En el taxi, ayer:
.
-¿Te hago una pregunta? No lo tomes a mal.
-Decime.
-¿Esto de adelantar el asiento del acompañante es por estrategia?
-Es para que los pasajeros estén más cómodos.
-Yo tengo la idea de que lo implementaron desde que viajar en taxi se hizo un gusto caro. Lo hacen para que el apoya-cabeza tape el taxímetro, así no nos hacemos mala sangre.
-Nada que ver. La gente que viaje en taxi sabe cuánto le sale el viaje antes de entrar.
.
No le discutí. Tampoco le dije la verdad: que en realidad siento que lo hacen para que no veamos que la ficha del taxímetro cae más rápido. Algo que nunca podré saber porque no tengo idea de cada cuánto debe caer la ficha ni voluntad para averiguarlo.
Me acordé del chiste de Woody:
-Sos tan linda que apenas si puedo ver el taxímetro -decía, cabeza de jovencita al hombro, viajando en taxi en Manhattan.
.
Creo que soy paranoico. El tipo tenía razón: la gente que viaje en taxi sabe cuánto sale el viaje. Si los engañan, se dan cuenta. Los únicos que no se dan cuenta son los turistas. Ellos deberían ser más paranoicos. Su acento los delata.
.
-¿Hace cuánto tenés bigote?
Se rió. Una vez empezada la charla, me daba cosa abandonarla así.
-Desde los 18 años.
Creo que no tengo una sola decisión que haya tomado a los 18 años que se sostuviera hasta hoy. Y el tipo tenía 25 años más que yo. Todo esto no se lo dije.
-Me imaginé. Los hombres de bigote no lo usan por capricho. Son decisiones de vida. ¿Por qué será?
-Yo tengo el labio de arriba finito.
-¿Nunca te lo afeitaste?
-Una vez, cuando nació mi nena. Después, cuando nació el pibe. Y una tercera vez cuando nació el bebé. Son promesas. Una semana sin el bigote aguanté.
-¿Y cómo te quedó?
-Como una concha pelada, para qué te voy a mentir.
.
Nada que agregar. Pagué y bajé.
A veces está bien hablar con los taxistas.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 pruebas de vida:
Publicar un comentario en la entrada