miércoles, 28 de enero de 2009

HISTORIAS EXTRAORDINARIAS -TERCERA PARTE

Se establecieron detrás de un médano y prepararon las bebidas. El Misionero se despachó con su especialidad: Fernet en balde metálico.
-Es la Gatorade del momento! –dijo él después de probarlo.
-Cómo la Gatorade del momento?
-Claro… Después del fútbol no hay nada mejor que la Gatorade. Nada. Es exactamente lo que necesitás. Y en este preciso momento, este Fernet es mi Gatorade.
Sin embargo, enseguida la Rubia se despachó con un Fernet Menta totalmente inesperado. Y aunque no era tan refrescante, el suyo era ADICTIVO.
Él probó y no lo pudo creer. Convidó para certificarlo y Chocho tampoco lo pudo creer. Cuando se lo dieron a Pocahontas, descubrieron su naturaleza adictiva.
Ella bajo ninguna circunstancia accedió a devolver el vaso. Primero intentaron con chistes, después con el policía bueno y malo, y por último con amenazas directas.
No hubo caso.
Decidió que Pocahontas sería una heroinómana con pésimo compañerismo, y la tachó de su lista de posibles amigos en caso de convertirse en junkie.

A lo lejos vieron luces raras. Había varios colores: amarillo, rojo, verde, azul. Estaba oscuro y por la distancia no se distinguían bien; pero descartaron la posibilidad de que fueran autos porque las luces se movían individualmente. Como si un grupo de extraterrestres bajara a la playa a explorar con linternas de colores.
Hicieron lo que suele hacerse cuando aterriza un plato volador: se quedaron mirando.
-Qué es eso?
-No, pero fuera de joda, qué es eso?
-En serio, qué es eso?
-Basta chicos, con eso no se jode… a mi no me vengan con estas historias. Así no –se quejó José Paranoico.
Los más valientes empezaron a avanzar lentamente hacia las luces.
Adelante iba una línea formada por Difusa, Experienced Girl y la Rubia. Detrás, en la segunda línea, seguían él, Chocho y el Misionero.
-Las chicas adelante, como debe ser –dijo el Misionero.
-Y sí… imaginate si son extraterrestres. Es una buena táctica: les enviamos mujeres drogadas y contentas. Básicamente, lo mejor que tenemos. Si eso no les gusta, estamos perdidos.
Cuando llegaron, por supuesto, no vieron nada. Las luces habían desparecido.

Decidieron seguir camino y mudarse a la carpa inmensa de los cuatriciclos, en caso de que volviera a llover. Desde ahí también se veían luces raras. Era en la terraza de una casa cercana; salían chispas como si estuvieran haciendo un asado. Pero las chispas eran verdes. ¿Estaban asando a un humano? ¿Eran fuegos artificiales?
-Creo que ya se lo que es –dijo la Rubia, recién llegada a la carpa.
-Si es la del boliche de los bichos ya la pensamos –respondió Chocho.
Los misterios se acumulaban.

Una vez dentro de la carpa, todo lo externo resultaba sospechoso. Él, Chocho y Experienced Girl se quedaron un rato largo al borde del límite de la carpa mirando hacia la orilla. Veían a una figura difusa a unos diez metros de donde estaban parados; pero no era Difusa (ella estaba sentada con Invalid Man).
Los tres veían algo, no quedaban dudas.
-Es un fantasma.
-Es neblina concentrada.
-Es un voyeur.
-Es uno de nosotros que se pregunta si esas tres figuras son fantasmas, neblinas o voyeurs.
En silencio, también se preguntaban si lo estaban inventando.
-Basta, vamos los tres a ver qué es –dijo él-. La sugestión me está matando.
-No, no se puede. Hay que dejarlo ser sin preguntar. No podemos saber nunca –dijo Experienced Girl.
La película había cambiado de género. La última parte de la trilogía ya no era comedia existencialista, sino un thriller sobrenatural.

Para distraerse se quedaron charlando un rato sentados en ronda dentro de la carpa. Después de un tiempo notaron que hacía más de media hora que el Misionero estaba parado en un médano cercano. Lo podían ver desde ahí, pero no llegaban a vislumbrar qué estaba haciendo exactamente. Era imposible que se pasara tanto tiempo meando.
-Parece estar hablando por teléfono.
-Con quién? Tiene novia el Misionero?
-Le pasará algo?
-Para mí que está tirando facha al horizonte.
-Quizás es un espía de los extraterrestres, y está pasandoles nuestras coordenadas.
-Basta chicos, con eso no se jode… a mi no me vengan con estas historias. Así no –se quejó José Paranoico, una vez más.
Esta vez él sí se animó a acercarse. Subió lentamente el médano y lo vio hablando muy concentrado por celular. Le llamó la atención y le preguntó con los dedos gordos si estaba todo Ok.
-Y? Qué le pasa? –le preguntaron a la vuelta.
-Todo bien, dice que ya viene. Está hablando con su contestador.
Todos ríeron, aunque era una de las imágenes más tristes que podían llegar a existir. Un hombre llamando a su contestador para contarse a sí mismo lo bien que la estaba pasando con los chicos y todos los detalles del viaje.
Desolador.

Difusa le hizo puchero a Invalid Man y, a pesar de que la arena todavía estaba mojada, Mr. Barrabrava, el Misionero y Siempre Voluntario se embanderaron en una travesía hacia ninguna parte en busca de troncos secos. Siempre Voluntario no se andaba con chiquitas: su primera aparición era una Misión Imposible.

Ya sin Mr. Barrabrava, los miedos se incrementaron. ¿Y ahora quién iba a defenderlos? Estaban desprotegidos. Cada vez que alguien salía de la carpa, ya sea a hacer pis o mirar el infinito, la película de suspenso volvía a empezar.
-Mirá, ves eso? –señaló él a una figura poco visible a la distancia.
-Si qué pasa?
-Esa es la Tercera Persona. Nadie sabe quién es. Puede ser Chocho meando. Pero también puede ser un asesino, un Alf o un fantasma.
La Tercera Persona empezó a acercarse muy lentamente hacia la carpa. Era una sombra, podía ser cualquier cosa.
-Ahí viene. Seguramente es Chocho, pero ahora una parte de tu respiración se paraliza y pregunta: y si no es Chocho? La sentís a la respiración quietita, preguntando?
La sombra estaba más cerca, ya no había tiempo de escapar.
-Sí –dijeron las chicas.
Chocho llegó y vio una serie de caras de espanto.
-Qué les pasa?
-Nada, que eras la Tercera Persona, pelotudo. Cómo no avisás? –se quejó Pocahontas.
-Chocho no tiene la culpa -lo defendió él-. En un rato voy a ir a hacer pis, y cuando vuelva la Tercera Persona voy a ser yo. Todos vamos a ser la Tercera Persona porque siempre hay alguien externo, al acecho. Y en la oscuridad la Tercera Persona es una incógnita. Hasta que en un momento ya nos vamos a relajer. Y, como ent oda película de terror, cuando eso pase, el que se acerque va a ser alguien inesperado.
-Basta chicos, con eso no se jode… a mi no me vengan con estas historias. Así no –se hubiera quejado José Paranoico si estuviera con ellos. Pero la Tercera Persona en ese momento era justamente J.P.
Estaba arriba de un médano, mirando hacia el mar.
-Voy a hacerme Tercera Persona, ya vuelvo –dijo él, y fue hacia el médano.

José Paranoico estaba en paz, como un Hombre Mirando al Sudeste, pero con malla, sombrero de cowboy y anteojos de sol. Él lo copió y juntos fueron secuela: Hombres Mirando al Sudeste.
Hablaron del resentimiento que uno lleva a todos lados; esa especie de nube negra alrededor de la cabeza que oscurece los pensamientos dejándolos parcialmente nublados. Se dieron cuenta de que en ese momento la nube se había disipado por completo y decidieron recordar lo bien que se sentía no sentirla para tener por siempre la certeza de que era posible vivir sin ella.
El viento le volaba el flequillo. La luna ya se veía en el cielo y desde arriba del médano él se sentía como si todo lo que hubiera abajo, incluyendo el horizonte, fuera suyo.
-Qué cosa esto, no? –dijo -. Es una continuidad de momentos inolvidables.
-Lástima que en la práctica todo se pierde, hasta los momentos inolvidables –dijo J.P -Y más si vienen en continuado. Los aislados son más fáciles de recordar.
-A mí eso me desespera un poco. El dolor que siento cuando se escapa y se pierde un recuerdo… es como si YO fuera el que va desapareciendo de a poco. Creo que por eso me gusta escribir… para atraparlos.
-Es imposible. Aunque los atrapes igual se pierden. No es lo mismo.
-Yo creo que hay una forma de salvarlos. Sólo UNA, y es compartiéndo el momento con alguien. Porque en cada reencuentro los dos pueden recordarlo y revivirlo con sólo verse a los ojos. Y si lo revivís, ese momento sigue existiendo.
-Hasta que uno de los dos muera. Y después el último también se apague, como todo.
Se quedaron en silencio mirando al mar. Parecía que ese era exactamente el lugar para tener ese tipo de conversaciones.
J.P. miró abajo hacia la carpa, donde estaban los demás
-Fijate: nosotros ahora estamos como afuera. Somos los externos, los personajes secundarios.
Él iba a explicarle lo de la Tercera Persona, pero no dijo nada. Para qué, si ya lo había entendido todo.

Bajaron a ser Primeras Personas nuevamente. La ronda de Fernet seguía viva, y todos tuvieron conversaciones que no se recuerdan porque no fueron debidamente registradas. En una película, esta parte los mostraría riendo con música de fondo.

En eso vieron que desde la orilla, a lo lejos, llegaban tres nuevas Terceras Personas, pero aparentemente todos ellos estaban adentro de la carpa. ¿Sería Mr. Barrabrava y compañía? Pero si fueran ellos debían traer troncos y no precisamente del mar.
Nerviosos, todos se lamentaron de la ausencia de Mr. Barrabrava, garantía de seguridad, y de la maldita paradoja de que, cuando regresara Mr. Barrabrava, su regreso iba a ser tan terrorífico como este (si es que este no era efectivamente su regreso).
Las tres Terceras Personas ya estaban más cerca y no cabían dudas de que se dirigían hacia la carpa. Hacia ellos. Ya podían distinguir que venían con palos en las manos y pañuelos tapándoles las caras.
-Hola, quiénes son? –gritó Chocho asustado.
Las tres Terceras Personas no respondieron. Siguieron avanzando con sus palos y pañuelos, imparables, temibles. Sin Mr. Barrabrava ellos eran pan comido.
-Quiénes son? Misionero? Siempre Voluntario? –siguió Experienced Girl.
-Respondan por Dios!
-Dónde está Mr. Barrabrava? Dónde?
Ya estaban dentro del límite de la carpa. Todos se prepararon para lo peor. El más alto de los tres plantó su palo en la arena y se sacó el pañuelo, heróico.
-El Príncipe! –gritó él.
-Y Guitarrista… Duendecilla!
-Hijos de mil putas, por qué no respondieron?
-No los escuchábamos, por los pañuelos.
-Casi nos matan del susto, de dónde vienen con esos palos?
-Del bosque –respondió Duendecilla-, estuvimos todo el tiempo en el bosque. Salimos de ahí hace un ratito. Fue una travesía interminable.
Él se acercó y los abrazó a los tres.
-Bueno, pero lo lograron. Bienvenidos al final de la trilogía. Vamos a terminar con esto de la mejor manera.

Los invitaron a instalarse y tomar del Fernet-Gatorade (el Menta seguía sellado en las garras de Pocahontas). Brindaron e intercambiaron peripecias.
-Vimos unas luces de colores alienígenas –contó J.P.
-Nosotros también las vimos! –dijo Duendecilla-. Pero las vimos del otro lado. Eran seis o siete, de distintos colores… vinieron desde el bosque y fueron a la playa hasta el mar. Después volvieron al bosque y desaparecieron. Eran duendes!
-En serio?
-Duendecilla sabe, deben ser parientes.
-Basta, con eso no se jode –dijo J.P-, en serio eran duendes?
-En realidad no los vimos bien –explicó Guitarrista-, pero para nosotros era una Visita Guiada al Mar para Duendes.
-Ah, entonces no saben. Quizás eran los Hendicitos que querían ver el mar..
-Los qué?
-Nada, los Hendicitos… son de un chiste. No importa.
Una vez aclarados los asuntos incomprobables, se prepararon para lo que venía con buen ánimo. Todo estaba saliendo perfectamente.

Él fue a mear a los médanos y vio el milagro: Mr. Barrabrava avanzaba corriendo arrastrando un árbol entero!
Llevaba un tronco detrás de la cabeza agarrado con ambos brazos como Jesucristo, y de ese tronco salían sogas que se conectaban y ataban a una serie de ramas inmensas detrás de él. Era un hombre de fuerza sobrehumana demostrando su poder.
-Alabado sea Mr. Barrabrava! Y perdónanos tu crucifixión voluntaria...

Detrás de él venían Siempre Voluntario y el Misionero con más ramas. Llegaron con el último suspiro, apoyaron todo en la arena y se sentaron.
-Hacemos el fogón acá? –preguntó Chocho.
-No, vamos allá, donde escribimos “¡Es acá!” –dijo Difusa.
-Pero ahora ¡Es acá! es allá, y allá es acá. No tiene sentido.
-Pero lo habíamos subrayado!
Chocho se acerco a las ramas y notó que estaban mojadas.
-Me parece que esto no va a prender ni en pedo.
Después del esfuerzo, Misionero, Siempre Voluntario y Mr. Barrabrava quedaron mudos y sentados. El resto ya no dependía de ellos. La Misión Imposible estaba cumplida. ¿Qué más querían?
Chocho apiló las ramas de forma rudimentaria e intentó prender el fuego con ramas pequeñas y hojas sueltas.
Era imposible.
-Ya vuelvo –dijo, y salió a buscar alguna solución sin demasiada esperanza.

Los tres voluntarios eran testigos del fracaso del fogón. ¿Tanto esfuerzo sin sentido? El sonido de la desilusión es el silencio, y ellos lo estaban practicando.
Cuando alguien muere la gente suele callarse por un minuto, pero en la muerte del fogón el velatorio duró diez veces más. Fueron los primeros diez minutos tristes después de mucho, mucho tiempo.
La felicidad perfecta había sido contaminada, esa era la mayor tristeza.
Hasta que se escuchó un motor.

Nadie tuvo miedo esta vez (Mr. Barrabrava estaba de este lado de la cancha). El motor se oía cada vez más nítido, como una locomotora acercándose a una estación de tren. Y de pronto lo vieron: un cuatricilo iluminaba el velatorio.
Lo manejaba un desconocido, pero atrás suyo iba Chocho, más chocho que nunca, sonriendo con su gran boca chocha bien abierta, abrazado al conductor y agitando al viento un sombrero de cowboy. Fue la entrada estelar de su vida, y la estaba disfrutando como nadie. Chocho: el vaquero heróico. Chocho: el jinete cósmico a caballo del cuatriciclo, rescatando el fogón para limpiar la felicidad perfecta.
-¡Viva! ¡Viva! ¡Viva!
El desconocido del cuatriciclo trajo hojas y gasolina, y el fuego subió como un gran festejo. Sabio de perfil bajo, el desconocido supo ser héroe de incógnito y dejarle los flashes a Chocho. Todos le agradecieron, aunque el nunca supiera cuanto.

A la luz del fuego, los momentos inolvidables continuaron su continuidad.
La Rubia alzó al viento su molino de papel –regalo de Siempre Voluntario de camino a Gesell, para que no moleste- y sus hojas de plástico giraban rodando como si convocaran al pequeño extraterrestre de Mi Amigo Mac. Uiiiuuuu.
Invalid Man repartió las cartas imaginarias y él, Chocho y Experienced Girl jugaron un Chancho Inflado: el último que descubría los cachetes inflados perdía. Fueron las carcajadas más baratas que conocieron.
Después el cielo se abrió en un chasquido de dedos y subió el telón a toda su gama de estrellas. Él y Duendecilla bautizaron Perro Deprimido a un grupo de ellas, y se las guardaron para sí mismos junto con otros detalles que no deben escribirse.
Todo llegaba a su momento. Y ese momento siempre era ahora mismo.

Con el fogón aparecieron las chicas y chicos abstemios, sanos y salvos, entonando canciones de la infancia. Las cantaron de memoria, una tras de otra, con el mismo orden de los fogones del pasado.
Siempre Voluntario y su batucada propuso una canción de alabanza al sol, pero Guitarrista respondió con la canción antisol interpretada por el Polaco Albino amante del vodka y los días nublados.
Y el sol, con su silenciosa canción antipolacos, llegó para despedirlos.

Ya en la casa, él hizo lo posible para soñar, pero la pócima lo hacía imposible. Era como intentar dormir con las luces prendidas.
Finalmente decidió levantarse y bajar a escribir un poco.

Encontró una birome con forma de atrapa mariposas y se puso a cazar momentos. Uno por uno fueron cayendo. Y hasta encontró algunos recuerdos sin estrenar, como una reflexión que escribió sobre una película que todavía no había visto.
La película se llamaba Historias Extraordinarias; había leído sobre ella durante el último Bafici. Las críticas decían que la película iba a contracorriente del cine argentino solemne de historias mínimas, silenciosas, casi imperceptibles. Decía que era una épica de cuatro horas con historias infinitas que se iban contando e iban quedando en el camino para dejarle paso a las siguientes. Como una gran reivindicación de la ficción.
Pensó que la pócima era exactamente como la sinopsis de esa película. Que si se la toma con la gente adecuada, la vida se convierte en una ficción infinita de Historias Extraordinarias que van quedando en el camino.
Pensó que también era como volver a ser niños, porque en la infancia todo se ve con ojos nuevos y la imaginación es tan grande que se inventa ficciones en obras abandonadas, jardines traseros, sótanos, áticos e incluso habitaciones neutras.

Pensó todo eso y lo escribió justo antes de la palabra FINAL.

jueves, 22 de enero de 2009

HISTORIAS EXTRAORDINARIAS –SEGUNDA PARTE

Él y Chocho caminaban por una de las callecitas de tierra de Mar Azul. Habían logrado salir del bosque encantador junto con el Hombre Invisible que, arrepentido, también se divorció del Príncipe para ser LIBRE.
Los colores seguían estando. Por todos lados. Y ellos andaban con una liviandad similar a la que se conseguía con aquellas novedosas zapatillas Reebok del Pump it up.

En el camino se les cruzó un hombre. Con una rienda. Atada a un pony. Un pony de cabeza gacha. Con los ojos entrecerrados. Como si no hubiera dormido bien. Y arriba suyo, una niña. Feliz.
Él se sintió identificado con el animal. Estaba… sensible. Y entendía un poco mejor que siempre la verdadera naturaleza del asunto.
-Pobrecito el pony… -se lamentó.
-Por?
-Y… es mucho mejor ser caballo.
Ellos estallaron en risas. Pero él creía que era la pura verdad.
A veces, ser petiso, era contraproducente.

Un par de cuadras más adelante se encontraron con Invalid Man y sus Chicas Superpoderosas. Tenían todo muy organizado. Pocahontas sostenía un paraguas grande y, cuando Invalid Man fumaba, todas se agolpaban ahí dentro. Él exhalaba el humo -que quedaba retenido en el techo del paraguas- y ellas aspiraban el aire como cachorritos compitiendo por alcanzar un pedazo de la teta de mamá. Habían inventado la Pecera* Móvil.
Además, Experienced Girl llevaba dos parlantes portátiles conectados a su iPod en los bolsillos de su saco. Ella daba vueltas alrededor del paraguas pasando música de Pink Floyd con sonido surround, y agregaba efectos de burbuja de agua hechos artesanalmente con su boca. Una maravilla psicodélica.
Tenían la pecera. Tenían el estereo. Era como un auto sin auto. ¡El Auto Invisible!
Él se dio vuelta para preguntarle, pero el Hombre Invisible aseguró que suyo no era.
*Pecera: lugar cerrado donde el humo no escapa y se va tragando en cuotas.

Pasaron por la casa antes de ir hacia la playa. Él buscaba algo en el jardín trasero, pero no recordaba qué. Pocahontas estaba en una situación parecida.
-Di tantas vueltas a la casa que ya perdí la cuenta –contó ella.
-¿Hacemos una vuelta más en carrera de marcha?
-¿Sin correr?
-Sin correr.
Empezó a caminar más rápido, pero dándole cierta ventaja. Pocahontas iba primera cuando atravesaron el jardín delantero, pero él le pisaba los talones. Se dio cuenta de lo divertido que resulta ver a alguien esforzándose por correr lo más rápido que puede sin poder correr. Llegó un punto en que para ella fue inevitable hacer trampa, por la desesperación. Al final él le ganó corriendo, aunque ya se había perdido el espíritu de la competencia.
De todas maneras, siempre era mejor ganar.

Cuando llegaron a la puerta de entrada, todos los hombres estaban listos. Faltaban las mujeres. Pocahontas trajo el paraguas, aunque ya no llovía.
-No lleves paraguas. Los hombres no llevan paraguas. Los hombres se mojan.
-Pero yo no soy hombre.
-¿Para qué llevás el paraguas?
-Por si acaso.
-Por si acaso es de putos.
-Tampoco soy puto.
-¿Querés o no querés ser uno de nosotros?
Ella lo pensó un segundo.
-Quiero -dijo.
-¡Entonces compórtate como un hombre caracho! ¡Dejá el paraguas!
De alguna manera la convencieron.
-Además –agregó él-, nuestra pócima es anticlimática. No importa el tiempo que haga, ella todo lo puede. Es antilluvia. Como si fuera un campo de fuerza que crece en la capa externa de la piel. El agua rebota.
Nadie dijo nada, pero él sintió que estaban de acuerdo.

Ya estaban todos afuera de la casa distribuidos en la calle de tierra. Pero faltaba uno. En la espera, Difusa se divertía haciendo el Periscopio. Consistía en poner las dos manos una delante de la otra, como si fuera un periscopio. Dejando un agujero en el medio y poniendo el ojo en el agujero de entrada, las cosas se ven más grandes. Con todo detalle. Al enfocar toda la atención en ese agujerito pequeño que queda, lo demás pierde sentido y la imagen se ve nítida.
Él lo hizo y comprobó la mentira con la que venden el largavistas. Con las manos también se pueden ver granitos a kilómetros de distancia. Y los que están al lado de uno se ven más lejos, a otra distancia.
Cuando enfocó hacia Difusa, vio por su periscopio que ella lo estaba viendo a unos veinte metros de distancia desde su propio periscopio. Primero pensó que propio periscopio sonaba muy divertido. Después, comenzó la guerra de las miradas.
Desde las ranuras se veían a la perfección. Ella reía allá a lo lejos.
-¡Dejá de verme vos! –grito él.
No le gustaba sentirse observado, pero Difusa no abandonaba. ¿Quién soportaría más?
-¡Basta che! ¡Dejame en paz! –le gritó otra vez.
Esto le estaba afectando. Se sentía encerrado en su ranura, y atravesado por el agujero de enfrente. Decidió perder para no perder la cabeza.

El camino hacia la playa era en bajada. Las chicas iban más adelante, brincando como niñas, bien bien alto. Eran como duendecillas. ¿Dónde estaría duendecilla? ¿Seguría en el bosque con Guitarrista y el Príncipe?
Cuando las alcanzaron, escucharon a Experienced Girl adelantando el futuro:
-Cuando lleguemos a la playa vamos a dar vueltas y vueltas y vueltas y vueltas hasta caer en la arena.

Apenas llegaron a la playa, se dieron cuenta de que estaban divididos en dos grupos: los Coloridos y los Apagados.
Difusa era líder de los Coloridos: con su vestido verde vivo se había transformado en la Chica Fosforescente. Chocho parecía el líder de los Apagados, por su ropa gris y tez morena. Pero había algo raro en el medio. Una Voz llegaba flotando de alguna parte y no la podían distinguir.
--------------------Y entonces el Hombre Invisible se reveló como hombre invisible-------------------------------------------
La Voz dijo estar ahí. Dijo ser parte de ellos, pero de ninguno de los dos grupos. Todos quedaron patidifusos (Chica Fosforescente e Invalid Man más que nadie).
La Voz se describió a sí misma para que pudieran verla. Ellos inclinaron los ojos para seguir su descripción, y casi se mueren del susto cuando lo encontraron.
Estaba ahí, entre todos. Vestido de cepia, con remera de cielo nublado, piel de arena mojada y ni un pelo en su cabeza. Perfectamente camuflado: ¡El Hombre Invisible!
Cada tanto lo perdían, claro. Y él se hacía visible haciendo mortales y rondós fli flás. Coloridos y Apagados charlaban en ronda, de pronto sentían una brisa y de un vistazo les llegaba la imagen pasajera de las volteretas del Hombre Invisible, que se quería hacer ver. Era mágico.

Difusa estaba decidida a encontrar el lugar para hacer el fogón. Lo habían escrito en la arena, con signos de exclamación (¡Es acá!) cuando ellos estaban en el bosque encantador. La lluvia seguramente habría borrado la inscripción.
-¡No! –dijo Dufusa-. Si hasta lo subrayamos.
Entonces Experienced Girl salió corriendo hacia la orilla. Difusa la siguió y los demás se quedaron viéndolas a lo lejos como daban vueltas y vueltas y vueltas y vueltas hasta caer a la arena. Les salió perfecto. Lógico, lo tenían planificado.
-Qué cosa las mujeres, eh. Son otra raza.
-Siempre te sorprenden, siempre es algo nuevo –dijo Invalid Man.
Se dieron cuenta que Pocahontas estaba con ellos.
-¿Y vos qué hacés acá? Alguien que le suelte la correa a esta chica, che.
Todos se fijaron pero nadie la tenía atada. El Hombre Invisible juró que no tenía una correa transparente.
-No traje paraguas –dijo ella-. Ya soy una de los hombres.
-Si llegás a hablar de esto te enterramos.
-Ya hicimos tu tumba. Es justo debajo de un inscripción que dice ¡Es acá!
-Está subrayada.
Ella pareció entender la sugerencia. Era importante que esa pregunta eterna (¿de qué hablan los hombres cuando no están con las mujeres?) nunca encontrara su respuesta.

-El piso es el mejor lugar de todos –dijeron las chicas al volver.
Todos miraron la arena, pero no le vieron nada especial. En su vistazo alrededor, él vio pasar una ráfaga de una mortal atrás del Hombre Invisible. Cuando lo quiso felicitar, ya no estaba. Entonces quiso comprobar si era cierto lo que decían las chicas del piso y decidió llegar a él con la técnica de las medialunas infinitas.
Apuntando a la orilla arrancó su secuencia de medialunas continuadas, una detrás de otra. Llegó a contar veinte hasta que perdió la cuenta junto con la vista y el sentido común. Ya nada era común. El cielo estaba nublado y todo lo demás también: sus manos, el piso, su respiración. No sabía qué era arriba, abajo o al costado. Y cuando finalmente se desplomó, sintió caer hacia arriba.
Desde ahí abajo (o arriba, no estaba seguro) todo giraba y él no sabía si lo que se movía eran sus ojos, el mundo, su cabeza -al estilo exorcista- o su inconsciente. Le pareció que el movimiento era en el sentido de las agujas del reloj, pero también podía ser en el sentido que se repartían las cartas en una mano de poker. Quizás los dos sentidos coincidían (nunca estuvo seguro de cómo se reparten las cartas en el poker).
Hasta que en un momento, recuperó el foco. Y entendió todo.
Eran las nubes. Estaban tan tridimensionales. Crecían en capas de diversas formas y texturas, se apilaban unas sobre otras y parecían acercarse, envolverlo y llevárselo por partes.
Primero, su mente. Se le fue yendo de a poquito y él se dejó hacer.
Paradójicamente, mientras volaba entre las nubes, era su cuerpo el que hacía angelitos en la arena, muy despacito. En paz.
-El piso es el mejor lugar de todos –dijo al volver.

Cerca de la ronda, las tres chicas estaban acostadas en la arena como una Santa Trinidad. La cabeza de Pocahontas sobre el estómago de Difusa; la de Difusa sobre la panza de Experienced Girl, y la de ella sobre el ombligo de Pocahontas. Tan felices.
Invalid Man se maravilló con la escena y empezó a sacarles fotos con flash.
-Basta chicos –se quejó Experienced Girl-, flasheen con otra cosa.
Él giró la cabeza hacia la orilla y distinguió al Hombre Invisible sentado en silencio a unos metros de la Santa Trinidad. Estaba tan cepia como siempre, dibujando la situación a la distancia con lápiz en un cuadernito tipo sketchbook.
Él se sintió identificado con su distancia, porque cada tanto también acostumbraba a verse desde afuera. Solo que en vez de dibujar, escribía. Se alejaba un poco para que no lo vieran –por vergüenza-, y se mandaba mensajes de texto con palabras que ayudaran a recordar los momentos para luego salvarlos frente a la computadora.
Palabras como medialunas infinitas, propios periscopios o santa trinidad

Cuando la Santa Trinidad se disolvió, las chicas sintieron una urgencia de conectarse con la Rubia. La Rubia era primeriza en el universo psicodélico e, ingenua, se había encaminado en un viaje a Villa Gesell con el Misionero y Mr. Barrabrava. No los veían desde las cinco de la tarde, cuando todos brindaron con la pócima en cartoncito.
-Hay que llamar a la Rubia.
-Dónde está la Rubia?
-Llamá a la Rubia!
Invalid Man abrió el celular y marcó el teléfono.
–Quién quiere llamar a la Rubia? –respondió un eco cercano.
-La Rubia! –gritaron las tres. Y se abalanzaron corriendo hacia la oscuridad de la playa, hasta que la encontraron y le hicieron montonera de abrazos.

Todo llega en la vida. Sólo hay que saber esperar.
La diferencia es que, con la pócima, todo llega inmediatamente. Esa es su magia.

Con la Rubia, también llegaron el Misionero y Mr. Barrabrava junto con los demás.
También cayó la noche, definitivamente.
Y la secuela moría en trilogía.

martes, 20 de enero de 2009

HISTORIAS EXTRAORDINARIAS – PRIMERA PARTE

Eran muchos, más de quince. Todos tomaron su ración y se dispersaron. La aventura recién comenzaba.

Él se internó en el bosque junto al Chocho, la Duendecilla, el Guitarrista, el Hombre Invisible y el Príncipe (aunque todavía no se sabía que el Hombre Invisible era hombre invisible ni que el Príncipe era príncipe).
Era un bosque de piso anaranjado debajo de un cielo parcialmente nublado, con probabilidades de lloviznas.
-¿Nunca estuviste en un bosque de Arrayanes?
-No, ¿Cómo es?
-El bosque es naranja por los troncos de los árboles. Parece que es de los únicos bosques de Arrayanes que existen e el mundo; es una de esas razones por las que deberías estar orgulloso de ser argentino. ¿Te sentís orgulloso?
-No.
-Porque no fuiste. Cuando vayas, te vas a sentir. Dicen que ahí fue donde Walt Disney hizo Bambi. Siempre me lo imaginé sentado en el bosque con un caballete dibujando a los bambis que pasaban. Recién ahora me doy cuenta de que la imagen es ridícula.

Miró al piso para ver de cerca la causa del naranja. Era por los miles de residuos que caían de los árboles: especies de pajitas unidas con la forma de los huesitos de la buena suerte del pollo que se sostienen con el dedo chiquito para pedir deseos.
El viaje empezaba en un bosque con piso de deseos. Pensó que era buen augurio, y deseó únicamente que los deseos se cumplan.

Se le ocurrió que alguien una vez deseó con mucha gana que existiera en alguna parte un bosque de deseos; y el pobre todavía no se había enterado que su deseo ya se había cumplido del otro lado del mundo. Acá mismo.
El bosque era un secreto por dos razones:
a) La gente que pide deseos con residuos de árboles que tienen forma de huesito de pollo son minoría.
b) Los que piden deseos después se olvidan de fiscalizar su cumplimiento. Así es que nadie averigua qué métodos para pedir deseos son los que en realidad funcionan; y nadie toma a los verdaderos con la seriedad que se merecen.

Empezó a lloviznar a eso de las seis de la tarde. Habían caminado menos de una hora, pero él ya se sentía perdido. Era una costumbre suya desligarse de la ubicación siempre que estaba rodeado de gente. Creía que su función era la de generar conversaciones. La orientación le correspondía a otro.

La lluvia se hizo fuerte. Chocho sabía volver, pero los demás querían seguir. Había varios caminos por elegir.
----Y entonces El Príncipe empezó a erigirse como príncipe-----.
Caminaba delante de todos, marcando el camino con su buzo rojo agarrado únicamente de la capucha a su cabeza. Le colgaba como capa, con las mangas libres de brazos. Tenía la cara muy Daniel Day Lewis –según como le diera la luz- y un palo de bosque (hermano del alma) para reafirmarle los pasos. Era un líder romántico, soñador, lleno de buenos sentimientos. Lo veían brincar por el sendero y mirarlos cada tanto desde arriba de la ladera para señalarles el camino.

Chocho tenía la certeza de que su camino no los llevaría a ninguna parte o de que, al menos, no los llevaría a la playa, a donde querían llegar. Eso no importaba. Estaban contentos de poder seguir a un Príncipe.
Él nunca había visto a uno tan de cerca.
-Son como nosotros, pero distintos –pensó-. Eso se ve enseguida.

El Príncipe se detuvo frente al cementerio del automóvil. ¿Cómo habría llegado hasta el bosque?
El coche estaba destrozado a un costado del sendero, cubierto por ramas de un árbol caído. El Príncipe se acercó, chequeó que no hubiera sobrevivientes y luego lo golpeó con su palo en el capot, como si lo estuviera bautizando.
-Listo –dijo-, lo acabo de hacer arte.
-Si no fuera por el auto, diría que es una naturaleza muerta.
De pronto, un hombre bien flaco y largo, con barba también larga pasó por el camino a unos metros de ellos. Llevaba de su mano a una niña también flaca y larga larga.
-Shh –dijo el Príncipe agachandose-. Mirá, Duendecilla: fauna!
-Es un yeti! –se asustó él.
El yeti los vio y saludó con la mirada. Ellos sonrieron. Por suerte era un yeti bueno, como el de los Henderson.

Se sentaron sobre unos troncos. El Guitarrista pareció emocionarse. Miraba hacia arriba, a todos lados, y con los ojos llorosos se llevaba la mano al pecho, golpeándose el corazón.
-Vos y yo bosque… vos y yo… de corazón te lo digo eh.
-Si, no? El bosque es otra cosa.
-El bosque es una de las mejores cosas que hay en el mundo –dijo el Guitarrista-. Hay pocas cosas mejores que el bosque… y una de ellas son los ácidos.
Todo rieron. Lo gracioso es que era verdad, por supuesto.
-Además una vez que estás adentro del ecosistema te sentís parte. Como si pertenecieras.
El Príncipe asintió con toda su sabiduría:
-El bosque te envuelve. Pero también te puede llegar a encerrar, como aquellos bosques de las leyendas. Una vez que entrás no podés salir: quedaste atrapado.
-A mí me pasó una vez eso mismo –dijo él-. En un ascensor.

La lluvia se había agotado. O sea, ya no tenía gotas.¿Por qué uno está agotado cuando se siente cansado? Si transpira más.
Él se dio cuenta de esto, pero también se dio cuenta que el piso ahora era de arena. Y que el MEJOR MOMENTO es después de la lluvia. No existe un mejor clima.
Después de la lluvia las plantas despiertan con olores y colores. Después de la lluvia la arena es perfecta para hacer castillos. Después de la lluvia la naturaleza festeja, y si no te das cuenta, es porque no sabés ver. O porque no tomaste la pócima.
Le dieron ganas de hacer una canción que se llame Después de la lluvia, pero pensó que seguramente ya la habría hecho Tolkien, y desistió.

Finalmente El Príncipe los guió hasta el final del camino. La ladera subía, el piso era de arena, no quedaban dudas: del otro lado verían el mar. Subieron corriendo hasta arriba de todo como niños yendo hacia el arenero. Cuando llegaron, vieron que estaban rodeados de árboles por todos lados. El mar no se veía por ningún lado.
-Vení, subí vos también –le gritó el Príncipe a Duendecilla, que se había quedado abajo-. Vas a ver qué decepcionante que es… no te lo podés perder!

Él vio al Príncipe con su palo arriba de la ladera mirando hacia el bosque infinito. Sintió que estaba dentro del final sorpresivo de la primera entrega del Señor de los Anillos.Chocho sintió exactamente lo mismo. Ambos decidieron que era momento de separarse del Príncipe. Necesitaban hacer su propio camino.
Guitarrista, Duendecilla y el Hombre Invisible decidieron quedarse.
-Ya nos veremos en la tercera parte, dondequiera que sea –les dijeron.
Y se fueron. Hacia la secuela.

viernes, 16 de enero de 2009

FILOSOFIA DARKY

Toda felicidad es pasajera.
Por eso, la creatividad es vital.
.
Cuando lo que nos hacía felices pasa a ser costumbre,
hay que imaginar nuevas razones para ser felices.
.
.
Estar deprimido es más fácil.
Basta con una idea.
La misma de siempre.
Inmovil, inevitable, irreversible:
.
Yo
también
voy
a
morir.
.
.
No se necesitan nuevos argumentos.
Funciona cada vez que quieras deprimirte.
.
A menos que estés tan deprimido,
que esa idea pase a ser algo positivo.
.
Entonces estás jodido.
.
.
.
Puede que la felicidad también tenga su idea fija.
Una que funcione cada vez.
Inmovil, inevitable, irreversible.
Y tan simple como aquella.
.
El problema es que somos tan complicados,
que hasta lo más simple se nos vuelve invisible.
.
A veces la belleza del mundo
está tan cerca de los ojos,
que se vuelve rutina.
Y no la vemos.
.
.
.
.
.
P.D: Nunca quise ser cursi. Pero cada tanto me sale.

miércoles, 14 de enero de 2009

LAS COSAS COMO SON

Ayer leí que la palabra vacuna tiene su origen en una inyección de la viruela que afectaba a las vacas (y no a los humanos) en un chico pobre. Después le inytectaron la viruela posta y decubrieron que el pibe no moría. Por eso de los anticuerpos, claro. Y de ahí salió la vacuna, fijate. De las vacas.

De esa obviedad me surgieron otras dudas... Las zapadas vienen de frank zappa? Y las groupies se llaman así porque son fanáticas de un group? Pero los primeros fanáticos entonces eran fans del ático?

No está mal eso de llamar a las cosas por lo que son. Es más simple. Me gustaría que haya un restorán Finoli, un country Las Afueras y una banda de rock que se llame Ruido. Aunque creo que ya existe una que se llama Noise. Si yo tuviera una, para ser bien honesto, la llamaría Vergüenza Ajena.

Por favor, no lo comenten.
No quiero que me roben el nombre.

domingo, 11 de enero de 2009

MI PRIMER INDIO

Son pocos mis referentes musicales con vida. A Dylan fui a verlo el año pasado sólo para aplaudirlo. El recital fue un regalo extra, casi de yapa. Ahora le tocaba al Indio Solari; y en marzo, Radiohead. El combo completo.

Eran las cinco de la tarde y estábamos sentados en la vereda cerca del estadio único de La Plata. Alrededor nuestro, el Barrio Ricotero. Remeras de Los Redondos en todas sus variantes, cervezas en mano, vinos de cartón, puestos de chori, algún que otro tipo que se baja los pantalones como si estuviera en el living de su casa…
Por precaución, cuidamos de no dejar la mirada fija. Alguien lo puede tomar a mal y, en este Barrio, eso no conviene.

Para distraernos, vamos a comprar cerveza. Nos internamos por una calle lateral y vemos que todas las casas ofrecen las suyas en ofertas escritas sobre pizarrones negros. Entramos en una por el jardín donde un viejo asaba unas carnes sobre una parrilla puesta en el piso. Cuando llegamos al patio de atrás, una gran cantidad de gente bebiendo sobre autos abandonados deja de hablar por unos segundos. Nos miramos. Ellos, y nosotros.
En silencio, todos acordamos que no teníamos que estar ahí.

Una vez adentro, somos testigos de la inmensa poética de Solari.
Cada bandera tiene su frase propia, todas geniales:
Como no sentirme así.
Disfruta de los placeres que te quedan sin dañar.. dale dale!
El que abandona no tiene premio.
Siempre tengo a mi lado a mi Dios, en este día y cada día.
Lo mejor de nuestra piel es que no nos deja huir.
Este esqueleto me trajo hasta aquí.
Vivir solo cuesta vida.
Toda civilización exige una fidelidad.
Buena suerte y más que suerte.
Ladrón de mi cerebro.
Disfruto de mi enfermedad, donde sea como sea.
Por favor que el adiós no se alargue.

Se respira un aire distinto. Mítico. Hasta el vendedor de patys llama la atención:
-¿Qué le ponés?
-Mostaza.
-¿Y cómo te llamás?
-…
-Dale, así te lo dedico.
-Fernando.
El tipo me firma el paty. Un crack. Alguien de arriba le grita ¡dibuje, maestro!
-El mío con Ketchup por favor, así queda más lindo.

Por fin se despejan las nubes y vemos el amanecer. ¿O es el atardecer? La sensación es de amanecer, quizás por haber pasado toda una tarde nublada. Quizás por lo que está por venir. Es verdad que Cristina tiene súper poderes: es capaz de decretar que el atardecer sea a las diez de la noche. Y pensar que salí de mi casa a las dos de la tarde… nunca tarde tanto en ir a un recital. Fueron más de siete años.

El Indio está por salir. Siento como si fuera una nena de quince años lista para gritarle en la cara su amor a Ricky Martin. Es mi primer recital como fanático. La gente sigue entrando como hormigas. Todos tan distintos. Atrás mío, un muchacho tomando merca. Un poco más allá, un hombre agitando el brazo con su nene a cuestas que lo copia. El tipo, emocionado, no puede creer que puede compartir esto con su hijo. Quiere enseñarle, que se de cuenta.

Sale el Indio. Lo siento histórico. Una cancha entera alentando al mismo equipo. Y las canciones son mucho mejores que las de la selección.

El resto es de nosotros. De los que estuvimos.

Me sorprende que, días después, la frase que resuena en mi recuerdo sea de uno de sus discos solistas: “Pensando en vos siempre… siempre extrañándote…”.
Todavía me genera escalofríos, ganas de llorar.
Me hace acordar a mamá.

Acá está la canción:
http://www.youtube.com/watch?v=95mS34hmX9c

sábado, 3 de enero de 2009

DIARIO DE VIAJE - PARTE 2

VIERNES 26-DIA 3
12.30hs Llega el último auto. Lo mejor de la llegada de Martín es ver correteando a alguien más inquieto que yo dentro del grupo. Me siento… normal.

13.15hs Maia ya le hizo masajes a Agus y ahora también a Juan. Conviene hacerse más amigo. Nota mental: averiguar gustos en común.

14hs La carpa hoy está ocupada por los cuatriciclos. Nos instalamos detrás de un medano, cerca de una familia con un hijo de tres años. Oímos que la madre nos señala y le dice al pequeño:

-¿Ves Tomi? Esos son los drogadicticos. ¡Mantente bien alejado de esos drogadicticos!

Siento unas ganas irrefrenables de tener hijos propios. Corromper a los ajenos no es tan fácil como pensaba.

15.15hs Mati y Flor caminan por la playa de la mano. De fondo se oye la banda de sonido de una película romántica. A mí me pareció escuchar violines, pero otros aseguraron que no, que eran flautitas.

De ahí en adelante, cada vez que los vemos juntos, la banda de sonido los acompaña. Qué lindo es el amor. ¿Y si me compro un gato?

16hs Vamos a la casa a buscar sobras de la carne de anoche para hacer sanguchitos y la salsa de barbacoa tiene su momento estelar. Está como nunca. Me doy cuenta de que barbacoa es una palabra casi tan divertida como pionono. Barbacoa, barbacoa, barbacoa. Me sorprende que pudiendo decir pionono, haya personas que le digan arrollado.

17.30hs Sale el fútbol, por fin. Es Martín contra todos, y Martín gana por goleada. Sin embargo, Juan llega a hacerle un caño precioso y lo festeja más que todos los goles que hizo en su carrera juntos. Doy fe. Su expresión de sorpresa absoluta por lo que logró fue inolvidable. Después pude hacerle mi propio caño espléndido a Martín y llegué a una conclusión: en la playa valen más los caños que los goles. Sin dudas.

17.45hs Maia no sale del mar por nada del mundo. Mantenemos una linda charla en el agua que, sorpresivamente, no toca el tema del colorado Liberman y su tendencia a realizar fellatios. Ella es más judía de lo que pensaba, y no termino de decidir si eso es algo bueno o malo. Por si acaso no le pregunto sobre la existencia de rabinos que hagan porno kosher ni de dónde contactarlos, como me pidió mi hermano.

Finalmente la abandono porque debajo del agua hay objetos no identificados que me rozan los pies. Tengo la sensación de que me gané un masaje.

21.30hs Villa Urquiza está sufriendo cambios, y el tema está en boca de todos. Ari cree que en un futuro próximo debería llamarse Palermo Tranqui, pero yo propongo Belgrano Unplugged. Iván tiene miedo de que Palermo termine invadiendo a todo Buenos Aires. En caso de que lo intenten, sugiere juntar nuestro ejército en el Jardín Japonés, que es territorio neutral. Paranoia.

22.15hs Salen las pizzas a la parrilla y, luego de un rato, notamos que todas son de roquefort, incluso las de muzzarella. Veredicto: queso podrido. El mal gusto nos arruina hasta las porciones de pizzaiola, que ni siquiera tenían queso. Es una sensación. Como la molestia en los ojos después de sacarte la pestaña: aunque ya no esté ahí, sigue molestando. Algo parecido me pasa con Kirchner.

SABADO 27-DIA 4
11.45hs Sergi por fin se levanta y los más vivos festejamos en silencio. Estaba durmiendo en el piso de la cocina, tapando la heladera. Sin levantar la perdiz vamos a buscar los restos de la torta de chocolinas: es un saber universal que al otro día está más buena. Una sensación opuesta a despertarse con aquella trolita después de la borrachera.

12.50hs Rochi nos cuenta de un alumno que nunca jamás se corta las uñas de los pies. Dice que les crecen curvas y bien largas, como un Chino Mandarín, y que terminan dándole la vuelta entera hasta lastimarlo al caminar. Todos nos asombramos menos Ari que, por trabajar con zapatos, asegura haberlo visto todo.

-¿Ya viste más pies que conchas un ginecólogo?
-No sé, pero cada clienta tiene dos pies y cada pie es diferente. Creo que me falta, pero en unos años lo alcanzo seguro.

Se me ocurre una idea magnífica: Campeonato Nacional de Ginecólogos a desarrollarse en la habitación de un consultorio. Cada participante entra a oscuras y ve solamente lo que está iluminado: la concha. Tiene que adivinar el nombre de la paciente a la que le pertenece. Las conchas van entrando. El ginecólogo que adivina la mayor cantidad de sus propias pacientes, gana. Nota: también podría funcionar como obra de teatro.

13.40hs Martín y su sequito están desde las nueve de la mañana en la playa y cuando llegamos los vemos jugando a la pisadita en la orilla. Me arrepiento de no haber caído antes, pero al menos participo de la mancha saltada y el quemado. Enseguida cumplimos con nuestra responsabilidad de tirar al agua a Dani y Judith. Una vez adentro, miro hacia la orilla y no veo a mamá agitando los brazos como loca para que vuelva porque estoy muy lejos y se pone nerviosa. Era cierto que soy un tipo melancólico. Me dicen que salta a la vista, y eso me gusta.

15hs Decidimos alquilar cuatriciclos para ver si después nos prestan su carpa. Dani y ioni manejan muertos de miedo y yo aprovecho para asustarlos un poco más amagando a chocarlos. Me siento un pandillero. Jenny viaja abrazada a mí. ¿Se sentirá mi putita?

Coleamos, saltamos dunas, salpicamos agua en la orilla y nos quemamos vivos las piernas por el calentamiento del motor. Eso va a dejar marcas. Le digo a Jenny que le toca manejar y me mira dudando. Todavía esta fuxia, aunque de un rosa más gastado. Apenas me cuelgo atrás ella acelera, dobla para la derecha abruptamente y luego hacia la izquierda. Siento la premonición del cuatri volcando sobre nosotros y, por precaución, me le anticipo y salto a la arena “para salvar a Jenny”. Apenas caigo la rueda trasera me aplasta la pierna. Enseguida chequeo y confirmo que sigo siendo inmortal. No por nada me decían Gomita en la primaria.

Jenny está tirada más adelante agarrándose la pierna. Se ve que mi plan de estabilizar el vehículo sin la carga de mi peso no funcionó. El cuatri, como si nada, espera estacionado a un costado. ¿Habrá sido una venganza por lo de la carpa?

17.15 hs El cielo se nubla, parece que va a llover.

-De chico me dijeron que cuando llueve significa que Dios está parado en las nubes –me cuenta Martín, que creció en Misiones. ¿Eso lo hace misionero como San Pedro? Pobre San Pedro, debe ser aburrido coger siempre en posición horizontal. Pero hay consuelo, porque como me dijo un amigo que no cumple nunca la regla de mirar a los ojos durante el brindis: “ocho años de mal sexo siguen siendo ocho años de sexo”.

-Para mí llueve cuando Dios se para en las nubes y prende la ducha para bañarse –le respondo-, así nosotros vendríamos a ser la alcantarilla del paraíso. Los deshechos. Tiene lógica. Más cuando pensamos en Jairo Patiño.

18hs Justo antes de empezar, Dani nos reparte folletos antidrogas. Los leímos, pero no funcionaron.

18.15hs a 6.30hs HISTORIAS EXTRAORDINARIAS (próximamente… en post!).

DOMINGO 28 – DIA 6
11.30hs Despierto recordando parte de mi sueño. En un momento Sergi se refería a la infidelidad con el término slalom. Ejemplo:

-Se mandó un par de slaloms antes de volver a la casa. La mujer ni cuenta se da.

El término me pareció correcto, pero me quedó la duda de si se me ocurrió a mí que lo soñé o a Sergi que lo dijo en mi sueño.

13hs Desayuno resacoso en el jardincito. Descubrimos la tendencia prematura de Romi a tomar decisiones. A los seis años decidió que iba a ir a una escuela bilingüe para que mis padres ya no puedan hablar en inglés con mi hermano mayor como sistema de código secreto. También decidió su propia escuela secundaria, aunque papá no tenía tanta plata para pagarla (le pidió a los abuelos).

Se me ocurre que eso es lo que más nos diferencia.
Yo todavía no decidí nada.

14.30hs Luego de repetidas evidencias del trato de Judith para con los mozos, entendemos que ella no quiere que la atiendan. Quiere que la sirvan.

15hs Se comenta que hay un leve picanucas dando vueltas. (Picanucas: dícese del hombre que intenta levantarse a la misma chica que uno está chamullando –picándole la nuca- o mismo a la novia establecida de alguno de los muchachos).

Le pregunto a ioni si, estando de viaje, autoriza que Ju tenga algunos picanucas revoloteándola; siempre y cuando esté firmado por Dios que el picanucas no va a llegar nunca al beso. A lo sumo, logrará algún masajito (y no de pies como en Pulp Fiction). Ju le mira de reojo la respuesta. Ioni quiere decir que sí, pero sólo le sale el sí bajo ciertas condiciones que garanticen la fealdad o idiotez del picanucas. O sea: no, no lo autoriza. ¿Seré el único chico que no es celoso? ¿O será que todavía no conocí a la chica que me haga celoso?

16hs Teoría existencialista: Dios inventó el mar para que los humanos aprendamos la verdadera naturaleza de nuestra histeria. Vamos corriendo muertos de ganas hacia él, convencidos de que lo queremos, pero cuando llegamos a la orilla y lo tenemos a nuestro alcance, ya no estamos seguros. Frenamos, nos quedamos mirándolo, sentimos el viento y retrocedemos cuando la ola rompe cerca de nuestros pies. ¿Es esto lo que queremos? ¿No estábamos bien como estábamos?

Yo no soy histérico, por eso siempre que entro al mar, entro corriendo. No me gusta eso de ir sufriendo cada centímetro nuevo que se moja, alzando los brazos como si nos estuvieran asaltando. Es una posición con escaso contenido sexy.

16.15hs Justo cuando estoy corriendo hacia el mar escucho al guardavida que advierte que está viniendo el viento. Ya adentro, me doy vuelta y veo una tormenta de arena de tamaño desproporcionado. Gente corriendo desesperadamente sus gorros por la orilla, sombrillas que llegan a volar hasta el mar (posta), gaviotas pasando como Ferraris, caos total. Me quedo en el agua más de la cuenta para no sentir los aguijones de la arena clavándose en mis piernas.

Todos lo tomamos como una sugerencia: así como las olas es la forma del mar de decirnos que no somos bienvenidos, el viento es la forma de la de insistirnos que nos las tomemos. Le hacemos caso y chau, Mar Azul. ¿Será hasta el 2009?

viernes, 2 de enero de 2009

DIARIO DE VIAJE - PARTE 1

LUNES 22 DE DICIEMBRE - DIA -2.
15.30 hs. Hace mucho que no estaba en una Comisaría. Lo bueno de esperar acá adentro es que te da la posibilidad de observar la dinámica de la vida social policial, si es que eso existe. Cómo se saludan, qué tan visibles son los rangos, cómo los hacen sentir. Escuchar que hay un 314 en curso y sospechar que no se trata de un colectivo. Ese tipo de cosas.
Lo malo de esperar, es que hay que esperar.
Cuando llega el Comisario me sorprendo de que no tenga bigotes ni cara de hijo de mil putas. Igual, tengo miedo. Pago el depósito por el alquiler de las dos cabañas en Mar Azul y me pongo contento de no confesarle que en vez de doce primos festejando navidad vamos a ser más de veinte amigos haciendo todo tipo de travesuras.
-Lo que te pido es que esta vez se fijen mejor lo que dejan tirado –dice.
Si es lo que estoy pensando, me sorprende que todavía no me haya arrestado.
-Cuando fuimos a limpiar el año pasado encontramos preservativos usados en uno de los roperos. Que no se repita.
-No, señor.
Me había olvidado del mejor jugador de las vacaciones pasadas y su sexo sigiloso en un cuarto compartido por varios despistados. Bien ahí.

MIERCOLES 24 DE DICIEMBRE - DIA 1
9.20hs. Estamos en camino, y el desayuno en Atalaya es ineludible. Me pregunto si las medialunas de acá son las más ricas o sólo las más famosas. Decidimos que en un momento fueron las más ricas, y por eso se hicieron famosas. Después la industria de las medialunas creció en cantidad y calidad. Sigo convencido de que las mejores medialunas de la historia siempre fueron las de la Confitería La Vicente López.

12.45 hs. La playa es amplia y ventosa. El calor pega fuerte, pero dicen que el sol del mediodía ya no es el más peligroso porque gracias a Cristina ahora el mediodía es, en realidad, la mañana. Por si acaso me pongo protector.

14.05hs. Se solicita el paradero del parador. No hay noticias.

16.20hs. Es unánime: Dani tiene la mejor piel. Es morenita, como la de Pocahontas, y estamos todos muy envidiosos. Ella, presionada, confiesa que usa cremitas. Discutimos lo difícil que es ser mujer y llevar el control de cada uno de los pelos del cuerpo. Sin embargo pienso que, de ser mujer, lo de las cremitas lo disfrutaría.

17hs. Mati maquina con que ioni va a tener la mejor pieza (cama matrimonial, apartada del resto, a prueba de sonidos… ideal para coger). Estamos aburridos y le insistimos en que haga quilombo a pesar de que Flor, su novia, llega recién el viernes. Finalmente la pelea telefónica entre ioni y mati no resulta tan divertida como esperábamos.
Sugiero que lo más justo sería que la pareja que más coja tenga la mejor pieza. Que se comprometan a un mínimo de polvos y luego traigan los preservativos como evidencias. De paso certificamos que no queden tirados en el armario.
Por alguna razón, la idea no prende. Desazón.

18.07hs. Se me ocurre que un mondongo de morondanga seria un morondongo. Brillante.

19.50hs. Confirmado: todos los mates del día son un fiasco. Abandonamos la playa derrotados. Nota mental: antes de ser padre, tengo que aprender a cebar. Al menos para poder criticar los mates de mi mujer sin sentir culpa. Las chicas, esta vez, zafaron.

20.45hs. Llega el tercer auto a la cabaña. Mati merodea su pieza para asegurarse de que es la suya. Parece un perro dando vueltas antes de acostarse. Me dan ganas de dibujarlo pero no tengo papel ni lápiz. Tampoco se dibujar.

21.15hs. Sale el primer quién es quién subjetivo y, como siempre, pierdo. No se si será por enfrentarme a la suerte del principiante o si alguien me habrá hecho alguna macumba. Lo que sí es seguro es que la culpa es de otro.
Algunas preguntas que generaron debate durante el juego:
¿Mario Barakus prefiere el día o la noche?
¿Manolito se iría de vacaciones con sus amigos a Mar Azul?
¿Serías amigo del Dalai Lama si estuviera en tu curso o lo tratarías de nerd?
¿El Pity Alvarez tiene ideología?
¿Cristina Kirchner se compra la ropa o se la compran?
¿Ned Flanders vive una mentira?
¿Sandro prefiere vivir en un PH o un departamento en Barrio Norte?
¿Juana Molina es una persona que hace preguntas o que tiene respuestas?

23.05hs Se hacen más de cuarenta panchos y la mayoría sobreviven. Las cocineras no están satisfechas.

01.15hs Dicen que tuve esta conversación con mi hermana:
-Fer estamos perdidos, no sabemos cómo llegar.
-Llamalo a Juan, yo estoy durmiendo.
-Dale, no me atiende.
-Yo estoy durmiendo! (corté el teléfono).
Descubro al otro día que mi versión sonámbula no es tan simpática como pensaba.

JUEVES 25-DIA 2
12.25hs Amanecemos todos color piel menos Jenny, que amaneció fuxia. No es la primera vez que le pasa, y algunos sospechamos que lo hace a propósito. Se desparrama al sol sin reparos, ya sea por masoquista, extremista o porque siente que el rosa es un color de piel más femenino. Los anteojos grandes que usó ayer la dejaron como una esquiadora de Aspen, Nevada. Me dieron terribles ganas de ir a esquiar. Desolación.

13.35hs Arranca el día de playa y a Ari cada tanto se le escapa el pie izquierdo. Se ve que le cuesta controlarlo, pero no se da cuenta. Es como un espasmo: el pie se le va. Cuando miro para abajo en detalle veo a la famosa uña de su dedo gordo camuflada y contenta. Esa uña siempre pareció una especie de caracol atada a la carne del dedo, pero recién ahora, viéndola en su habitat natural, entiendo su verdadero origen. Ella, chocha. Se hunde en la arena, salta a respirar, baila. Nunca vi a una uña tan feliz. Ari lo toma con moderación y, a pesar de mi sugerencia, se niega a llevarla a la orilla para ver si se reencuentra con algún antepasado o hace nuevos amigos. Creo que le tiene cierta bronca (se que en algunas ocasiones la oculta debajo de una curita, por vergüenza). Me dan ganas de adoptarla, pero ya tengo las mías completas. ¿Y si me implanto la uña en el talón? Nota: Llamar al Doctor Gómez.

14.25hs A metros de la orilla, más de siete camionetas toman sol mirando al mar con sus respectivos humanos a un costado. Pronto nos damos cuenta de que estamos rodeados. Mar Azul resulta ser el balneario preferido de las camionetas. Se corrió la voz, y todas deciden vacacionar ahí. Vienen junto con sus sobrinos, los cuatriciclos, que pasean como locos atolondrados. El año que viene, dicen, van a instalar semáforos en la arena. Negocios son negocios.

14.55hs Nos apoderamos de una carpa inmensa que se utilizaba para guardar los cuatriciclos que se alquilan. Festejamos jugando al twister con una ojota, pero algunos tenemos miedo de que los cuatriciclos vengan a reclamar su lugar de la mano de sus tíos. Como les pasa a los cuidacoches que se plantan en una calle sin preguntar si ya tiene dueño.

15.45hs Vemos dos orcas nadando a doscientos metros de la orilla. Mati las descubrió primero, y después de señalarlas el resto esperamos entrecerrando los ojos hasta que reaparecieron las aletas. Yo llegué a ver el blanco que rodea el ojo, que es la mejor parte. Nadie supo decir a qué vinieron. Juan y los muchachos sospecharon que las dejaron salir a pasear un rato por falta de turistas en Mundo Marino. La crisis continúa.

16.35hs Termina el primer campeonato de truco por esclavos. Las chicas pierden y deben cumplir: Dani trayendo el whisky con coca de la casa, Rochi con masajes y Judith soportando la rabia sin dejar de sonreír, algo que le costó horrores.

17.15hs En su afán de aprender a manejar, Iván se voluntariza a hacer todos los mandados. Literalmente, se auto-esclavizó.

20.15hs Judith se anima a decir la palabra puta en voz alta. Todavía está lejos de decir pija con la jota incluída, pero es un avance.

21hs Ya bañado y listo para esperar a Santa. Mucha ansiedad.

21.15hs Mi camisa amarilla es un éxito. Dani casi casi se enamora de mí al verme.

22.45hs Salen los primeros sándwiches de carne, pero eso no me arregla. Santa todavía no llega. Impaciencia.

23.30hs Que venga Santa la puta que lo paró! Que baje Santa la puta que lo parió…

23.35hs Baja Santa. Soy feliz.

23.40hs Santa empieza a repartir regalos. Sus piernas son bisexuales: las chicas se sientan en la izquierda; los chicos, en la derecha. Se comenta que su entrepierna es estrictamente homosexual. Ambas piernas agradecen a Dios que Sergi no haya llegado para navidad.

24.20hs Regalos repartidos y todos contentos. Entre las sorpresitas hay velas aromáticas, puchinbol, kits de baño con esponjas redondas, dinero, gel para el pelo, un disco, brownies en tapperware, automasajeadores, orgasmotrón, micro de juguete, paletas, zapatillas en representación de pelota de fútbol, una remera y un gorro.
Ari resulta el más beneficiado con tres regalos. Prometo vengarme. Más tarde recuerdo que es un inválido y cancelo por lástima.

1.35hs Surge el rumor: Santa estaba arreglado. Al parecer ponía pesitas en los regalos para distinguirlos y repartir los mejores a los que le daban sobornos. Objetivo para el año que viene: aprender a sobornar.