martes, 31 de julio de 2012

HOUSTON, TENEMOS UN PROBLEMA

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Tener un hijo, probar drogas, ir a la Creamfields.
Caminar una cuadra entera con los ojos cerrados.

Ser marido, entrar a un subte lleno, hacerme famoso.
Viajar con siete personas en un ascensor roto.

Perderme en un bosque, ser astronauta, pensar en la eternidad.
Sentir que estoy dentro de mi piel.

Son tan sólo algunas de las cosas
que me dan claustrofobia.
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miércoles, 11 de julio de 2012

MOTORMAN

Hoy casi lloro del frío matutino al tomar velocidad en mi bicimoto. Si fuera masoquista hubiera ido despacito y disfrutando. Fui rápido, gritando y en los semáforos frenaba para soplarme las manos. Un chofer de bondi me vio y se reía. Debe ser de los que te hacen la gran Castrilli a veinte metros de la parada con el semáforo en rojo. ¡No sos un robot, mirame!, y el tipo con la mirada al frente. A veces, a Maradona uno lo entiende mucho después.

Hay gente que compra lo que puede y gente que compra lo que quiere y luego sale a trabajar para pagar lo que debe. Yo soy de los que compran cuando no hay otra alternativa. Me asocio a la obra social después del accidente, compro vajilla cuando hay que lavar y, si tuviera sexo, compraría la pastilla del día después. Creo que desde que la inventaron que no tengo. Cuando no di más estacioné y me puse a caminar vueltas manzanas en busca de unos guantes. Entré en todos los negocios que tenía a mano. Un Día, un Carrefour express y una tienda de marcos. Resulta que ahí no venden.

Llegué a una tienda y me compré unos guantes Motorman. Nunca me sentí identificado con la frase te queda como un guante. Mis dedos siempre pudieron bailar libremente ahí dentro y esta no fue la excepción. Es cierto que nunca fui un hombre de guantes -tal vez nunca fui un hombre- pero será hora de acostumbrarme a serlo.

Ahora soy un Motorman. Tengan cuidado.