di al toque.
-No, porque no sería creíble.
-…
-…
-El otro día me tomé el subte y leí en el diario La Razón que el 8 es un número de la suerte en China, y por eso los juegos olímpicos empezaron exactamente el 08/08/08.
-Eso es mentira. Eso me pasó a mí, pero lo puse como que lo dijiste vos para que tengas una excusa de aparecer.
-Puede ser, pero no hay manera de comprobarlo. Igual por si llega a ser verdad, te agradezco. La cuestión es que como el 08/08/08 era de buen augurio, y además estaba el comienzo de los juegos, unas cien mil parejas de chinos se casaron ese mismo día.
-Los chinos son millones, esa cantidad de gente seguro que se casa todos los días.
-No, porque por algo es noticia. Además quizás eran 300.000, no me acuerdo bien el número, y en la foto se los veía a muchos juntos en un campo: miles de chinas en vestidos de novia y chinos en frac en una plaza con pasto.
-Claro muchos se deben haber casado en el mismo lugar a las ocho de la noche y ocho minutos y ocho segundos. Imaginate si fueras chino y estuvieras de novio hace tiempo ya pensando en casarte; cuando ves que toda la gente se va a casar ese día, ¿te sumás o preferís otra fecha?
-Es difícil, porque supuestamente ese es TU día, no querrías compartirlo. Pero a la vez me gustaría poder contar que me casé con otras cuatro mil personas.
-Claro, yo creo que me casaría ese día pero el festejo lo haría aparte y pasaría un rato por la plaza a la hora de la foto. Casarse en masa es casi lo opuesto de un suicidio colectivo. ¡No te lo podés perder!
-Creo que lo opuesto sería concebir un bebé en masa.
-Eso también sería una linda imagen: cuatro mil culos de chinos al sol en un día de campo. ¿Ves? Yo sabía que eras capaz de decir algo interesante.
-Por eso mismo, Si te pongo lo vas a dejar de leer. Es fundamental mantener la expectativa, todos se aburren después del objetivo cumplido. Además cuando llegue el momento puede que no aclare quién sos o que te cambie el nombre.
-No importa, yo voy a saber que soy yo. Con eso me alcanza.
-Te prometo que el día que tengamos una conversación interesante no me va a temblar el pulso para incluirte. Quizás últimamente venimos con charlas mediocres, estamos por debajo de nuestro nivel. ¿Tenés algo importante para decir? Te juro que te pongo esta misma noche.
-Dejame pensar…
-…
-Esta parte editala después, escribilo como que la respuesta te la di al toque.
-No, porque no sería creíble.
-…
-…
-El otro día me tomé el subte y leí en el diario La Razón que el 8 es un número de la suerte en China, y por eso los juegos olímpicos empezaron exactamente el 08/08/08.
-Eso es mentira. Eso me pasó a mí, pero lo puse como que lo dijiste vos para que tengas una excusa de aparecer.
-Puede ser, pero no hay manera de comprobarlo. Igual por si llega a ser verdad, te agradezco. La cuestión es que como el 08/08/08 era de buen augurio, y además estaba el comienzo de los juegos, unas cien mil parejas de chinos se casaron ese mismo día.
-Los chinos son millones, esa cantidad de gente seguro que se casa todos los días.
-No, porque por algo es noticia. Además quizás eran 300.000, no me acuerdo bien el número, y en la foto se los veía a muchos juntos en un campo: miles de chinas en vestidos de novia y chinos en frac en una plaza con pasto.
-Claro muchos se deben haber casado en el mismo lugar a las ocho de la noche y ocho minutos y ocho segundos. Imaginate si fueras chino y estuvieras de novio hace tiempo ya pensando en casarte; cuando ves que toda la gente se va a casar ese día, ¿te sumás o preferís otra fecha?
-Es difícil, porque supuestamente ese es TU día, no querrías compartirlo. Pero a la vez me gustaría poder contar que me casé con otras cuatro mil personas.
-Claro, yo creo que me casaría ese día pero el festejo lo haría aparte y pasaría un rato por la plaza a la hora de la foto. Casarse en masa es casi lo opuesto de un suicidio colectivo. ¡No te lo podés perder!
-Creo que lo opuesto sería concebir un bebé en masa.
-Eso también sería una linda imagen: cuatro mil culos de chinos al sol en un día de campo. ¿Ves? Yo sabía que eras capaz de decir algo interesante.
jueves, 24 de julio de 2008
LA NUEVA ESTRATEGIA DE LAS COMPAÑIAS TELEFONICAS
Una hora de música clásica escuchada a distancia desde el auricular del teléfono celular. Finalmente, una voz.
-Aguarde un instante que lo comunico con el operador.
Él toma el teléfono y, agazapado, espera el momento de descargar su furia.
-Sí, el cirujano Marcucci al habla!
-¿Quién? –pregunta perplejo.
De fondo se oye una voz que grita ¡doctor! ¡doctor! ¡hemorragia!
-Espere un momento, que estoy al teléfono. ¡Y dele más succión ahí caramba, que esto no es un juego de niños! Cirujano Marcucci, diga!
-¿Hola? ¿Con el operador?
-Pero sí hombre, cirujano Marcucci le he dicho. ¡Y hable rápido que estamos con una emergencia!
-Yo llamaba por un problema con mi teléfono celular…
-¿A usted le parece? Acá hay un paciente muriendo, sangre por todos lados, ¿y usted tiene un problema con su celular? ¡Despierte, que esos no son problemas! Un poco de perspectiva, por favor, y llame cuando realmente tenga una emergencia…
Tut tut tut tuuu
Él con el teléfono en la mano, en silencio, se siente insignificante y aliviado de estar vivo. Lo mejor será pagar la cuenta del teléfono y preocuparse por cuestiones más interesantes.
-Aguarde un instante que lo comunico con el operador.
Él toma el teléfono y, agazapado, espera el momento de descargar su furia.
-Sí, el cirujano Marcucci al habla!
-¿Quién? –pregunta perplejo.
De fondo se oye una voz que grita ¡doctor! ¡doctor! ¡hemorragia!
-Espere un momento, que estoy al teléfono. ¡Y dele más succión ahí caramba, que esto no es un juego de niños! Cirujano Marcucci, diga!
-¿Hola? ¿Con el operador?
-Pero sí hombre, cirujano Marcucci le he dicho. ¡Y hable rápido que estamos con una emergencia!
-Yo llamaba por un problema con mi teléfono celular…
-¿A usted le parece? Acá hay un paciente muriendo, sangre por todos lados, ¿y usted tiene un problema con su celular? ¡Despierte, que esos no son problemas! Un poco de perspectiva, por favor, y llame cuando realmente tenga una emergencia…
Tut tut tut tuuu
Él con el teléfono en la mano, en silencio, se siente insignificante y aliviado de estar vivo. Lo mejor será pagar la cuenta del teléfono y preocuparse por cuestiones más interesantes.
miércoles, 16 de julio de 2008
DE ALGO HAY QUE MORIR
Desde la ventana de su departamento, Eugenio mira a su vecina y de pronto tiene la sensación, más aún, la seguridad, de que es una asesina. Se imagina que detrás de esa imagen inocente y servicial que proyecta su vecina se esconde una asesina serial temible. Asesina de largo plazo, meticulosa, capaz de matar a nivel masivo con la ingenuidad de un niño. El miedo se apodera de Eugenio, de tal manera que por un segundo piensa en mudarse antes de que sea demasiado tarde.
-Fijate la ventana, Ricardo –le dice a su amigo, que con la mirada fija se encontraba analizando en silencio las virtudes de la pared del living.
-¿Qué hay?
-La antena de Cablevisión. ¿La ves? Esa torre inmensa que emite ondas invisibles. Nos va a matar a todos. Dentro de treinta años el barrio entero va a tener cáncer por culpa de ella.
-Paranoia, paranoia –responde Ricardo-. Estás desperdiciando la utilidad de este verde. Lo mismo puede pasar con los celulares. No hay nada que hacer. Total, de algo hay que morir.
Eugenio, en un principio, está de acuerdo. En lo del principio, mejor dicho: el porro le había pegado mal. Decide resignarse y disfrutar del enemigo. Prende la tele, una tuca, y se queda viendo una película que ya había visto, pero de una manera distinta.
-Fijate la ventana, Ricardo –le dice a su amigo, que con la mirada fija se encontraba analizando en silencio las virtudes de la pared del living.
-¿Qué hay?
-La antena de Cablevisión. ¿La ves? Esa torre inmensa que emite ondas invisibles. Nos va a matar a todos. Dentro de treinta años el barrio entero va a tener cáncer por culpa de ella.
-Paranoia, paranoia –responde Ricardo-. Estás desperdiciando la utilidad de este verde. Lo mismo puede pasar con los celulares. No hay nada que hacer. Total, de algo hay que morir.
Eugenio, en un principio, está de acuerdo. En lo del principio, mejor dicho: el porro le había pegado mal. Decide resignarse y disfrutar del enemigo. Prende la tele, una tuca, y se queda viendo una película que ya había visto, pero de una manera distinta.
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