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jueves, 20 de mayo de 2010

CONFIESO QUE HE VIVIDO

Una mujer del barrio de belgrano sacó a pasear
a su perro blanquito de rulos tamaño diva.
Lo vi y lo vi de vuelta. Ella aplaudió.
El perrito cruzó la calle contento.
Tenía en las patas cuatro zapatillas
rojas y amarillas de cuero con elástico.
Yo lo vi.
.
Fui a la casa de un amigo.
Prendió su pc para trabajar.
En la pantalla se vio otro sistema.
Me dijo que ya existen estas nuevas
computadoras travestidas,
bisexuales, hermafroditas,
exterior pc, interior mac.
Yo la toqué.
.
Alguién bajó a las vías del tren, en plena estación,
para pegar contra la pared un afiche que dice:
Cristina
Montonera
Mentirosa
Resentida
revanchista
Atea
Grasa

Yo lo leí.
.
Y todo en una misma semana.

martes, 22 de diciembre de 2009

LATENTE

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Está nublado y pegajoso. Quiere llover y no llueve. El aire pesado, espeso, húmedo, podría aislarse y guardarse en un frasco con una etiqueta que diga malhumor, frustración o desesperación con correa. Es el peor clima posible para una persona inquieta.
¿Y entonces?
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No se sabe a quién culpar. Esta tristeza no tiene nombre. ¡Ni siquiera es domingo! Habría que salir a correr hasta derretirse, tirarse de bomba a una pileta, golpear tambores hasta que llueva, recibir la lluvia con la nuca en reversa y la boca abierta. Comprarse botas de goma amarilla y saltar en los abismos de las veredas. Esas cosas que no se hacen para no ser cliché, porque el absurdo es algo que se piensa y rara vez se ejecuta.
Mientras tanto, esto mismo: mientras tanto.
.
Cierto: las vísperas de fiestas son tan angustiantes como cualquier víspera. Cierto: la sala de espera es de las habitaciones más odiosas que conozco. Cierto: fin de diciembre es la época en que la gente feliz es más feliz y la gente triste es más triste porque ve la felicidad de la gente feliz y siente envidia, más tristeza, bronca y culpa.
Pero yo soy feliz.
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Entonces culpemos al clima. Porque si quiere llover y no llueve, es el clima el que no se decide. Y nos contagia. Las piernas se ponen nerviosas, expectantes, sin saber por qué. Algo está por pasar. Y no pasa. Pero está por pasar. Está por. Está.
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Es una noche para vivirla en la calle.
Será cuestión de buscar con quién.

domingo, 1 de febrero de 2009

CONCHUDA

Todos conocemos alguna conchuda. Generalmente es una vecina, una amiga de una amiga o, en caso de mucha mala suerte, su jefa.

A la conchuda se la reconoce fácilmente tanto por su malhumor característico como por su capacidad para hacerles la vida más difícil a los demás.
La conchuda rara vez sonríe, suele ser soltera y mal cojida. Estas condiciones no son excluyentes, pues existen casos de mujeres que, siendo casadas y mal cojidas, son tremendas conchudas. Ejemplo de esto es nuestra presidente Cristina Fernandez de Kirchner, Símbolo Nacional del Conchudismo.

Estudios estadísticos indican que el conchudismo funciona como una regla de tres simple: si la soltería permanece como una constante, a mayor cantidad de años habrá un mayor nivel de conchudez.

Pasando la barrera de los cuarenta años, se corren altos riesgos de volverse una conchuda irreversible. Esto ocurre porque la conchuda toma conciencia de que la gente ya la reconoce como conchuda, lo que le genera un mayor resentimiento hacia las personas felices y le da vía libre para continuar su conchudaje sin culpa.
Algo similar ocurre cuando a un niño se lo castiga injustamente por darle patadas a un gato. Ser reconocido como patea-gatos genera en el niño la necesidad de serlo. Esto se conoce científicamente como el Síndrome Ya Que Estamos.

Conchudas hay en todo el mundo. En italiano las conocen como Stronzas, en inglés como Cunts (o Bitches), en portugués como Conchudinhas y en alemán como Conchüdens.

Según la sabiduría del Google, la Conchuda es una localidad del Municipio de San Agustín Loxicha dentro del Estado de Oxaca, México. Tiene una población de aproximadamente 384 conchudas y está a 1320 metros de altitud.
Mucho no se sabe de La Conchuda –probablemente porque es una localidad con poco atractivo turístico-, pero es posible que esté situada en la montaña por una sabia decisión de los mexicanos de apartar a las conchudas del resto de a sociedad.

El conchudismo es una característica únicamente femenina. Hay tipos que son mala gente, pero conchudas son sólo las mujeres.
Por otra parte, no hay nada como una mujer despechada. Son entes repletos de ira, bronca y sed de venganza. Conviene alejarse de ellas.
La combinación de ambas características resultan en uno de los seres más peligrosos del planeta tierra: la Conchuda Despechada.

La Conchuda Despechada era el título original de un recordado film de uno de los directores más conocidos a nivel mundial. Se trata de un cineasta que disfruta analizando las verdades que se esconden detrás de las metáforas artísticas.
En una de sus obras escribió que la canción de Madonna Like a Virgen trata de una terrible puta que, luego de infinitas aventuras, se topa con un miembro de tamaño descomunal que hace que el sexo vuelva a ser para ella una experiencia dolorosa, como la primera vez.
De ahí la expresión Like a Virgin.

El director se llama Quentin Tarantino y la película que iba a ser La Conchuda Despechada terminó llamándose Kill Bill por consejo de los financistas.
Kill Bill sigue la historia de una conchuda importante que, luego de ser traicionada, sale al mundo a matar a quien se le cruce por su camino con su conchudismo fulminante. Su temible poder la lleva a destruir a 88 chinitos, a su ex (cumpliendo el sueño de toda conchuda) y, en dos batallas épicas, a las dos Grandes Conchudas del mundo: una capaz de cortarle la cabeza a quien la contradiga, la otra capaz de asesinar a su maestro.
Así es que ella se convierte en la conchuda más conchuda de la historia de la humanidad.

martes, 11 de noviembre de 2008

EN SUS ZAPATOS

Faltaban dos cuadras para llegar a Cabildo. La vi caminando a paso doble y aceleré para seguirle el rastro. Bamboleaba la cola como si lo viniera practicado desde chiquita, y ese tatuaje -justo donde terminaba la espalda- la ubicaba en una de las máximas más sexuales del hombre cualquiera. Un chica de 18 años capaz de condenarle la vida a un pobre hombre con poco control sobre sus instintos. Diez años atrás, sería una rollinga.

La acompañé esas dos cuadras haciendole marca personal y, sin darme cuenta, descubrí que a esa distancia podía ver el trayecto desde sus ojos. Es un ejercicio interesante caminar detrás de una mujer hermosa para sentir las miradas de los verduleros.

Cada hombre que pasábamos la miraba mordiéndose los labios; y yo, pegado a su andar, sentía las miradas como si fuera ella. Eran miradas fijas, obvias, explícitas y sostenidas en el tiempo sin ningún tipo de tapujos. Miradas que detienen acciones, para no perder concentración; miradas más pesadas que el peor piropo de una obra en construcción.

En ese silencio, decían todo. Por primera vez entendí lo que se siente que te digan te parto al medio sin decirlo. Y me pregunté si mis ojos sutiles del subte se verían de la misma manera. Y si esa sutileza no era sinónimo de cobardía.

viernes, 8 de agosto de 2008

MI BIBLIOTECA

Es una biblioteca violeta. Tiene la altura de un pequeño jugador de básquet, el ancho de un enano estándar en posición horizontal y la profundidad de una biblioteca. Está hecha de madera, y es violeta porque yo la pinté de violeta. No se qué pensará ella de su color, pero mi casa la prefiere de violeta porque yo la prefiero de violeta y en mi casa se hace lo que yo digo.

La biblioteca tiene cinco pisos más la parte de arriba, que es donde guardo discos viejos y papeles de trámites. Ahí también se junta el polvo, porque sabe que no llego a limpiar tan alto y puede dormir tranquilo.

En el primer piso viven los dvds. Antes vivían los vhs. ¿De qué sirve una colección si no resiste el paso del tiempo? No sé, pero un coleccionista tiene que coleccionar. Además, las nuevas cajitas son más flacas, más altas, más lindas y más coloridas, ya que están impresas con las tapas de sus respectivas películas.
Mi biblioteca, que está en mi casa y es obediente, elije como sus preferidas a Tiempos Violentos, Magnolia, Delicatessen, Donnie Darko, Los excéntricos Tenembaun, El ladrón de orquídeas y Apocalipsis Now.
Mi biblioteca tiene buen gusto.

El piso del medio es el de los libros más nuevos, que todavía mantienen sus lomos intactos. Están clasificados primero por editorial, luego por tamaño, luego por colores y por último como se me da la gana, porque algo de anarquía siempre es saludable.
Delante de los libros hay chucherías, como inciensos, encendedores y una bocina vieja de bicicleta que cada vez que suena desespera a mi perro boxer. También es el piso de los muñecos: Homero, Kenny, Jack, Manolito, Libertad, Miguelito y el abuelo Simpson.

El anteúltimo piso mezcla libros en estado crítico con diccionarios despellejados, álbumes de fotos y objetos nómades como fichas de poker, el orgasmotrón y demás artículos de carácter privado.
Algunas ediciones destacables del piso: los macanudos de Liniers, El eternauta, una guía del masaje sensual con fotos explicativas (regalo de una ex novia para mi hermano mayor), y libros escritos por mi abuela en la época de sus delirios místicos. La página 48 del volumen El orden del amor contiene el capítulo de título excitarse que comienza diciendo es lo más común. Luego, continúa.

El último piso es el de las revistas. Por más que las saco y vuelvo a ponerlas una por una, sigue siendo un piso dominado por el caos. Las revistas no saben nada del orden.

Parte imprescindible de una casa, escondite de gustos culturales y secretos íntimos, las bibliotecas dicen mucho de la vida de una persona. Pero la mía no, porque lo tiene prohibido, así que cualquier cosa que quieran saber me lo preguntan a mí, ¿está claro?