miércoles, 29 de febrero de 2012

SENSACIÓN TÉRMICA

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Un gordo en bolas en una terraza
se abanica en su sillita plegable de playa
y suda como Java The Hut.
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Alguien abre la puerta:
-Qué temperatura hace Ernesto? -preguntan.
-Calorrr. Calculale unos 37 grados.
Y así es como se determina la sensación térmica.
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lunes, 27 de febrero de 2012

AGENTES INMOBILIARIOS

-¿Dónde estás?
-En casa.
-¿Te sobra una tuca? Voy a ver Hugo en 3D. Si no voy fumado no voy.
(Sonidos de búsqueda).
-Pasate.
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Me tira la llave en una media desde el balcón. La media es de fútbol once color azul. Me hace acordar a él. Tongas me recibe en calzones tomando una copa de vino. Tiene un pollo marinándose en el horno. A veces me olvido de que hizo el curso de cheff. Antes de saludarlo me fijo en la casa. Hace meses dije de venir a verla y nunca quedamos. Los primos son así: se juntan en banda o no se juntan. Depende de nosotros cambiar. Fumar uno siempre es buena excusa.
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-Está muy bien. Lo único: ese sillón y esta mesa no pegan. Y el desorden.
-¿Qué querés? No esperaba visitas.
-Muy buena esta barra.
-La hice yo.
-¿La elegiste o la mandaste a hacer?
-Le hice el dibujo y un tipo me la hizo.
-No sabía que tenías buen gusto.
-¿Eso es un elogio o un insulto?
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Me siento. Le acepto el vino. Está viendo un partido de Champions en HD. Me da envidia y se lo digo, para que la disfrute.
-Fuiste a Tailandia, me contaron.
-Increíble.
-¿Bangcok es tan sucia y ruidosa como me la imagino?
-Sí. Pero gente buena, muy servicial. Molestan, sí. Todo el tiempo ofreciéndote algo, pero con respeto, siempre con respeto. Muy barato todo.
-A mí me dijeron que no te convidan un gesto. Los ves sonreír pero es una máscara. En el fondo nunca sabés lo que piensan. Me da miedo pensarlo.
-Puede ser. Son muy reservados. Mirá lo que me compré.
Me pruebo una camisa rosa entallada de excelente calidad. Dice que eligió la tela, pagó por adelantado y se mandó a hacer nueve camisas y un pantalón. Le salió $ 90 cada camisa. Está chocho con su logro.
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-¿Y cómo se siente estar de vuelta en el mercado?
-Depende el día.
Todavía le duele lo de la ex. Ella lo pensó un año en silencio y decidió todo de una, sin darle segunda oportunidad. Él, igual, debió darse cuenta. Este mes la llamó para el cumpleaños, le dejó un mensaje. Ella no contestó.
-¿Sufrís las conquistas o las disfrutás?
-¿Cómo?
-Si te dan a elegir y podés saltear la conquista y pasar directo al beso, ¿qué hacés?
-Beso directo. Rebotar no me gusta nada.
-Hay gente que disfruta más la conquista y la alarga. Cuando da el beso ya no le interesa tanto.
-No soy de esos.
-A mí gustarme de verdad, me gustan pocas. Y la conquista la sufro. Entonces para qué hacer el esfuerzo con alguien que no me interesa. Y, a la vez, intuyo que esa es la mejor ecuación para quedarse solo.
-A mí me gustan todas. Todo el tiempo estoy mirando y no hago nada. Es como una enfermedad. Ahora me gusta una que desayuna en el mismo bar que yo. Creo que trabaja de algo deportivo, porque tiene cintitas de colores en la muñeca. Me tiene loco.
-¿Ya cruzaron miradas?
-Todas las mañanas la miro. Ella algo debe darse cuenta.
-Decile que apostaste a que era personal trainer y que necesitás sacarte la duda.
-Voy a dejarle una flor en la mesa. Directo. A las minas les encanta eso.
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Llega Lush. Tres primos reunidos de pronto. Inauguramos la tuca.
-Ahora que Tongas se pasó también al rubro inmobiliario ustedes son competencia.
-¿Competencia? Para nada. Yo soy de los que piensan en que la unión hace a la fuerza.
Tongas está de acuerdo, pero se nota que todavía no hablaron del tema. Lush menciona un PH que compró para restaurar con mucho entusiasmo.
-Fuera del dinero, ¿qué te gusta de tu trabajo?
-No entiendo lo que preguntás.
-Recién me pareció que la idea de remodelar un PH te gustaba. Tal vez era por cambiar un espacio, ponerlo lindo y sentir el orgullo de haberlo hecho.
-¿Estás loco? Si puedo a la obra ni voy. Cuanto antes lo venda mejor.
-¿Y vos? De todos tus negocios, sacando lo económico, cuál te dio más placer.
Tongas tuvo panchería, local de ropa, kiosco, delivery y ahora inmobiliaria.
-El de ahora, tal vez. Pero la plata es todo.
-A mí me gusta tratar con la gente. Cada tanto conocés de la buena y eso queda.
-Pensá que cada departamento es una historia. Dos personas que se ponen de acuerdo en un tema delicado. Muchas veces te agradecen después de la operación.
-Puede ser malo también -digo yo-. Las transacciones de mucho dinero sacan la parte más quisquillosa de nosotros. Es lidiar con gente nerviosa. Muchos miedos dando vueltas.
El silencio dijo que eso también era verdad. Pero los dos están contentos. El dinero es su medida. Ya tienen 35 años. Yo todavía priorizo otras cosas. Siempre traté que mi búsqueda no esté contaminada por el dinero. Y cuesta. Me pregunto si a los 35 seguiré resistiendo. Me contesto que probablemente no. Fumo la última seca.
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Una hora después me daban ganas de pararme en la mitad de Hugo para aplaudir a Scorsese. ¿Por qué sólo se aplaude al final? Yo quería aplaudir después de varias escenas. Puede ser absurdo, ya que él no puede escucharlos, pero yo siento que hay que aplaudir igual. Es energía que se arroja al cielo, el universo sabe como distribuirla. Salí del cine con la alegría de un niño. Con ganas de ver todo el cine en blanco y negro que nunca ví. No quiero matarlo antes de tiempo, pero hoy ya sé que cuando Scorsese se muera, lo lloraré como a un tío.

domingo, 26 de febrero de 2012

TO DO OR NOT TO DO, THAT IS THE QUESTION

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Hacer hay que hacer.
A menos que estés hecho.
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viernes, 24 de febrero de 2012

ENEMIGO DE MI EGO

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El enemigo de mi ego dice
que hacer siempre lo que uno quiere
es de inmaduro
y negarse a lo que no importa
de caprichoso.
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El amigo de mi ego dice
que hacer siempre lo que corresponde
es de cobarde
y dedicarse a lo que importa
de vanidoso,
aunque inevitable.
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Soy mi amigo y enemigo.
No sé si seguir mis deseos
o combatirlos.
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Dice mi hermana
que tengo que volver al psicólogo.
Pero ésa es su solución a todo.
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Yo prefiero que escuche y calle
para mirarle los ojos en silencio
y decidirlo todo en un segundo.
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Haga lo que haga
no tengo otra opción
que decidir por mí mismo.
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Mi amigo está de acuerdo.
Mi enemigo lo está pensando.

martes, 21 de febrero de 2012

EL MIEDO TAN DE CERCA

-¿Cómo hacés para trabajar acá? Hay olor a dentista.
La recepcionista del consultorio odontológico sonríe tan apenas que sólo se ve por dentro. Es joven y bonita, como deben ser las recepcionistas.
-Con el tiempo te acostumbrás -responde-. Pero a veces el olor se te pega. Mis amigos me lo han dicho.
Debe costar conseguir novio con olor a anestesia. ¿Algún masoquista? Lo mismo que a los empleados de la pescadería. Para mí que a todos esos los contratan ya casados, sino deberían pagarle un plus por antisexo. Ella tiene la suerte de ser bonita.
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La doctora no tanto, pero cae simpática. Si fuera un perro sería una mezcla de Setter y Waimeranen con Huesos, el de los Simpsons. En este centro atienden todas mujeres con cara de buena gente. Ayuda.
-¿Qué te trae por acá?
-Años de ausencia.
-¿Alguna molestia?
-La idea de que me puedas encontrar algo.
-Sentate.
Si uno llegó hasta acá no va a empecinarse en no hacer caso justo al final, pero pasan los años y sigo sin ganas. El dentista es un miedo de chico que no voy a superar nunca. La silla y cada uno de sus artefactos parecen diseñados para la tortura.
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Abro la boca y me mira los dientes con detalle. Nunca dejo de sentirme feo en estos momentos. Como si tuviera mal aliento, los dientes chuecos y sucios. Debe pasarle a todos. No sé cómo hacen los dentistas para dar besos.
-Tenés sarro. El resto está bien.
Te dije que tenía los dientes sucios. Pero la noticia es buena. Tal vez excelente. Sin embargo, agarra una herramienta que termina en punta filosa. Al apretar el acelerador gira y suelta un sonidito que me da escalofríos.
-Vamos a limpiarlos. ¿Querés anestesia?
-¿Eso es opcional? Decidilo vos.
-Vamos viendo. Si te duele ponemos.
-Está bien. Soy hombre, me la banco.
Mentira. Pero ponerse anestesia por una limpieza es verdaderamente de cobarde. A veces me gusta creer que no lo soy tanto.
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-Ffffffffffffffffshshshshshshhshhh.....
El ruido, sus ojos, la luz enceguecedora, mis saltos, la boca de Rocky Balboa en el descanso de un round, la saliva negándose a soltarse al enjuagarme, balanceándose como liana. Segundo round.
-Ffffffffffffffffshshshshshshhshhh.....
Toca un diente. Se siente un sonido de uñas rascando un pizarrón. ¿Ella ve los alrededores de mi boca abierta? ¿Cómo hace para no distraerse mirando mis expresiones de espanto? No es el dolor; es la intuición de que el dolor está por llegar. Va a tocar un nervio, lo sé. La sensación de un diente mal tocado no se compara con ninguna otra sensación en el cuerpo. Sólo la sentí ahí. Igual me contengo. Trato de mostrar lo menos posible, pero la cercanía es mucha. Si un psicólogo pudiera acercarse tanto tendría conclusiones tanto más certeras. Miro la luz, sigo sus ojos, oigo cada sonido y deseo tener una cámara. Es un momento muy cinematográfico.
-Buche.
Otra vez, la saliva se aferra al labio al escupirla.
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Aprieta el control remoto y me reclina de vuelta. ¿Cuánto faltará?
-¿Cuánto sale un sillón de estos? Así como para el living.
-Seguro que encontrás más baratos. No te lo recomiendo.
-Yo tampoco. ¿Quién quiere ver la tele en un sillón de dentista? No podría relajarme nunca.
-Ffffffffffffffffshshshshshshhshhh.....
-Buche.
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Parece que terminamos. Aguanté bien. No hizo ningún comentario comparándome con niños de ocho años. Ahora trae la dentadura de un hombre de boca enorme que ya no está y me enseña a cepillarme. Es la misma técnica que uso todos los días, pero no todas las noches.
-Para los dientes es más importante el cepillado de las noches que de la mañana.
-Pero para la vida en sociedad el de la mañana es vital.
Mi vanidad pregunta y ella responde que el blanqueamiento es un tratamiento que dura dos años. La obra social no lo cubre y sale $ 1500. Le digo a mi vanidad que cierre la boca. Sale más barato.
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Me acompaña a la recepción con una orden para una radiografía. Recomienda Diagnóstico Maipú.
-¿Seguro? Después de lo que le hicieron al país, tengo mis dudas. Y no fue sólo a la presidente. A mí me dieron una vez los resultados de otro.
-¿Dieron bien o mal?
-Mal. Pero fue un susto nomás. No sé cómo le habrá ido al que le dieron bien.
Se despide. Nos veremos pronto, para hacer la parte de arriba.
-Antes de irte, ¿qué se siente ver el miedo tan de cerca?
Por suerte, dijo que no lo disfrutaba.
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Le pido turno a la recepcionista joven y bonita.
-¿Te pidieron abrir la boca en la entrevista de trabajo? -pregunto.
-No. Pero yo tengo bien los dientes.
-Eso no deberían dejarlo a la casualidad. Una recepcionista de consultorio odontológico no puede tener los dientes torcidos y amarillos. Tienen que ofrecer el blanqueamiento obligatorio para los empleados.
-Yo tengo los dientes blancos.
-Ya sé. Por eso te contrataron.
Me hizo firmar cuatro veces. Una por consulta y las otras tres por cada limpieza que me hicieron. Tal vez fue una forma de certificar que la firma es mía. Deberían hacerlo más seguido. Que los falsificadores practiquen más.
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Saludo a la recepcionista y me voy.
Ella sonríe, por dentro.
Esta vez, dentro de mi imaginación.

lunes, 20 de febrero de 2012

CIEGOS DESALMADOS

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Si los ojos son la vidriera del alma,
¿qué tipo de alma tiene un bizco?
¿Torpe, distraído, narcisista?
Si es cierto, es injusto que sea tan evidente.
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jueves, 16 de febrero de 2012

DR. HOMBRE JOVEN

Es importante tener un medico clínico de confianza. Por fortuna me acordaba la calle del mío, así pude rastrearlo en la cartilla de la obra social. Iungman, se llama. Tengo que acordarme. Si no me acuerdo del nombre no hay tanta confianza. Nos habremos visto dos veces en cinco años, pero yo siento que hay confianza igual. Por algo lo busqué. Y cuando me dio la mano sentí en sus ojos que era recíproco.

La vieja debe ser pariente. Uno no elige voluntariamente a una recepcionista como ella. En la sala de espera habla con los pacientes como si fueran familiares.
-No, pero esa mujer siempre está de malhumor. Muy autoritaria. Yo quisiera un presidente más amable. Ah, tengo que llamar a mi marido. Un momento eh. ¿Hola José?

La imagino de dos maneras distintas:
1- Hablando constantemente con extraños. En el supermercado, en el cine, en el baño. De ésas personas que dicen todo lo que piensan y si no hablan es porque no piensan.
2- En el living de su casa con José, el marido, compartiendo un silencio eterno. Una vida tan en voz baja que, para compensar, agita la lengua en el trabajo.

Me dejó esperando al lado del portero eléctrico quince minutos. Subí cuando me abrió un vecino que me vio cara de paciente, aunque estaba impaciente, y me dejó pasar.
Entré al consultorio y la vi sentada como si tal cosa. Ni amagó a levantarse.
-Ah, te abrieron. Qué suerte, me ahorré el viaje.
Como si fuera casualidad. Nada de eso. Yo adiviné su estrategia: mentir que baja y esperar a que abra un vecino. Al segundo o tercer timbrazo tal vez se hará cargo. Total, abajo o arriba hacemos lo mismo: esperar. Si somos pacientes es porque tenemos paciencia.

Quisiera explicarle que no es lo mismo. Uno abajo tiene la esperanza de subir y que lo atiendan al horario que uno pactó. Es absurdo pensarlo, luego de treinta años de experiencia con médicos, pero la esperanza es lo último que se pierde. Igual no la culpo. A su edad bajar cada vez que llega un cliente (éso somos a fin de cuentas y es mejor que llamarnos enfermos) es un despropósito. Calculale unos cuarenta ascensores por día. Es casi como ser ascensorista. Y ése no es trabajo para una vieja. Este tampoco, pero si suelta el trabajo que imaginamos le dio el sobrino, sólo le queda un living silencioso. La muerte.

-No pasa la tarjeta de la obra social. Está sucia. Voy a tener que pasarla a mano.
-No soy bueno cuidando las cosas.
-Ya veo. ¿Ya viniste antes?
-Sí.
-No te veo. ¿Estás seguro?
-Sí.
-¿Hace cuánto no venís?
-Años.
-¿Cuánto? ¿Dos, cuatro?
-Sí. Dos, cuatro.
-No está tu ficha.
-No importa. No habían anotado nada importante. Y el nombre me lo acuerdo.
-Pero la ficha tiene que estar. ¿Seguro que viniste antes?
Lo dice con la convicción de que es imposible lo que está sucediendo. Las fichas se hacen siempre y no se pierden nunca. Tal vez yo mentía. Me senté a esperar.

Cuarenta minutos después llegó mi turno. Iungman me dio la mano con la confianza que tienen dos hombres que se conocen desde hace años.
-El chico no tiene ficha, hay que llenarla.
-Pero si a él lo conozco. ¿Vos viniste antes no? Más de una vez.
La vieja no lo podía creer. Yo había dicho la verdad. La ficha se perdió. Y era su responsabilidad.
-No pasa nada Esther, hacemos otra.
Entré recordando por qué siento que Iungman es mi médico clínico. Me gusta su forma de dar la mano, la manera en la que le habla a su recepcionista, cómo se toma la vida. Un tipo respetable.

-Me quiero pegar un tiro en las bolas -es lo primero que dijo-. ¿Viste a la rubia cuarentona que salió recién? Cuarenta minutos me tuvo hablando. No tiene nada. Vino a contarme su vida, sus desgracias. Le salió un sarpullido de tanto drama que se hace y viene y me lo cuenta todo. ¿Sabés que pasa? Es pariente. Y uno tiene que escuchar. Pero cómo le digo que no la puedo ayudar. Tiene que ir a un psiquiatra.
-Y, cuando pariente y paciente se juntan, no es fácil.
-¿Qué te trae por acá?
-Estoy pagando 500 pesos mensuales de obra social. Después de dos años sin ir al doctor me decidí a usarla, porque sino me siento un estúpido.
-La Obra Social es como un seguro. Mejor no usarla.
-Ya sé. Hace diez años tuve un accidente y la exprimí. No sé qué hubiera pasado si no la tenía entonces. Por eso en parte siento que pagarla hoy, sin pedirle nada a cambio, es como un tributo. Un agradecimiento. Igual me siento un estúpido.
-Bueno, pero ¿qué te aqueja?
-El amor, el trabajo...
-Eso nos pasa a todos.
-Ya sé. Pero saberlo no me hace sentir mejor. También quería venir porque hay que hacerse un chequeo cada tanto. Tengo la sensación de que todos vamos a tener cancer. Lo crucial es encontrarlo a tiempo.
-No es así. Eso no pasa.
-El cancer, hoy, debe ser la causa de muerte más popular en el mundo.
-No. Eso no es cierto.
-Es eso o un aneurisma o un accidente de tránsito. Una de esas tres muertes es la mía. Casi seguro.
-¿Sabés cuál es la más común? El ataque cardíaco.
-Ahora que lo decís siento unas puntadas en el pecho cada tanto. Es acá, justo del lado izquierdo. Un amigo dice que son gases acumulados, ¿pero cómo llegan tan arriba? Además cuando nadie se da cuenta yo los suelto. Hay cagadas que se resuelven con un pedo.

Iungman insistió con que el ataque cardíaco es el ganador. Yo le creí: veía seis diplomas colgados en la pared. No llegué a leer, pero asumí que tenían su nombre. Decidí repasar las muertes de las últimas semanas para certificar:

El padre del colo: Infarto en Brasil. ¿Cómo puede ser en vacaciones? ¿Te puede agarrar un ataque al corazón cuando estás relajado?

Whitney Houston: Los diarios tenían su página homenaje lista desde hace veinte años. Drogadicción severa. Al final se le paró el corazón, pero no cuenta.

Oscar Núñez: Cancer. No me afectó mucho porque en mi mayor recuerdo del actor, cuando le daba las estampillas a Darín en Nueve Reinas, ya daba la sensación de que se estaba muriendo.

Ben Gazzara: Cancer. Este actor me dolió más. Lo quería por su gran protagónico en Historias de ordinaria locura y su buen papel en Happiness. Para honrarlo me bajé Husbands y The killing of a chinese bookie. Todo actor que haya trabajado con Cassavetes, debe tener en sus películas el papel de su vida.

Nelson: Amigo de Ernest, compañero de trabajo. Se tiró abajo de un tren a los 19 años. No lo conocí. Dicen que andaba en las drogas y que era muy inteligente. ¿Por qué abajo de un tren? Hay que pesar en el maquinista, en los padres que deben reconocer el cuerpo, en la posibilidad de quedar muerto a medias un rato largo. No se qué tan inteligente era. Tampoco sé si al llegar a esa situación queda espacio para pensar.

Luis Alberto Spinetta: Cancer. Me tocó su ausencia, pero no dije nada en el facebook. No entiendo la gente que da sus respetos por ahí, como si los diarios fueran a levantar nuestra importantísima declaración.

Tío de Jessica: Ataque cardíaco. Fui a la cocina de la productora a buscar algo y la vi a Jessica en el patio, con el celular, empezando a llorar antes de que el llanto comience. Llegué justo para ver la noticia de la muerte en su cara. Cruzamos miradas a distancia y me fui. Fue raro.

Siete muertes en dos semanas es mucho.
El 2012 arrancó fuerte.
Resultado final:
Cancer 3
Ataque al corazón 2
Drogas 1
Suicidio 1
Caso cerrado.

-¿Tuviste familiares con cancer?
-Mamá murió de leucemia.
-No te preocupes que eso raramente se traslada en los genes. Pero es cierto lo que decís de agarrarlo a tiempo. Hay gente que va de cuerpo con sangre y no hace nada. Saben que tienen algo, pero se niegan a hacer la consulta porque no quieren averiguarlo.
-"No voy al doctor que seguro me encuentra algo".
-Eso mismo. Y sin saberlo pierden muchas chances. Bueno, vamos.

Me gusta la intimidad que se genera con el médico cuando pide que me saque la remera, apoya su estetoscopio en mi espalda, acerca la cara y escucha. Yo respiro hondo, como él manda, siento el frío y presto atención al silencio. No es nada sexual. Simplemente disfruto que me cuiden, que se fijen en mí. Lo mismo me pasa con el peluquero cuando me toca el pelo.
-Tenés la presión baja, pero eso es bueno.
Al final es verdad: peso 57 kilos. Me había pesado en la cinta para las valijas del aeropuerto, que dio 57, y después en la balanza del baño del hotel, que dio 52. Tenía fe en que el aeropuerto se equivocaba porque estaba hecha para valijas. Pero no. Tengo que adelgazar. La edad la decide el calendario; sentirme joven depende de mí.

Iungman recetó un electro con esfuerzo físico y un análisis de sangre.
-¿Vos cumplís la regla de los doctores o se te entiende la letra?
-La mía se entiende. Fijate.

Leí:
1.Ego___tría de 12 d___ción. D__y: Evaluación precompetitiva.
No estaba mal.

-¿Por qué se les entiende tan poco? ¿Tan apurados escriben? Están tratando con la salud de la gente. ¿No pueden tomarse el tiempo de escribir en imprenta?
-Escribir hincha las bolas. Y los médicos se entienden la letra entre sí. El problema a veces es con la farmacia, que te pueden dar cualquier remedio.
-¿Vos sos algo de Carl Jung?
-No creo, había muchos hombres jóvenes por ese entonces.

Quedamos en que hago los estudios y regreso. Nos dimos la mano firme. De atrevido le di también un abrazo. No correspondía, pero creo que le gustó. Hay confianza.

lunes, 13 de febrero de 2012

CENSURA

A mi querida amiga Natalia,
que me encargó una nota de personajes femeninos cinematográficos
para la revista Entrecasa en honor al Día de la Mujer
y debió mutilarla más luego
le digo:

1. Debió utilizar descargas eléctricas para hacerme saber todo lo que no podía escribir por el tono y perfil de la revista.

2. Debió saber que la nota me la estaba encargando a mí y que por naturaleza yo iba a ubicarme en el centro de la nota, y no escondido a los márgenes. Mi retorno fugaz al periodismo no iba a ser justamente cumpliendo las reglas.

3. La comprendo en su decisión, pero no voy a callarme. Aquí, la nota censurada, para las pocas mujeres que lleguen a leerla
en la oscuridad del blog:

EL TÍTULO TE LO DEBO

El Día de la Mujer no tiene la prensa que se mereciera. Muchos no saben qué día cae (el 8 de marzo) y algunos pocos, chapados a la antigua, dirán que pasa desapercibido porque las mujeres ya tienen un día: el Día de la Madre. Pues no. La década del ´50 ya pasó y en los tiempos que corren -que vuelan- no es necesario ser madre para recibirse de mujer. Desde la redacción de la revista, entonces, decidimos subsanar esa falta de prensa con esta misma nota, que se propone resaltar el protagonismo que merecen las mujeres con un repaso de sus más grandes representantes en el cine en pos de una misión crucial: encontrar a la Mujer Entrecasa.

Es extraño descubrir, a lo largo de la historia del séptimo arte, un alto porcentaje de hombres acaparando los pósters de las películas. La estadística indica que superan al sexo opuesto (¿por qué opuesto? ¿no sería mejor llamarlo complementario?) en ese rubro. Enorme injusticia. Si lo cierto es que, en la vida real, las mujeres son tanto más protagonistas. Marcan el ritmo de la existencia con sus emociones desbordantes y la capacidad innata para ser el centro de atención. ¿Por qué no se traslada eso en equivalente proporción a la pantalla grande? ¿Será que hay mayoría de guionistas masculinos y se toman revancha para equilibrar? De nuevo: es extraño. Porque las mujeres sienten más, casi que no pueden evitarlo. Ellas se nutren de emociones y el cine respira eso mismo. Aclaro que esto tampoco es normal. Si arrojo tantas flores es en homenaje al Día de la Mujer. Recójanlas y pónganlas en floreros. No es cosa de todos los días. Es tiempo de admitirlo: yo soy hombre.

¿A quién se le ocurre encargarle la nota del Día de la Mujer a un hombre, dirán ustedes? ¿Para qué correr el riesgo de que escriba: “Que exista el Día de la Mujer implica, por omisión lógica, que todos los demás son Días del Hombre”? Olvídenlo. No voy a dar nombres. Es cierto que podría haberla escrito con seudónimo (Rosalinda me gustaba), pero prefiero justificar la decisión editorial. Piénsenlo: ¿quién sabe apreciar a las mujeres mejor que nosotros? Que algunos de nosotros, quiero decir. Me anticipo a que digan que su pareja es la excepción. Soy de los que creen que todas las mujeres tienen ALGO. Todas merecen ser amadas. Quisiera ser como Marcello Mastroianni en 8 y medio, de Fellini, pero sin el látigo. Cultivar un harén armónico. ¿Será posible? Pero eso no es todo. Porque yo no sólo amo al género femenino. Soy un amante ecléctico. Me gusta la variedad. Amo a todos los géneros. Eso me permite buscar a la Mujer Entrecasa en todo el amplio espectro del cine.

Puedo encontrarlas en situaciones impensadas. La mayoría estarán en comedias románticas, pero es posible que otras emerjan en el suspenso más profundo, o en dramas de época. Tal vez en comedias absurdas, películas de culto o cine de autor. Podrían estar escondidas en todo tipo de obra cinematográfica. En los westerns y el cine bélico intuimos que no, aunque tampoco habría que descartarlo. Queremos hallar a la Mujer Entrecasa. Capturarla, retratarla, etiquetarla, bañarla de luz. El cine es un espejo que nos muestra a las mujeres que ustedes quieren ser, a las que nosotros deseamos amar. El prisma donde cada quién puede hallar su reflejo. Descubrir a quién se quiere parecer, con quién se siente identificado. Yo quiero ayudarla a usted, Mujer Entrecasa, a ver su cara en el prisma. A encontrarse a sí misma en su día, para brindar por usted, con usted. Olvídese de que soy hombre. Para acortar distancias, escribo esta nota con peluca, vestidito y los tacones de mamá, como cuando chico. No me avergüenzo. Hay que probar de todo en la vida.

La anti Mujer Entrecasa

Pocas cosas son más difíciles que definirse a uno mismo. Algunos creen que, cuando se logra, se firma en ese mismo instante el certificado de defunción de la adolescencia. Ésos son los optimistas. Los otros creen que es un trabajo de toda la vida. Y puede ser cierto, porque es posible que recién después del funeral se pueda ver lo que pasó en vida para definir quién fue el que se fue. De cualquier manera, todos los que se tomen el trabajo de pensarlo probablemente coincidan en que el camino más fácil para empezar a definirse es tachar lo que no va. Estrategia que sirve tanto para buscar novia, elegir profesión o película de la cartelera de cine. Haciendo uso de la técnica recomendada, entonces, empezaremos a retratar la Mujer Entrecasa por su fotograma negativo: lo que no son.

Suponemos, por ejemplo, que jamás podríamos ser Elizabeth Taylor en ¿Quién le teme a Virginia Woolf? pues, con ese temperamento, nivel de alcohol y juegos virulentos con la pareja de toda la vida, debe ser bastante difícil soportar más de media hora entre casa. Tampoco somos tan frívolas y maliciosas como Goldie Hawn y Meryl Streep en La muerte le sienta bien, ni desalmadamente ambiciosas como Nicole Kidman en Todo por un sueño. Todas enormes mujeres de carácter fuerte, personajes inolvidables que las mejores actrices aman hacer, pero no ser. Somos gente bien. Sí, somos. Permítanme, por esta nota, ser una de ustedes. Necesito estar en su piel para entenderlas y tratar de definirlas. Además, estos zapatos de tacón me resuelven un problema de estatura que acarreo desde que aprendí a caminar. Sentados somos todos altos.

Siguiendo la anti recorrida, arriesgaremos que no somos lo suficientemente osadas para experimentar un menage a trois como lo intentó Scarlett Johansson con la explosiva Penélope Cruz (y el bombón Bardem, recordemos que soy una más) en Vicky Cristina Barcelona, ni mucho menos convivir entre tres con un hombre, por más encantadoramente diabólico que sea, como lo hicieron Michelle Pfeiffer, Susan Sarandon y Cher con Jack Nicholson en Las brujas de Eastwick. También, admitámoslo, nos falta una cuota de perversión para excitarnos con el maltrato del jefe como lo hace la masoquista de Maggie Gyllenhaal en la comedia romántica freak La Secretaria. Podríamos ser amigas de todas ellas, por su carisma y magnetismo, pero apenas se levanten para ir al tocador hablaremos mal a sus espaldas. Un poco por ser tan políticamente incorrectas y otro poco por envidia: ellas hacen lo que nosotras no nos animaremos a hacer.

Hay mujeres, por otra parte, mucho más fuertes que la Mujer Entrecasa por el simple hecho de que tuvieron la oportunidad de demostrarlo. No sabemos de lo que somos capaces hasta que la tragedia inmensa o la aventura descomunal nos toca la puerta. Deseemos que no suceda (o que si) y conformémonos con imaginar que ellas son lo que podríamos llegar a ser, llegado el momento. Como Julia Roberts en Erin Brockovich (o en Mujer Bonita, si nos sentimos audaces), Martina Gusman en Leonera, de Pablo Trapero, o Penélope Cruz en Volver. Mejor dicho: o cualquier actriz en una de Almodovar, que Pedro sabe pintar mujeres potentes, coloridas, lastimadas y sexualmente desatadas mejor que nadie. Tampoco seríamos capaces de ser groupies (traducción: fanáticas de un group), explorando los límites de la admiración por un artista, siguiéndolo a todos lados cual perro que come de su mano sin perder casi nunca el glamour, como lo hizo la encantadora Penny Lane (Kate Hudson) en Casi famosos. Y hablando de elegancia, tenemos la necesaria, la justa, pero no nos chorrea como a Gwyneth Paltrow, ya sea en su versión torturadora de chicos buenos en Grandes esperanzas (excelente película de Alfonso Cuarón, director de Y tu mamá también y Niños del Hombre) o en su versión excentric chic de Margot Tenembaun.

Habiendo tachado unos cuántos adjetivos que no deseamos tener - y que tal vez justamente por eso no tenemos-, y otros que desearíamos tener, pero no nos da el piné –ejemplo: todos los que se la adjudican a Cate Blanchett- vamos a cerrar diciendo que debemos contener nuestro costado superfluo y consumista (que nos divierte visitar cada tanto), así como nuestra naturaleza ambiciosa y competitiva (que debemos aprender a domar) para no parecernos a Reese Witherspoon en Legalmente rubia o Election, dos actuaciones destacables que amamos odiar. Y, si pudiéramos, nos permitiríamos ser un poco Gena Rowlands en alguna de las películas de John Cassavetes. Pero es agotador sentir tanto. Abrir el corazón con tanta amplitud como para que broten sin filtro los sentimientos que desbordan en su debilidad de corazón roto en Minnie & Moskowitz o sus amorosos brotes psicóticos (tan loca linda) de Una mujer bajo la influencia, tal vez de las mejores actuaciones que he visto de una mujer en el cine.

La Mujer Entrecasa.

Voy a empezar por decir que la Mujer Entrecasa necesita tener algo de Amelie. No porque tenga el physique du rol exacto, sino porque es mi deseo que Amelie exista, que pueda ser una de ustedes, y que, Dios mediante, llegue a ser mía en un momento dado. Ya sé, me fui de personaje. Yo era una de ustedes. Pero tal vez lo sigo siendo y el personaje pícaro, generoso y juguetón que encarnó Audrey Tatou (sólo podía ser ella) en la joya de Jean Pierre Jeunet me genera unas ganas irrefrenables de ser lesbiana por un rato. O será que quiero vivir en un mundo como aquel, o como el de Eterno Resplandor de una mente sin recuerdos, sin importar que sea Kate Winslet o Kirsten Dunst la que ocupe todo el lugar reservado a mis recuerdos con su ausencia, dejando un hueco latiendo con la forma exacta de su forma de ser. Cosas que uno no sabe que quiere hasta que el cine viene y deja en claro.

Ahora sí, licencias aparte, vamos a apostar convencidos que la Mujer Entrecasa es algo cercano a la figura de Meg Ryan en casi todas sus versiones: la de Sintonía de amor, la de Tienes un e-mail, la de Beso francés (comedia subvalorada con Kevin Kline) o, por supuesto, y especialmente, la Sally de Harry. Por su costado romántico, su capacidad de llorar y reír, de tomarse en serio a sí misma pero no tanto, de odiar a los hombres aunque sólo por un rato y de, si la situación emerge, fingir un orgasmo en un restorán. Tal vez esto último no (pocas de ustedes se animarían, admítanlo), y sin embargo elegimos a Meg como el emblema porque Cuando Harry conoció a Sally, de Rob Reiner, debe ser una de las mejores comedias románticas de la historia. También porque Ryan abre el juego para mencionar a esas actrices que uno cree, intuye, que en la vida real deben ser similares a sus personajes. Como Andie MacDowell en Cuatro Bodas y un funeral, Hechizo de tiempo (mentira, no existen mujeres tan perfectas) o en Sexo, mentiras y video, donde demuestra que además de ser angelical y tan ama de casa, puede portarse mal. O Minnie Driver en En busca del destino y, por qué no, Julie Delpy en Antes del amanecer/Antes del atardecer, que luego corroboró un poco la teoría con Dos días en París, ya que la escribió, actuó y dirigió situándose en un personaje que, como sospechábamos, es bastante parecida a ella misma. ¿Es menos mérito brillar en cámara haciendo un poco de uno mismo? No sabemos. Lo que sí sabemos es que, sean o no como ellas mismas, lograron dejar en pantalla algo genuino, que se asemeja en parte a la Mujer Entrecasa que queremos definir.

Pero no nos quedemos ahí. Subamos la apuesta y digamos que a veces, en invierno, frecuentamos pantalones largos, museos de arte moderno y psicoanalistas como Annie Hall, otro personaje que tiene un aire a la actriz que le pone el cuerpo: Diane Keaton. Que en primavera nos nace el impulso a ser un poco Geena Davis en Thelma & Louise sin llegar al extremo de arrojarnos al abismo para sacarnos la mochila del marido, los chicos y la vida de todos los días. Que en verano, cuando nadie nos ve, en el jardín trasero o en medio del living, nos despiertan las ganas de ser Julie Andrews y bailamos y cantamos solas dando en la tecla o sin pegar una nota cual Mary Poppins o La novicia rebelde. Y que en otoño volvemos a tener algo de la Keaton en Alguien tiene que ceder, en los malos días alguito de Annete Bening en Belleza Americana y, si el otoño es más profundo, un poco de China Zorrilla en Elsa y Fred, me soplan acá, porque no la vi.

Nos está faltando algo en esta receta. Tal vez los condimentos que sabe agregar Meryl Streep (¿la mejor actriz de la historia del cine?) en Julie & Julia; la inocencia de Anne Hathaway en El diablo viste a la moda o de Keira Knightley en todo lo que hace, y la pimienta dulce de Goldie Hawn en Tu casa es mi casa, comedión con Steve Martin, o en Hombre nuevo, vida nueva, con su hombre Kurt Rusell, joyita del cine Shampoo de sábado a la tarde en casa. Si fuéramos famosas seríamos como Julia Roberts en Notting Hill, si fuéramos hermosas como Juliette Binoche en Chocolate, si fuéramos sufridas como Helen Hunt en Mejor… imposible y si tuviéramos a Leonardo Di Caprio cerca, sin dudas Kate Winslet en Titanic. Que queremos vivir cualquiera de los romances de Realmente amor es una obviedad. Y que Winona Ryder en Reality Bites es otra de las mujeres de fantasía que si las conozco y las engancho, me caso, es otra. ¿La última obviedad? Todas tienen algo de Jeanne Moreau en Jules et Jim: el eterno capricho de querer lo que no tienen y, cuando lo tienen, ya no quererlo, queriéndolo a la vez, y no, y sí, atrapándonos en el medio, hasta que los pobres hombres entendemos que hay problemas que no los resuelve ni el paso del tiempo. Cierto, no debía cantarles estas verdades en el Día de la Mujer, pero no me pude contener. Ah, Jennifer Connelly es muy Entrecasa aunque no supe encontrar el personaje clave, y Marisa Tomei también, más en Sólo tú que en sus últimas películas, que son las mejores.

Ya se, señora, me va a decir que dónde está Marilyn, y Audrey Hepburn, y Katharine Hepburn, y Judy Gardland, y la Bardot. Se las debo. No se puede abarcar todo. Habrá, también, cinco o seis chicas que no se identificaron un soto con la nota. “Te olvidaste de poner que somos soñadoras”, dirá la séptima. Estoy seguro de que las omisiones y equivocaciones saltarán a la luz recién en el correo de lectores del próximo número. Un ejemplar de la revista que, por supuesto, preferiré saltear. Ustedes escriban igual. Lo importante es sacarse la angustia del pecho. Me ha sucedido que el alivio llega aún cuando me desahogo en un mail que no termino enviando. Así que espero con ansias sus cartas con recomendaciones que llegarán demasiado tarde. Ahora, con su permiso, me voy a sacar los tacones, que me duelen los pies. Felíz día.

jueves, 9 de febrero de 2012

RING RAJE

Estoy editando una entrevista a un amigo
que le hice en casa hace un tiempo.
.
Suena el timbre.
.
Bajo la escalera,
llego al intercomunicador.
No se escucha a nadie.
.
Sé que el falso teléfono aquel
es quisquilloso y funciona cuando quiere.
.
Pienso qué hacer.
No espero a nadie en particular.
Decido que si es importante insistirán.
.
Subo hasta la computadora.
Vuelvo a editar la entrevista.
Suena el timbre.
Puteo.
.
Bajo sabiendo lo que sucederá.
Sucede.
El intercomunicador no funciona.
.
Voy al ascensor.
Bajo hasta la puerta.
No hay nadie ahí.
Abro la puerta y salgo.
Nada.
Puteo.
.
Subo el ascensor.
Subo la escalera.
Retrocedo la entrevista
y sigo editando.
Suena el timbre.
Grito.
.
La concha de su hermana!
Hijo de mil puta!
Hola? Hola! Hola la concha tuya!
Todo esto lo digo pensando en el portero.
Debe ser el portero.
Hijo de puta vení a tocarme timbre!
Tomate el trabajo de subir!
Todo esto lo digo golpeando el falso teléfono contra la pared.
.
Decido que no estoy en casa.
Quien quiera que sea,
que la chupen.
.
Subo la escalera.
Voy a la compu.
Me pongo a editar.
Suena el timbre.
.
.
.
Por fin lo entiendo.
El timbre estaba grabado en la entrevista.
Hice una comedia de mí mismo.
Y no hay nadie para reírse conmigo.
Tengo que reírme sólo.
Y sentarme a escribirlo.

martes, 7 de febrero de 2012

UN GATO EN UN PISO VACÍO

Se murió una poeta que desconozco. Dicen que ganó el novel y en el Perfil publicaron una poesía que me dejó con ganas de leer más poesías. Un género que no suelo consumir.
Tratá de no sentir escalofríos:

Morir, eso no se la hace a un gato.
Porque qué puede hacer un gato
en un piso vacío.
Trepar por las paredes.
restregarse entre los muebles.
Parece que nada ha cambiado
y, sin embargo, ha cambiado.
Que nada se ha movido,
pero está descolocado.
Y por la noche la lámpara ya no se enciende.

Se oyen pasos en la escalera,
pero no son ésos.
La mano que pone el pescado en el plato
tampoco es aquella que lo ponía.

Hay algo aquí que no empieza
a la hora de siempre.
hay algo que no ocurre
como debería.
Aquí había alguien que estaba y estaba,
que de repente se fue
e insistentemente no está.

Se ha buscado en todos los armarios.
Se ha recorrido la estantería.
Se ha husmeado debajo de la alfombra y se ha mirado.
Incluso se ha roto la prohibición
y se han desparramado los papeles.
Qué más se puede hacer.
Dormir y esperar.

Ya verá cuando regrese,
ya verá cuando aparezca.
Se va a enterar
de que eso no se le puede hacer a un gato.

Irá hacia él
como si no quisiera,
despacityo,
con las patas muy ofendidas.
Y nada de saltos ni maullidos al pincipio.

domingo, 5 de febrero de 2012

EL LIBRO DE ARENA

Estoy abandonando el prejuicio de que Borges es solemne, críptico y que carece de sentido del humor. El libro de arena es, hasta hora, el que contiene los cuentos que más disfruté de él. Subrayé unas cuantas frases más que estas:

1.
Si esta mañana y este encuentro son sueños, cada uno de los dos tiene que pensar que el soñador es él. Tal vez dejemos de soñar, tal vez no. Nuestra evidente obligación, mientras tanto, es aceptar el sueño, como hemos aceptado el universo y haber sido engendrados y mirar con los ojos y respirar.

2.
Le pregunté si verdaderamente se sentía hermano de todos. Por ejemplo, de todos los empresarios de pompas fúnebres, de todos los carteros, de todos los buzos, de todos los afónicos, etcétera. Me dijo que su libro se refería a la gran masa de oprimidos y parias.
-Tu masa de oprimidos y de parias -le contesté- no es más que una abstracción. Sólo los individuos existen, si es que existe alguien.

3.
Los hechos memorables prescinden de frases memorables. Los soldados que están por entrar en batalla hablan del barro o del sargento.

4.
Lo sobrenatural, si ocurre dos veces, deja de ser aterrador.

5.
Como aquel rey que no soñó hasta que un hechicero lo hizo dormir en una pocilga.

6.
Noto que estoy envejeciendo; un síntoma inequívoco es el hecho de que no me interesan o sorprenden las novedades, acaso porque advierto que nada esencialmente nuevo hay en ellas y que no pasan de ser tímidas variaciones.

7.
No me abochorna haber querido ser periodista, rutina que ahora me parece trivial. El periodista escribe para el olvido y su anhelo era escribir para la memoria y el tiempo.

8.
Nunca Fermín Eguren me pudo ver. Ejercía diversas soberbias: la de ser oriental, la de ser criollo, la de atraer a todas las mujeres, la de haber elegido un sastre costoso y, nunca sabré por qué, la de su estirpe vasca, gente que al margen de la historia no ha hecho otra cosa que ordeñar vacas.

9.
Soy un hombre cobarde; no le dejé mi dirección, para eludir la angustia de esperar cartas.

10.
No hay un pueblo de la provincia que no sea idéntico a los otros, hasta en lo de creerse distinto.

11.
Cuando una cosa es verdad basta que alguien la diga una sola vez para que uno sepa que es cierto.

12.
Siempre uno acaba por asemejarse a sus enemigos.

13.
El planeta estaba poblado de espíritus colectivos, el Canadá, el Brasil, el Congo Suizo y el Mercado Común. casi nadie sabía la historia de esos entes platónicos, pero sí los más ínfimos pormenores del último congreso de pedagogos, la inminente ruptura de relaciones y los mensajes que los presidentes mandaban, elaborados por el secretario del secretario. Todo esto se leía para el olvido, porque a las pocas horas lo borrarían otras trivialidades.

14.
Todo viaje es espacial. Ir de un planeta a otro es como ir a la granja de enfrente.

15.
Un hombre no debe pensar en mujeres, sobre todo cuando le faltan.